¿Cómo se llevan a cabo las pruebas de alcoholemia?

La legislación sobre tráfico es sumamente meticulosa en lo que a las pruebas de alcoholemia se refiere. No solo establece minuciosamente los motivos por los que se puede someter a los conductores a las pruebas de alcoholemia, o las tasas máximas permitidas y sus sanciones; también detalla las características y homologaciones de los instrumentos para realizarlas, las obligaciones del personal sanitario en el caso de las pruebas de contraste, o la dinámica de las pruebas y las diligencias de los agentes de la autoridad. 

Así el artículo 23 del Reglamento General de Circulación y siguientes, determinan cuáles son esas diligencias de los agentes de la autoridad y cuáles son los derechos que tiene cualquier ciudadano que va a ser sometido a las pruebas de alcoholemia.

¿En qué consiste la prueba de alcoholemia?

Una vez que el conductor del vehículo, bicicleta o peatón en su caso, es conminado a someterse a las pruebas de alcoholemia, como norma general se someterá a una primera prueba orientativa mediante un etilómetro de muestreo. Se trata de un etilómetro portátil que no extrae ticket y cuya medición carece de valor probatorio.

El funcionario que esté realizando la prueba facilitará al sometido una boquilla precintada y desechable, que introducirá en el etilómetro para realizar la prueba. En el caso de que la medición arroje una cantidad positiva (según el caso será una u otra cantidad), la persona sometida deberá realizar las pruebas en un etilómetro evidencial.

Este etilómetro evidencial, homologado y calibrado anualmente por el Centro de Metrología, extraerá los tickets de las pruebas que sí que tendrán valor probatorio

Se realizará una primera prueba por aire espirado y si el resultado fuera positivo, se realizará una segunda a efectos de contraste transcurridos al menos 10 minutos desde la anterior, que podrán ser controlados por la persona sometida o por cualquier acompañante. No obstante, en los propios tickets etilométricos queda constancia de las tasas, así como de la fecha, hora, funcionario que somete a las pruebas y lugar.

Si el resultado de la segunda prueba fuera negativo, debe entenderse que el conductor conducía dentro de los límites establecidos. Muy rara vez se da este supuesto, pero puede darse cuando el control se realiza a los pocos minutos de que el sometido haya ingerido alguna bebida alcohólica de alta graduación (por ejemplo un chupito de licor). El alcohol residual que se puede quedar en la boca es suficiente para que el etilómetro marque positivo, y ese es precisamente el motivo por el que la ley obliga a realizar una segunda prueba de contraste a los diez minutos o más de haber realizado la primera.

Cabe destacar que esta segunda prueba es obligatoria, no es facultativa para el sometido (STS 1073/2017 de 28/03/2017).

Si el resultado de la segunda prueba fuera positivo, en función de la tasa arrojada, el funcionario policial extenderá una denuncia administrativa o bien iniciará diligencias por un supuesto delito contra la seguridad vial. En todo caso el denunciado tiene derecho a formular cuantas alegaciones u observaciones tenga por conveniente, que serán consignadas por el funcionario policial mediante diligencia. 

El sometido tiene derecho a contrastar mediante análisis de sangre u orina los resultados obtenidos en el etilómetro, siendo trasladado en su caso, por el policía, hasta el centro médico más cercano al lugar de los hechos. Cabe destacar que el importe de los análisis debe ser previamente depositado por el interesado, y en caso de que sea positiva la prueba se atenderá con este importe el pago de la misma. Los resultados de esta prueba son definitivos y si fueran negativos, se le devolverá el dinero que desembolsó al conductor.

En el supuesto de que el resultado de las pruebas fuera positivo, de que el conductor se negase a someterse a las pruebas, o bien se observaran síntomas de conducir bajo la influencia de alguna sustancia, el agente procederá a la inmovilización del vehículo, bien mediante su precinto si las circunstancias de la vía lo hacen posible, o bien mediante traslado del mismo hasta el depósito de vehículos.

Podrá salvarse la inmovilización del vehículo, y con ella los gastos que se ocasionen por la misma, si se puede hacer cargo del vehículo otro conductor debidamente habilitado para conducir ese tipo de vehículos, así como la carga o número de personas que transporte.

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