¿Es legal quedarme con el dinero o las joyas sin dueño que me encuentre?

La figura del “Tesoro” en el derecho civil es una de las que más me llamó la atención en su momento. Puede que fuera porque su regulación es muy coherente, o porque es el típico tema en el que te puedes lucir con tus amigos como “el que estudia derecho”, ya que es muy fácil de recordar. Hagamos una aproximación a esta figura.


¿Qué es un tesoro en el Ordenamiento Jurídico español?

Lo lógico cuando pensamos en un tesoro es imaginar el típico cofre pirata hundido en las profundidades, lo admito. Y como he indicado más arriba, la regulación de esta figura goza de mucha coherencia, por lo que esta imagen de la caja rebosante de monedas no se aleja tanto de la realidad.

Según el Código Civil: 

“Artículo 352CC-. Se entiende por tesoro, para los efectos de la ley, el depósito oculto e ignorado de dinero, alhajas u otros objetos preciosos, cuya legítima pertenencia no conste.”

Tras leer estas palabras, hay tres conceptos importantes que determinan que un objeto sea considerado tesoro: “depósito oculto ignorado (…), cuya legítima pertenencia no conste.

¿Cuál es la diferencia entre Hallazgo y Tesoro oculto?

A parte de estas tres características, el artículo 352 hace alusión directa a qué cosas son las susceptibles de ser consideradas tesoro. Estamos hablando de depósitos de dinero, alhajas u otros objetos preciosos.

Entonces, ¿qué ocurriría si una persona se encontrase un objeto oculto, ignorado y cuyo dueño fuera desconocido, pero no fuera ni dinero, ni alhajas ni objetos preciosos? En este caso estaríamos ante el denominado “hallazgo”, también regulado en el Código Civil.

“Artículo 615CC-. El que encontrare una cosa mueble, que no sea tesoro, debe restituirla a su anterior poseedor. Si éste no fuere conocido, deberá consignarla inmediatamente en poder del Alcalde del pueblo donde se hubieses verificado el hallazgo (…).”

“Artículo 615CC, 4º párrafo-. Pasados dos años, a contar desde el día de la segunda publicación, sin haberse presentado el dueño, se adjudicará la cosa encontrada o su valor al que la hubiese hallado”.

Por ello, el hallazgo y el tesoro se diferencian principalmente en que serán hallazgos los objetos que no puedan ser considerados tesoros ocultos. Esto es, que no sean depósitos ocultos de dinero, alhajas u otros objetos preciosos”.

¿Si me encuentro un tesoro oculto, me convierto en su dueño?

Es lo lógico, ¿no? Si me voy tranquilamente por el bosque y encuentro un colgante de rubíes enterrado, sin ninguna información sobre su anterior propietario, lo normal es pensar en quedármelo. De hecho, si preguntara a la gente si conocen quién es su dueño, seguro que surgirían docenas de “dueños”.

Pero claro, ¿y si me encuentro el mismo tesoro oculto en propiedad ajena? Es el artículo 351 del Código Civil quien nos resuelve esta duda.

“Artículo 351CC-. El tesoro oculto pertenece al dueño del terreno en que se hallare.  

Sin embargo, cuando fuere hecho el descubrimiento en propiedad ajena, o del Estado, y por casualidad, la mitad se aplicará al descubridor.”

Esto es incluso más coherente, o al menos así lo entiendo yo. Volviendo al caso del colgante de rubíes, si tenemos en cuenta que ese bosque es propiedad estatal, sólo se me consideraría dueño del 50% del mismo, siendo el Estado (como propietario del terreno donde se ha hallado), copropietario junto a mí.

Lo mismo si encuentro una caja llena monedas antiguas, ocultas e ignoradas, y cuyo dueño fuera desconocido, en el campo de un amigo del trabajo. La lógica aquí indica que este tesoro debería pertenecer a nuestro compañero, ya que es el dueño del suelo donde se hallaban, pero como el descubridor del mismo he sido yo, se aplicaría la regla anterior: seríamos copropietarios al 50%.

El régimen especial de los objetos interesantes para las Ciencias o las Artes.

Por último, hay que hacer alusión al último párrafo del artículo 351CC.

“Artículo 351CC, 3er párrafo-. Si los efectos descubiertos fueren interesantes para las Ciencias o las Artes, podrá el Estado adquirirlos por su justo precio, que se distribuirá en conformidad a lo declarado”.

Este tipo de objetos, como vemos, suponen una excepción, y es que el Estado podría adquirirlos de la persona que los hubiera hallado, sin que ésta pudiera oponerse. El ejemplo sería si me encuentro un cuadro desconocido de Van Gogh. Por su especial interés para las Artes, el Estado lo adquiriría por su justo precio, haciéndose propietario del mismo.

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