¿Tienes la tentación de cotillear el móvil de tu pareja? Lee esto primero

Publicado por Joaquín del Pozo García.

Seguramente, alguna vez has tenido la tentación de husmear el teléfono móvil de alguien, ya sea de tu pareja o de un compañero de trabajo. Si sigues leyendo este post, sabrás a las consecuencias legales a las que te expones.

LA INTIMIDAD EN EL ORDENAMIENTO JURÍDICO

A ninguno se nos escapa el importante papel que la intimidad desempeña en nuestra vida (en este post se trató este tema). Tampoco se nos escapa la existencia de un aparato jurídico diseñado para salvaguardar nuestro ámbito personal como, por ejemplo, la inviolabilidad del domicilio, regulada en el artículo 18.2 de la CE. Pero nuestro domicilio es solo una de las diversas esferas que configuran nuestra intimidad.

Es cierto que la antigüedad histórica de la figura de la inviolabilidad del domicilio ha conseguido que esta sea respetada en gran medida, en comparación con otras figuras que también pretenden del mismo modo salvaguardar nuestra intimidad. Una de estas figuras, y sobre la que trata este post, es la inviolabilidad de las comunicaciones. 

Es el artículo 18 de la CE, en su apartado tercero, quien se encarga de establecer los cimientos de esta protección:

“Se garantiza el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y TELÉFONICAS, salvo resolución judicial.”

 En el momento de la redacción de este precepto no se presentaban mayores problemas, ya que las comunicaciones eran mayormente en papel, y la acción de abrir sin permiso este tipo de comunicaciones demostraba, por sí misma, que habían sido abiertas y, por tanto, violentadas. 

LA PRIVACIDAD DE LOS TELÉFONOS MÓVILES

La revolución relativa al campo tecnológico en cuanto a la manera de comunicarnos, es decir, la aparición del teléfono móvil, y con ello de las redes sociales, ha supuesto un reto para los Juzgados y Tribunales a la hora de resolver ciertas controversias.

Hoy día la mayoría de las personas almacenamos gran cantidad de datos en nuestros teléfonos móviles, desde contraseñas bancarias hasta conversaciones privadas con terceras personas. Estas conversaciones muchas veces son información muy preciada para otras personas, por ejemplo, en relaciones amorosas o en el campo laboral.

Supongo que es de sentido común que el hecho de fisgar o espiar los teléfonos de nuestras parejas es, en primer lugar, algo indecente, pues una relación debe basarse en la confianza y respeto mutuo. En segundo lugar, además, puede tener como resultado consecuencias legales negativas para quien lleva a cabo estas conductas, en ciertos casos. Aun así, hay quienes, guiados por los celos, llevan a cabo este tipo de tropelías.

¿PUEDE CONSIDERARSE DELITO?

Adentrándonos en el plano jurídico-penal de estos actos, hay que subrayar que el Código Penal en su artículo 197 se encarga de regular estos hechos

“El que, para descubrir los secretos o vulnerar la intimidad de otro, sin su consentimiento, se apodere de sus papeles, cartas, mensajes de correo electrónico o cualesquiera otros documentos o efectos personales, intercepte sus telecomunicaciones o utilice artificios técnicos de escucha, transmisión, grabación o reproducción del sonido o de la imagen, o de cualquier otra señal de comunicación, será castigado con las penas de prisión de uno a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses.”

Lo que viene a decir la redacción anterior es que, quien, sin la autorización real e inequívoca del propietario de la información, realiza esta acción, lleva a cabo un quebrantamiento en la esfera íntima de otra persona, de modo que, sea como sea, está cometiendo un delito.

Además, en el caso de que el acto injusto sea cometido por el cónyuge o persona que esté o haya estado unida a él por análoga relación de afectividad, aun sin convivencia, se impondrá la pena superior en grado. Es decir la ley es aún más dura si espías a tu pareja.

Desde luego, cuando hablamos de espiar el móvil de tú pareja, no debe caber duda alguna de que es extensible a cualquier otra persona, sea o no tú pareja. Además, no solo es relativo a la información de WhatsApp, aunque esta aplicación sea la que todos tengamos en mente, sino que se amplía a cualquier otra App, incluso a la galería fotográfica del terminal o las aplicaciones diseñadas para controlar otro dispositivo de forma remota.

Y SÍ, HAY CONDENA DE PRISIÓN

Aunque no esté teniendo mucha repercusión en los medios cada vez son más los hombres y mujeres condenados por espiar el teléfono de sus parejas, compañeros de trabajo o cualquier otro. Las condenas se encuentran entorno a los dos años o dos años y medio de prisión, dependiendo claro está de las variantes de cada caso en particular.

La Audiencia Provincial de Jaén, por ejemplo, ha terminado dictando una pena de un año de prisión, estimando así parcialmente el recurso de un joven que fue condenado en Primera Instancia a dos años y medio de prisión, por instalar una aplicación espía en el teléfono de su pareja, teniendo acceso de esta manera a fotografías, correos, conversaciones y todo tipo de información contenida en el terminal. Los magistrados de la Audiencia Provincial han terminado rebajando la condena al estimar la atenuante de confesión.

El Juzgado de lo Penal núm. cuatro de Girona también acabó condenando a dos años y medio de prisión a un hombre que recopiló pruebas de una relación extramatrimonial para aportarlas en un pleito civil de divorcio entre ambos.

Lo que debe quedar claro es que sí que existen las condenas por espiar y/o rastrear a terceras personas a través de sus teléfonos, y que se sitúan en torno a los dos años y medio de prisión cuando concurre el agravante por ser cónyuges o mantener una relación de afectividad con o sin convivencia con la víctima.

Además, estas condenas acarrean normalmente cantidades económicas, bien sean por daños o perjuicios causados a la persona cuya intimidad ha sido violada, o cantidades relativas a la sustitución de los días privativos de libertad por días multa, en caso de cumplir los requisitos establecidos legalmente y que el Juez no considere  necesaria la entrada en prisión.

Con respecto a la suspensión de la ejecución de la pena para evitar la entrada en prisión, hemos de tener en cuenta que, ya que las condenan se sitúan alrededor de los dos años, esta puede darse en estos casos, pero hay que cumplir otros requisitos, que hemos tratado en este post.

EN DEFINITIVA,

No es necesario chantajear o publicar la información, menoscabando psicológicamente a la persona, para causar daño sobre esta. El bien jurídico protegido en este caso es la intimidad personal que todos tenemos y que, en caso de ser violentada sin nuestro consentimiento, pone en funcionamiento un aparato de medidas penales dispuestas a lograr la efectividad del derecho a la intimidad frente a los riesgos de una sociedad tecnológicamente avanzada.  

Así que, la próxima vez que sientas la tentación de espiar a alguien, ya sabes a lo que te expones.

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