¿Por qué tenemos un bloqueo político en España?

Vivimos una situación insólita en nuestro país. Desde la ruptura del bipartidismo, con la irrupción de nuevas fuerzas políticas como Podemos o Ciudadanos, los gobiernos de mayorías estables parecen cosa del pasado. Hoy explicaremos las causas de la paralización institucional que padecemos y algunas de las posibles soluciones.

¿Cómo es el sistema político español?

Nuestro sistema es, cuanto menos, peculiar. Siendo nominativamente un sistema parlamentario puro, en la práctica ha ido mutando hacia un sistema presidencialista, sin serlo. Esta idea incluso ha calado en la sociedad española. Es común considerar que, con la papeleta de las elecciones generales, se está eligiendo directamente al candidato del partido propuesto, cuando en realidad, lo que se está designando es al representante provincial en el Congreso de los Diputados.

La Jefatura del Estado recae sobre el Rey. Así lo establece el artículo 56.1 de la Constitución Española. El presidente del gobierno español no es más que un primer ministro, designado por el parlamento previa propuesta del Rey, de acuerdo con el protocolo que marca el artículo 99 de la Carta Magna.

Sin embargo, por razones más políticas que jurídicas, el candidato de cada partido a la presidencia se postula como inamovible cuando, de acuerdo con la Constitución, la participación como elegible del cabeza de lista de Madrid (pues todos los candidatos de partidos mayoritarios concurren en tales circunscripciones) no es necesaria. Es más, lo deja muy claro el artículo 99.1. de la Constitución, cuando dice que:

Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los Grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.

Dicha persona, dicho sea de paso, no tiene que tener siquiera la condición de parlamentario. Únicamente tiene que ser designado por el Rey tras la rueda de consultas.

¿Cuál es el motivo del bloqueo?

No estamos disertando sobre política, así que buscaremos el motivo en la ley. Es el propio artículo 99.3 de la Constitución Española quien nos da la respuesta, al decir textualmente, cuando se refiere al candidato propuesto por el monarca, que:

Si el Congreso de los Diputados, por el voto de la mayoría absoluta de sus miembros, otorgare su confianza a dicho candidato, el Rey le nombrará Presidente. De no alcanzarse dicha mayoría, se someterá la misma propuesta a nueva votación cuarenta y ocho horas después de la anterior, y la confianza se entenderá otorgada si obtuviere la mayoría simple.

De este modo, al no existir mayoría de ninguno de los partidos, pueden darse situaciones como la actual. Ninguno de los minoritarios apoya al candidato, y el mayoritario no tiene capacidad para formar gobierno.

¿Posibles soluciones al bloqueo?

Considerando la situación, hemos de recurrir a una serie de mecanismos que se han ido implantando en los países de nuestro entorno. Recurriremos para ello a tres figuras.

La prima de gobernabilidad

En primer lugar, analizaremos la prima de gobernabilidad. Esta ha sido aplicada tradicionalmente en países como Italia o Grecia, aunque ambos países la han removido del sistema. Consiste, fundamentalmente, en bonificar (primar) al partido más votado en las elecciones con una cantidad significativa de diputados. Todo ello con objeto de reforzar las mayorías necesarias para formar gobierno.

Se le achaca a este mecanismo que no respeta, de forma estricta, la proporcionalidad. Sin embargo, ha sido ensayado como un método sencillo y rápido para asegurar mayorías estables en países con políticas volubles.

La cláusula de barrera

Este mecanismo ya funciona en nuestro país. Se trata de un porcentaje mínimo de votos que necesita una lista electoral para conseguir escaños en el parlamento de la nación. Según el artículo 163.1.a) de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General, actualmente está fijada en el 3 por ciento de los votos.

Sin embargo, en otros países de nuestro entorno, podemos encontrar mucha variabilidad al respecto. Por ejemplo, en Alemania está fijada en un 5 por ciento de los votos, mientras que en Países Bajos, está fijada en un 0,67 por ciento de los sufragios.

Aumentar o disminuir el porcentaje influye en la gobernabilidad. De este modo, tenemos la posibilidad de fraccionar el parlamento o de recomponerlo en torno a los partidos mayoritarios, porque los escaños que no ocupan los partidos que no acceden al Congreso, serán redistribuidos entre los que tengan mayor representación.

El sistema de sufragio directo

El sistema de elección directa es aquel por el que los electores eligen, sin intermediarios, al cargo público que se pretende designar. Actualmente, en España, para la elección del presidente de gobierno, funciona un sistema de sufragio indirecto que es visto por los electores (y tratado por los candidatos) como un sistema de sufragio directo.

Tradicionalmente, se considera al sufragio directo como un sistema de elección más “democrático” que el sufragio indirecto. Sobre la base del mismo se articulan fórmulas, como el de segunda vuelta electoral, a fin de reforzar las mayorías requeridas para la designación del cargo público.

Conclusión

Podría ser interesante para nuestro país estudiar estas y otras soluciones, que el derecho comparado nos ofrece. Las dos primeras nombradas, requieren de una modificación de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General, para su creación o modificación (según el caso). Todo ello, de acuerdo con el procedimiento reglado en el Capítulo II del Título III de la Constitución Española. Con la mayoría exigida por el artículo 81.2 de la Constitución, que es la absoluta.

Implantar una solución como el sufragio directo para la elección del Presidente del Gobierno, puede ser más complejo. En este caso, se requiere recurrir a la reforma constitucional. Para ello, habrá que recurrirse al procedimiento dictado por el artículo 167 de la Constitución Española. El cual es el siguiente:

1. Los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras. Si no hubiera acuerdo entre ambas, se intentará obtenerlo mediante la creación de una Comisión de composición paritaria de Diputados y Senadores, que presentará un texto que será votado por el Congreso y el Senado.

2. De no lograrse la aprobación mediante el procedimiento del apartado anterior, y siempre que el texto hubiere obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado, el Congreso, por mayoría de dos tercios, podrá aprobar la reforma.

3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación cuando así lo soliciten, dentro de los quince días siguientes a su aprobación, una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras.

Aun así existen muchas opciones para evitar estas situaciones. No descarten incluso seguir con la solución que, tácitamente, nos hemos impuesto. Encadenar elecciones generales.

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