El ahorro e inversión desde la óptica del Derecho Tributario (I): introducción a los tributos implicados

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Publicado por Javier García de Tiedra González.

En aquellos colectivos de profesionales que prestan sus servicios mayoritariamente por cuenta propia, como pudiera ser el caso de los abogados, la conveniencia del ahorro privado y la inversión del mismo cara a la jubilación, que se da en toda la ciudadanía, deviene para estos casi en una necesidad. Y en este sentido, existen diferentes opciones para vehiculizar esta inversión, con sus ventajas e inconvenientes como veremos, y para las que harán acto de presencia diferentes tributos, que en este artículo vamos a introducir.

Diferenciación entre la figura general del tributo, y la especial del impuesto y la tasa

Si bien fuera del ámbito profesional relacionado con el Derecho Tributario, como pudiera ser el de los asesores fiscales o abogados fiscalistas, se tiende a utilizar sin la debida diferenciación el vocablo `tributo´ y el de `impuesto´ lo cierto es que aunque como veremos los impuestos son una tipología de tributo, no todos los tributos son impuestos, son figuras diferentes. Y en este sentido, nunca viene mal repasar los conceptos tributarios fundamentales para hablar con propiedad y no liarnos.

Definición legal de tributo

Así, la figura del tributo engloba los impuestos, las tasas, y una figura menos utilizada y sobre la que aquí no vamos a entrar como es la de las contribuciones especiales.  Su definición legal la encontramos en el art. 2.1 de la Ley General Tributaria –en adelante, LGT-, que entiende que son tributos “los ingresos públicos que consisten en prestaciones pecuniarias exigidas por una Administración pública como consecuencia de la realización del supuesto de hecho al que la Ley vincula el deber de contribuir, con el fin primordial de obtener los ingresos necesarios para el sostenimiento de los gastos públicos”. 

Definición legal de impuesto

Siendo los impuestos encuadrables en la figura general del tributo, debemos conocer su definición para no confundirlos con las tasas. Así, el art. 2.2.c) de la LGT define los impuestos como “los tributos exigidos sin contraprestación [sin obtener directamente nada a cambio], cuyo hecho imponible [o acción o comportamiento que da lugar a estar sujeto al mismo] está constituido por negocios, actos o hechos que ponen de manifiesto la capacidad económica del contribuyente” (lo indicado entre corchetes son indicaciones mías).

Son ejemplos de impuestos el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas -en adelante IRPF- o el Impuesto sobre el Patrimonio -en adelante IP-.

Definición legal de tasa

Para determinadas inversiones, muy habituales en todo el mundo pero más aún en España, como son los bienes inmuebles, nos encontraremos en ocasiones con la obligación de hacer frente al pago de una serie de tasas. En cuanto a su definición legal, son tasas según el art. 2.2.a) de la LGT: “Los tributos cuyo hecho imponible consiste en la utilización privativa o el aprovechamiento especial del dominio público, la prestación de servicios o la realización de actividades en régimen de derecho público que se refieran, afecten o beneficien de modo particular al obligado tributario, cuando los servicios o actividades no sean de solicitud o recepción voluntaria para los obligados tributarios o no se presten o realicen por el sector privado”. 

Un ejemplo muy gráfico de tasa es la que sufragan los comercios de hostelería cuando colocan mesas en la vía pública. Hacen uso de un espacio que es público, la calle, en su beneficio, y por ello hacen frente al pago de la tasa, en compensación a los propietarios del espacio público (los habitantes de la localidad, en este caso).

El Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas o IRPF

En relación al ahorro y la inversión, el IRPF va a resultar sin duda alguna el impuesto de mayor importancia, con permiso del Impuesto sobre el Patrimonio, que como veremos para aquellos contribuyentes de cierto nivel patrimonial y residentes fiscales en determinadas regiones de España sí que podrá ser muy gravoso.

Hecho imponible del IRPF: ¿cuándo lo pagaremos?

Constituye el hecho imponible del IRPF, conforme a lo establecido en la Ley del IRPF –en adelante LIRPF-, y más concretamente su art. 6, la obtención de renta. Y aquí es de rigor mencionar que cada impuesto va a ser regulado por ley, teniendo normalmente su Ley propia y además su reglamento de desarrollo (p. ej., Ley y Reglamento del IRPF).

En relación al ahorro y la inversión, el contribuyente tendrá que hacer frente al pago del IRPF en primer lugar cuando transmita con plusvalías o ganancias los bienes que previamente adquirió: sea directamente, adquiriendo por ejemplo un bien inmueble o unas participaciones de un fondo de inversión, o bien indirectamente, de haberlos adquirido por vía de una donación u herencia. Estaríamos ante lo que se denomina una ganancia patrimonial (recogida como componente del hecho imponible del IRPF en el art. 6.2.d) LIRPF. 

En segundo lugar, será responsable del pago de IRPF el contribuyente cuando perciba rendimientos fruto del bien en el que ha invertido sus ahorros. Así, como veremos de forma más extendida, se estará produciendo el presupuesto del hecho imponible del IRPF cuando este perciba dividendos de sus acciones o participaciones en empresas o fondos de inversión [rendimientos del capital, mobiliario en este caso, art. 6.2.b) LIRPF], cuando obtenga rentas procedentes del alquiler de un bien inmueble [rendimientos del capital, inmobiliario aquí, art. 6.2.b) LIRPF], de recibir intereses procedentes de un préstamo o depósito bancario a plazo fijo [rendimientos del capital, mobiliario, art. 6.2.b) LIRPF] o al rescatar en forma de rentas un plan de pensiones [rendimientos del trabajo, art. 6.2.a) LIRPF]. Y más supuestos que veremos cuando corresponda.

El Impuesto sobre el Patrimonio o IP

Como ya hemos comentado, si bien todo contribuyente persona física va a ser sujeto pasivo del IP, y va a estar sujeto al mismo, al existir un mínimo exento no todos van a tener la obligación de hacer frente a una cuota por el mismo, o no todos los años (ya que el patrimonio puede variar a lo largo del tiempo). De esta forma, y aunque es un impuesto cedido a las Comunidades Autónomas, que tendrán ciertas competencias en cuanto a su regulación, por norma general estarán obligados a su pago aquellos contribuyentes titulares de patrimonio cuantiosos (en la Comunidad Autónoma de Andalucía, p. ej., aquellos contribuyentes con patrimonios netos superiores a 700.000€).

En este sentido, y como avance, debemos de decir que a efectos de superar o no estas cuantías es irrelevante que los activos que se poseen sean generadores o no de rentas en la práctica, sólo que sean susceptibles de generarlas. De esta forma, si bien la vivienda habitual está exenta hasta cierta cuantía (300.000€, en Andalucía), si somos propietarios de un apartamento en la playa, o de una plaza de garaje cerca de donde trabajamos para evitar aparcar en la calle, estos activos deberán ser tenidos en cuenta.

Hecho imponible del IP

Constituye el hecho imponible del IP conforme al art. 3 de la Ley del Impuesto sobre el Patrimonio, la titularidad por parte del contribuyente de patrimonio neto (como sabemos, en el argot económico, la mención a una cuantía neta hace referencia al resultante de restar las partidas negativas a las positivas, o en el caso del patrimonio neto, de restar las cargas y deudas a los activos). Así, no será lo mismo ser titular de un apartamento en la playa totalmente pagado, que de ese mismo apartamento recién adquirido y con el préstamo con garantía hipotecaria pendiente de devolver a la entidad de crédito.

El Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales Onerosas y Actos Jurídicos Documentados o ITPAJD

El ITPAJD es un impuesto curioso, ya que engloba como veremos tres diferentes modalidades que bien podrían ser haber sido configurados como tributos independientes.

