¿De verdad sabes qué es la legítima defensa?

Scroll down to content

A raíz de cierta sentencia en la que se condena a dos años de prisión por homicidio imprudente a un hombre “por defender a una mujer a la que le habían robado el bolso”, se han incendiado las redes, llenándose cada resquicio de internet de multitud de personas clamando por la legítima defensa, excusando al condenado porque el muerto era un ladrón y, cómo no, poniendo en tela de juicio la profesionalidad del juez.

Edito. El juez ha considerado la suspensión de la pena de prisión de Borja y he escrito un post explicando dicha figura: POST SOBRE SUSPENSIÓN.

¿Qué es la legítima defensa? ¿Cuáles son los requisitos de la legítima defensa? ¿Por qué en el caso de Fuengirola no hay legítima defensa?

¿Qué es la legítima defensa?

Esta figura del Derecho Penal es una causa de exención de la responsabilidad criminal, lo que implica que, al cometerse unos hechos a priori delictivos, la existencia de una causa de exención implicaría que estos fueran conformes a Derecho.

De algún modo, están previstas para justificar actos que en principio revestirían todas las características del delito pero que, por las circunstancias excepcionales en las que se han cometido, no procede imponer sanción alguna a su autor.

La legítima defensa está regulada en el artículo 20.4 del Código Penal, que reza así:

Están exentos de responsabilidad criminal:

(…)

4.º El que obre en defensa de la persona o derechos propios o ajenos, siempre que concurran los requisitos siguientes:

Primero. Agresión ilegítima. En caso de defensa de los bienes se reputará agresión ilegítima el ataque a los mismos que constituya delito y los ponga en grave peligro de deterioro o pérdida inminentes. En caso de defensa de la morada o sus dependencias, se reputará agresión ilegítima la entrada indebida en aquélla o éstas.

Segundo. Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.

Tercero. Falta de provocación suficiente por parte del defensor.

De este modo, si una persona comete un delito, pero consigue demostrar que lo hizo mediando la legítima defensa (siendo obligatoria la concurrencia de todos los requisitos establecidos en el Código Penal), el Tribunal no le impondría sanción alguna, por concurrir una causa de exención de la responsabilidad criminal.

¿Cuáles son los requisitos de la legítima defensa?

Aunque el artículo 20.4CP no deja dudas, resulta clara la Sentencia del Tribunal Supremo 287/2009, de 17 de marzo, que los reitera del siguiente modo:

(…) La legítima defensa es una conducta conforme a Derecho y, por tanto, constituye una causa de justificación que deberá ser reconocida por el Tribunal para exculpar al que se defiende, siempre –claro es– que concurran en su conducta los requisitos legalmente previstos en el art. 20.4.º del Código Penal, es decir: a) agresión ilegítima; b) necesidad racional del medio empleado para la defensa; y, c) falta de provocación suficiente por parte del que se defiende.

Como vemos, para poder apreciar la legítima defensa, deben concurrir todos los requisitos que establece el Código Penal, no siendo suficiente la concurrencia de uno o dos de ellos para obtener la eximente.

a) Agresión Ilegítima

Hay que entender la agresión ilegítima como el ataque constitutivo de delito a un bien jurídico concreto. De este modo, el primer requisito para poder excusar la legítima defensa sería la existencia de un ataque previo, inmediato e inequívoco, por el que la integridad de algún bien jurídico de quien se defiende (o de un tercero), corra peligro.

Ejemplo: El Señor A alza la mano con un cuchillo, avanzando de forma violenta hacia el Señor B.

Aunque no se ha producido aún, la inminencia de esta agresión hace necesario que el Señor B trate de defenderse, puesto que su bien jurídico “integridad física” o incluso “vida”, corren efectivo peligro.

B) Necesidad racional del medio empleado para la defensa

Una vez comprobado que existe una agresión ilegítima, hemos de analizar el modo en el que se ejerce la defensa para repelerla.

Este requisito es el que entraña mayor complejidad, puesto que no solo hay que analizarlo de manera objetiva, sino también subjetiva.

B1) OBJETIVIDAD.

En primer lugar, hay que examinar las circunstancias materiales.

Ejemplo: El Señor A ataca con un cuchillo, y el Señor B se defiende con un cuchillo.

En este supuesto, la igualdad material es plena, por lo que la defensa se ha ejercido de manera racional y proporcional. La entidad del ataque encuentra una defensa adecuada, igualitaria, y con el único objetivo de repelerlo. Pero no siempre es así.

