Síndrome de Burnout o trabajador quemado. Conoce los cambios que se aproximan en derecho laboral

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Recientemente, la OMS ha decidido incluir el síndrome del trabajador quemado o burnout en la clasificación  internacional de enfermedades que entrará en vigor en 2022. Esto permite dar visibilidad a la realidad que viven multitud de trabajadores en condiciones laborales precarias, mostrando un desgaste físico y emocional que termina pasando factura a su salud. Una llamada de atención que implicará cambios en la gestión de bajas e incapacidades que hasta ahora se ha venido realizando.

¿Qué es el síndrome de Burnout?

El síndrome de burnout es una patología derivada de la interacción de la persona con unas condiciones psicosociales nocivas de trabajo.  Aparece frecuentemente cuando no se realiza una adecuada evaluación y prevención de riesgos, o no se protege al trabajador frente a las consecuencias de esto.

SÍNTOMAS DEL SÍNDROME DE BURNOUT

Muchas personas identifican estar quemado en el trabajo con estar harto, sentirse agobiado, tener un mal día laboral ,etc., sin embargo, es algo mucho más complejo y distinto al estrés.

Se trata de un proceso gradual, sin síntomas obvios al principio y que suele derivar en consecuencias severas para la persona. La comunidad científica coincide en señalar una tridimensionalidad sintomática en esta patología:

  • Agotamiento físico y mental generalizado: fatiga, aumento de peso o pérdida del mismo. Aparición de trastornos adaptativos como la ansiedad o la depresión.
  • Despersonalización: cambio en el comportamiento del trabajador con una actitud de indiferencia y desapego. La irritabilidad y la frialdad en el trato con los clientes y otros trabajadores se convierte en su forma habitual de comunicarse.
  • Ausencia de realización personal: baja productividad laboral y una desmotivación que genera frustración. Hay una falta de atención, dificultad evidente para concentrarse y olvidos frecuentes. Todo lo anterior, forma un círculo vicioso que se retroalimenta de forma constante.

¿Cuáles son las causas del síndrome de burnout?

Existe la creencia generalizada de que cualquier carga psíquica o riesgo psicosocial del trabajo es el resultado de una vulnerabilidad individual del propio individuo que además, se percibe socialmente como  “débil”. Por ello, es importante resaltar que el origen de este síndrome se encuentra en el entorno laboral y en las condiciones de trabajo, y no en la persona.

Si bien es cierto que, dependiendo de algunas variables de personalidad, sociodemográficas individuales o del entorno personal, pueden verse evoluciones diferentes en el desarrollo de esta patología.

Las altas exigencias en el trabajo junto con una alta tensión en el aspecto emocional y cognitivo, generan las condiciones idóneas para que las fuentes de estrés actúen y produzcan en el individuo un serie de síntomas. Estas condiciones previas, susceptibles de provocar daño, existen en muchos sectores de actividad y colectivos de trabajadores con una gran sobrecarga laboral. El sector sanitario sería uno de los más afectados, ya que los trabajadores, además de tener altas demandas de trabajo, mantienen un contacto directo con la enfermedad, el dolor y la muerte. 

Por lo tanto, las características personales de ninguna forma pueden ser la causa del riesgo, sino que, en todo caso, son factores que deben de tenerse en cuenta a la hora de adaptar el trabajo a la persona. De no corregir o proteger al sujeto de la exposición a las condiciones de trabajo de riesgo, estas pueden terminar en el síndrome del trabajador quemado.

FASES DEL SÍNDROME DEL TRABAJADOR QUEMADO

Conocer las distintas fases del síndrome, ayudará a reconocerlo y solucionarlo lo antes posible. Teniendo en cuenta los distintos estudios existentes, se suelen distinguir cinco fases en su desarrollo:

  • Fase inicial, de entusiasmo: se experimenta ante el nuevo puesto de trabajo con gran energía y con expectativas positivas. En esta fase, el trabajador está dispuesto a alargar la jornada laboral.
  • Fase de estancamiento: no se cumplen las expectativas profesionales iniciales. Comienza a valorarse las contraprestaciones del trabajo, evidenciando que existe una relación desequilibrada entre el esfuerzo y la recompensa. Del mismo modo, el trabajador empieza a  sentirse incapaz de dar una respuesta eficaz, ya que existe una sobrecarga de demandas y una falta de recursos.
  • Fase de frustración: el trabajador siente desilusión o desmoralización, cualquier cosa le irrita y le provoca conflictos en el grupo de trabajo. La salud comienza a mermar y aparecen problemas emocionales, fisiológicos y conductuales.
  • Fase de apatía: se dan cambios conductuales y actitudinales como mecanismo de defensa en el trabajador (trata a los clientes de forma mecánica y distanciada, se da una anteposición de la satisfacción de las propias necesidades, afronta las tareas estresantes de manera defensiva-evitativa…).
  • Fase de quemado: en esta última fase, se da un colapso emocional y cognitivo con importantes consecuencias para la salud del individuo. Esto, puede obligar al trabajador a dejar el empleo y llevarle a una vida profesional de insatisfacción.

Jurisprudencia española sobre el Síndrome de Burnout

El Real Decreto 1299/2006, de 10 de noviembre, aprobó el cuadro de enfermedades profesionales en el sistema de la seguridad social. Las enfermedades no recogidas en este decreto (entre ellas el síndrome del trabajador quemado), aunque sean profesionales, por existir una relación causal entre la exposición laboral y la enfermedad, no podrían tener tal consideración.

Más tarde, el artículo 156.2 del Real Decreto Legislativo 8/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General de la Seguridad Social (LGSS), considera accidentes de trabajo a aquellas enfermedades no recogidas en el anterior decreto y que puedan demostrar una relación causa-efecto con la realización de su trabajo. 

Hasta ahora, en España han sido escasas las sentencias que han acabado reconociendo el síndrome de burnout como accidente de trabajo impropio. Esto se debe a que, en ocasiones, es difícil demostrar esa etiología por motivos laborales y a esto se añade, la resistencia que aún existe por parte de ciertos sectores ha considerarla como una enfermedad. 

En el año 2003, el Juzgado de lo Social número 1 de Alicante reconoció a un médico del servicio de cuidados intensivos del hospital de Alicante que el síndrome de burnout le impedía trabajar.

Esta sentencia sería pionera a la hora de considerar una situación de incapacidad permanente absoluta derivada de una tensión mantenida en el ambiente laboral.

Más tarde, en el 2005, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña advertía que este tipo de dolencias se alejaban del concepto de accidente habitual con carácter inesperado y que, contrariamente, el síndrome del trabajador quemado se gesta de una forma lenta y acumulativa con una causalidad directa con el ambiente laboral.

Más recientemente, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía en la Sentencia nº. 1683/2017, reconoce el síndrome como accidente de trabajo.

A partir de la misma, se estima que la incapacidad temporal y la situación de incapacidad permanente total se muestra compatible con la contingencia profesional del accidente de trabajo.

Se refleja así,  que nuestros tribunales ya se encuentran encaminados a la consideración de enfermedad que ha quedado ahora marcada por la OMS y de la que ya advertía la Comisión Europea desde el año 2001.

¿Cómo afectará este cambio en las pensiones?

El reconocimiento de esta afección como enfermedad profesional beneficiaría al afectado porque desde el primer día de baja ya cobraría el 75% de la base de cotización, mientras que si está de baja por enfermedad común no cobra durante tres días y entre el día cuatro y el décimo quinto solo percibe el 60% de la base reguladora.

No hay que olvidar que, para recibir este tipo de prestaciones, tiene que quedar demostrada la relación causa- efecto con el trabajo.

Medidas de Prevención ante el Síndrome de Burnout

Existen una serie de protocolos de prevención que se han intentado implantar en las organizaciones durante estos últimos años de forma poco exitosa (sólo el 7% de ellas ha tomado medidas). Esto se debe a que, en la mayoría de los casos, las empresas culpan a los trabajadores de sus problemas psicológicos y se muestran reacias a la hora de admitir carencias y problemas organizacionales internos.

Por ello, la inclusión de este síndrome como enfermedad profesional permitirá ejercer cierta presión en estos sectores a la hora de concienciar e incorporar políticas de salud. Las organizaciones tendrán que implementar estos planes de prevención a partir del 1 de enero de 2022, lo que supondrá reducir el potencial infradiagnóstico que existe en la actualidad.

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