De sus tres modalidades, Transmisiones Patrimoniales Onerosas (TPO), Actos Jurídicos Documentados (AJD) y Operaciones Societarias (OS), aquí sólo nos van a interesar los dos primeros, y sobre todo el primero, TPO.

Transmisiones Patrimoniales Onerosas o TPO

La modalidad TPO grava el cambio en la titularidad de un derecho, cuando se produzca con carácter oneroso, es decir, excluyendo las lucrativas (que serán terreno del ISyD), siendo su fundamento la capacidad económica puesta de manifiesto con objeto de la adquisición (esto último es importante, la adquisición y no la transmisión). Lo veremos en el artículo de la serie sobre la fiscalidad de la inversión en bienes inmuebles, pero básicamente lo tenderá a pagar el adquirente persona física de un bien inmueble -compraventa-, o de un derecho sobre un bien inmueble, como pudiera ser un usufructo.

Actos Jurídico Documentados o AJD y Operaciones Societarias u OS

Por mencionar brevemente las modalidades de AJD y OS, la primera grava la documentalización de ciertos actos (como el de un préstamo con garantía hipotecaria), y el segundo tendrá por hecho imponible una serie de operaciones que fundamentalmente tendrán como denominador común la puesta en común de dinero, bienes o industria para adquirir un ente ajeno (como la constitución de una sociedad).

Sobre este impuesto hay que matizar que su complejidad y amplitud es muy superior a la aquí planteada, valiendo únicamente a título ejemplificativo e introductorio.

El Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones o ISyD

Poco podemos decir sobre el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, archiconocido por la ciudadanía, que esta ya no conozca. En cualquier caso, y por mucho que parezca que con las recientes reformas (como la propia de la Comunidad Autónoma andaluza) a día de hoy sólo lo paguen “los ricos”, lo cierto es que no va a ser necesariamente así (p. ej., si hereda un amigo no vinculado por vínculos familiares, valga la redundancia).

Básicamente el ISyD tiene dos modalidades, la propia de Sucesiones y la de Donaciones. Aquí nos interesará, en relación al ahorro e inversión privada, la primera, Sucesiones, que grava la adquisición por causa de muerte o mortis causa. Por supuesto, este tributo habrá de ser tenido en cuenta no tanto porque el ahorrador e inversor lo vaya a pagar, sino con el objetivo de lograr una planificación con la que se optimice su pago por parte de los herederos de su patrimonio. También entraríamos aquí en temas más personales, ya que habrá quien prefiera gastarse su patrimonio en vida, por entender que cada persona debe labrarse su patrimonio, toda vez que a sus hijos ya le ha brindado una educación por ejemplo (en cuyo caso se ahorrarán el quebradero de cabeza de planificar este impuesto, salvo que quieran llevarlo a cabo preventivamente, por si acaeciese un fallecimiento prematuro), pero además existe el otro supuesto, quizás en mi opinión más extendido, que será el de aquellos que sí deseen legar buena parte de su patrimonio a sus herederos.

En la modalidad de Sucesiones de este impuesto será muy importante la valoración de los bienes que forman el patrimonio del futuro causante, y en ocasiones, el hecho de lograr que algunos de esos bienes se consideren excluidos de ser incluidos en la cuantificación de la base imponible del Impuesto (o en palabras más sencillas, y que además habría que matizar en la práctica, de la cuantía a la que posteriormente aplicaremos el tipo impositivo).

El Impuesto sobre Bienes Inmuebles o IBI

Como su nombre indica, el IBI va a ser un impuesto relacionado con la inversión en bienes inmuebles. De exacción obligatoria por todos los Ayuntamientos, constituye la principal fuente fiscal de ingresos de los mismos.

Su hecho imponible, o comportamiento o circunstancias que dan lugar a la obligación del pago del mismo, va a venir constituido por la propiedad de bienes inmuebles, o bien la titularidad de un derecho real de usufructo, superficie o concesión administrativa. En el ámbito de la inversión, lo pagaremos normalmente por ser titulares de bienes inmuebles.

Existirán una serie de exenciones a efectos de IBI, por las cuales el sujeto pasivo estará sujeto al Impuesto (se producirá su hecho imponible), pero no estará obligado al pago del mismo. En cualquier caso, y como veremos más adelante, se tratará de casos que poca relación guardan con la inversión de un particular en inmuebles.

El Impuesto sobre Incremento de Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana o IIVTNU

El IIVTNU es un impuesto bien antiguo, cuya primera implementación en España data de 1924. Comparte con el IBI el hecho de ser un impuesto municipal, aunque se diferencia del mismo en que su exacción por parte de los Ayuntamientos es voluntaria (mientras que en el caso del IBI, existe la obligación de su existencia y cobro).

Respecto a su hecho imponible, el art. 104.1 del Texto Refundido de la Ley de Régimen de Haciendas Locales (TRLRHL) es bastante claro, y nos dice lo que sigue:

“El Impuesto sobre el Incremento de Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana es un tributo directo que grava el incremento de valor que experimenten dichos terrenos y se pongan de manifiesto a consecuencia de la transmisión de la propiedad de los mismos por cualquier título o de la constitución o transmisión de cualquier derecho real de goce, limitativo del dominio, sobre los referidos terrenos”.

Básicamente y en cuanto a lo que las inversiones en inmuebles atañen, lo pagaremos cuando transmitamos con plusvalías o ganancias bienes inmuebles (tiene en cuenta realmente el valor del suelo, y no de la construcción). En la práctica, vendrá a ser un plus a pagar, ya que si existen plusvalías por lo general pagaremos también IRPF (salvo que estemos ante una transmisión exenta, que existen y de hecho se pueden planificar).

Ei Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras o ICIO

Otro impuesto de interés a tener en cuenta si invertimos en bienes inmuebles es el ICIO. Se regula en el TRLRHL que ya mencionamos para el caso del IIVTNU.

Respecto al hecho imponible del ICIO, el art. 100 TRLRHL lo define como sigue: “la realización, dentro del término municipal, de cualquier construcción, instalación u obra para la que se exija obtención de la correspondiente licencia de obras o urbanística, se haya obtenido o no dicha licencia, o para la que se exija la presentación de declaración responsable o comunicación previa, siempre que la expedición de la licencia o la actividad de control corresponda al Ayuntamiento de la imposición”.

Si nos decidimos por adquirir un inmueble como inversión, una vivienda p. ej., tendremos que tener en cuenta que requerirá con el paso de los años de una serie de reformas, que pueden estar gravadas por este impuesto si caen en la definición del hecho imponible que antes hemos visto.

Las tasas 

El abanico de posibles tasas es bastante amplio, y tenderemos a pagarlas cuando decidamos invertir en bienes inmuebles.

Algunos ejemplos podrían ser la tasa por recogida de basuras o la tasa de alcantarillado y depuración. Estas estarán previstas en algunos Ayuntamientos y en otros no.

El Impuesto sobre Sociedades o IS

El IS como sabemos grava la obtención de renta neta, el resultante de restar los gastos y pérdidas a los ingresos y beneficios obtenidos, durante un determinado período impositivo, por aquellas entidades que la Ley del impuesto (su art. 7) señale como contribuyentes. 

Aunque también se podrá articular la inversión en acciones de empresas cotizadas o las participaciones en fondos de inversión a través de una sociedad mercantil, el interés de la utilización de una persona jurídica irá más de la mano de la inversión en bienes inmuebles, con vistas a su arrendamiento (para patrimonios grandes, sí que hay supuestos en los que la utilización de holdings para invertir en diferentes activos es interesante, como es el caso del holding cotizado “Corporación Financiera Alba”, también con vistas a aislar la responsabilidad de diferentes tipos de negocios propiedad de una misma persona o grupo familiar). Respecto a la inversión en inmuebles, como veremos, para el arrendamiento de viviendas, existirán regímenes muy bonificados que para ciertos contribuyentes pueden resultar muy interesantes.

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