Ejemplo: El Señor A ataca con un cuchillo, y el Señor B se defiende con una escopeta.

Queda bastante claro que la proporcionalidad queda fuera de este supuesto, si solo lo analizamos desde el punto de vista objetivo/material. Un cuchillo puede provocar un resultado lesivo, pero la escopeta lo provocará con mucha mayor seguridad, siendo el medio de defensa más gravoso que el medio de ataque, por lo que la propia defensa pierde virtualidad.

B2) SUBJETIVIDAD

Cuando entramos a valorar desde el punto de vista subjetivo, hay muchos más matices, puesto que ya no solo tenemos que comparar los medios mediante los que se ejercen el ataque y la posterior defensa, sino que hay que tener en cuenta una serie de circunstancias de mayor complejidad.

La situación personal de cada contendiente, si alguno se encuentra drogado, si alguno sabe artes marciales, las características del entorno, el miedo, el tamaño de cada persona… por citar algunas.

Ejemplo: El Señor A mide 2 metros y viene en actitud violenta a golpear con los puños al Señor B, que mide 1.60 metros y consigue repeler el ataque golpeando con un palo al Señor A.

Probablemente, ante la situación de miedo provocada por la diferencia de tamaño y fuerza, el medio empleado por el Señor B sería considerado como proporcional, aunque materialmente no lo sea.

Ejemplo: El Señor A ataca con un cuchillo al Señor B, que sabe artes marciales. El Señor B responde con una llave tan violenta que hace perder el conocimiento al Señor A.

¿Sería proporcional esa llave tan violenta, si sabemos que el Señor B podría haber empleado una mucho menos gravosa, que habría derivado también en una defensa efectiva?

Ejemplo: El Señor A amenaza con una sierra al Señor B, a una distancia de 10 metros. Este, en lugar de huir, aprovecha sus conocimientos de defensa personal y da una patada al Señor A en la cabeza, muriendo en el acto.

Aunque una sierra sea objetivamente más gravosa que una patada, las circunstancias personales del Señor B (conocimiento de defensa personal), y las circunstancias situacionales (el agresor se encontraba a 10 metros, por lo que el ataque no era inminente, cabiendo la posibilidad de huída), probablemente conducirían a que no se aplicase la legítima defensa en este caso.

Podemos observar, que la legítima defensa no es una circunstancia fácil de valorar. Si vamos añadiendo detalles (que es lo que ocurre en la vida real), la apreciación de la misma se hace harto difícil.

C) Falta de provocación suficiente por parte del que se defiende

Por último, basta con analizar el último requisito, que goza de una lógica inapelable: La persona que defiende el bien jurídico propio o ajeno, no puede haber provocado la agresión que ahora defiende.

Entiendo que es lógica esta premisa, puesto que si admitiésemos que quien defiende puede provocar previamente al agresor para que proceda al ataque, la consecución de los acontecimientos comenzaría con una incitación del que posteriormente se defendería.

De este modo, la agresión debe gestarse en el interior del agresor, no siendo esta provocada ni inducida por la potencial víctima, que después procederá a la defensa.

¿Por qué en el caso de Fuengirola no hay legítima defensa?

Teniendo en cuenta que la Sentencia de Fuengirola ha suscitado una enorme cantidad de dudas, al considerar el juez la existencia de un delito de homicidio imprudente, y obviando la legítima defensa, me gustaría matizar, a modo de lista, la serie de detalles por los que entiendo que se ha tomado esta decisión.

Nos referiremos a ellos como “el ladrón” (que es la persona que robó el bolso a una señora, y que después perdió la vida en el encontronazo), y “B” (haciendo alusión a la primera letra de su nombre, para referirnos a quien golpeó al ladrón, con la mala fortuna de darle muerte).

Sin intención de hacer un análisis de la sentencia completa, hay ciertos puntos de los hechos probados que implican que no se cumplan todos los requisitos de la legítima defensa, que son los siguientes:

  • El ladrón robó el bolso de la señora, y trató de huir del lugar.
  • B persiguió al ladrón y, tras alcanzarlo, forcejeó con él para recuperar el bolso.
  • Se da por probado que B golpeó dos veces con el puño al ladrón, que cayó al suelo y se golpeó en la cabeza, encontrando la muerte en el acto.
  • B sabía artes marciales, por lo que sus golpes tenían una entidad superior a los que les podría haber dado el ladrón (que no le golpeó).
  • El ladrón consumía drogas.

Con estos cuatro detalles, podemos concluir que:

  • Los hechos que motivan los golpes (robo del bolso) ocurrieron previamente, por lo que el ataque al bien jurídico no era inminente, sino que ya se había producido, así que perseguirlo y, posteriormente, golpearlo (aunque no tuviera intención de provocar la muerte), se parece más a una represalia o venganza, que a una “defensa”.
  • Viendo las circunstancias personales del ladrón (consumidor de drogas) y de B (conocedor de artes marciales), el medio empleado para la defensa no era racional.
  • Con los golpes, B no estaba evitando o defendiéndose de ningún ataque (a sí mismo o a la dueña del bolso, que ni siquiera se encontraba allí), sino que estaba tratando de recuperar un objeto sustraído.
  • Así las cosas, B no estaba “defendiendo a la dueña del bolso”, sino que estaba tratando de recuperar el objeto, y empleó un medio más gravoso del debido.

Con todas las circunstancias analizadas en la sentencia, y haciendo expresa mención las previamente mencionadas, entiendo que considerar los hechos como un homicidio imprudente es más que acertado.

No debemos olvidar que, aunque la víctima era un ladrón, ha perdido la vida. Y ese es el bien jurídico superior de nuestro ordenamiento penal. Eso, reitero, no debemos olvidarlo.

5 Replies to “¿De verdad sabes qué es la legítima defensa?”

  1. No hombre no.
    No es Legítima Defensa ni tampoco homicidio imprudente.
    Es un caso obvio de ACCIDENTE no premeditado (“sinquerer” que diríamos en Andalucía) porque en ningún momento este señor. trataba de acabar con la vida del ladrón, sino de forcejear para recuperar el objeto sustraído. Si al tirar del bolso, el ladrón cae hacia atrás e impacta contra la cristalera de una joyería destruyendo un jarrón chino del siglo IX valorado en 3 mlllones de euros, ¿también tiene que abonarlo el hombre que recupera el bolso?
    Algunas veces el conocimiento del Derecho deja atrofiado el sentido común a los abogados y jueces.

    Me gusta

    1. Estimado Paco, gracias por su comentario.

      En este caso, no es Legítima Defenda, pero sí homicidio imprudente.

      Como bien dices, este señor, en ningún momento trataba de acabar con la vida del ladrón, sino que solo trataba de forcejear para recuperar cierto objeto previamente sustraído. Con estos hechos, y con la lectura del post, queda bien claro que no se cumplen los requisitos para la Legítima Defensa.

      Con respecto al Homicidio Imprudente, no puedo estar de acuerdo con usted. La falta de dolo o intención a la hora de provocar un resultado (en este caso, la desafortunada muerte del ladrón), no excluye de la pena. No es un accidente no premeditado. Lo que no es premeditada es la muerte, pero los actos que llevan hasta este resultado sí que son (y mucho), premeditados.

      Perseguir a una persona, forcejear con ella y, sabiendo que tus golpes pueden ser letales (sabe artes marciales), asestar dos puñetazos, amén de dejar a la víctima en el suelo, no es un accidente no premeditado. Reitero, el accidente es que esto causara la muerte.

      En cambio, se cumplen todos los requisitos de la imprudencia, que son: una conducta humana no dolosa (los golpes), que esa conducta pudiera saber las consecuencias de la misma (sabía de su peligro), que dicha conducta lesione un bien jurídico ajeno (lesiona a la víctima) y que exista una relación de causalidad entre la acción voluntaria y el resultado dañoso (los golpes tienen como consecuencia directa la muerte del ladrón.

      Creo, por tanto, que no es un accidente ni un caso fortuito, y sí, claramente, un homicidio imprudente.

      Gracias por el comentario, estamos abiertos a este tipo de debates.

      Eduardo.

      Me gusta

  2. Muchas gracias Eduardo. Ojalá el Derecho siga evolucionando hasta conciliar el sentido común con las normas teórico-jurídicas que desarrollas con maestría.
    Yo practico Karate y Jiu Jutsu y jamás se me ocurrirá asestar un golpe mortal a un ladrón de un bolso, o a un maltratador de una señora, aunque sé que un golpe aturdidor podría remotamente tener un final fatal accidental. Lo contrario sería la inacción, y de ahí parte del debate público que los legisladores deben incorporar al Derecho.
    Gracias de nuevo

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: