¿Qué derechos tengo cuando alquilo una vivienda?

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En numerosas ocasiones, nos encontramos con problemas en materia de alquiler de viviendas, porque los inquilinos no conocen realmente cuáles son sus derechos en esta materia. Luego, aparecen problemas cuando los propietarios solicitan o incluyen en el contrato ciertas cláusulas que no sabemos si debemos o no cumplir.

¿Qué es un arrendamiento, un arrendador y un arrendatario?

En primer lugar, vamos a ver rápidamente los términos legales para estas figuras. El arrendador es la persona que alquila una vivienda a cambio de una cantidad de dinero, y el arrendatario, también conocido como inquilino, es la persona que paga dinero a cambio de una vivienda, en este caso.

Por su parte, se considera arrendamiento de vivienda al que recae sobre una edificación habitable cuyo destino sea vivir de forma permanente en ella. Del mismo modo, se aplicará lo dispuesto en la ley a los trasteros, garajes, mobiliario y dependencias anexas a la vivienda principal.

Aspectos problemáticos en materia de arrendamiento de viviendas

Una vez vistos los conceptos más básicos, vamos a hablar de los aspectos donde suelen suscitarse más dudas.

  • Fianza. Cuando entramos a vivir a una vivienda alquilada, el arrendador tiene derecho a solicitarnos una fianza en metálico, consistente en una mensualidad de la renta, pero también podrá solicitar otras garantías adicionales a la fianza en metálico, la cual no podrá ser superior a lo que correspondería por dos mensualidades.
  • Subida del IPC. Puede ocurrir que el arrendador, en algún momento de la relación contractual, haga referencia al inquilino a que tiene que pagar la mensualidad de la renta más el incremento del IPC (Índice de Precios al Consumo). A este respecto, el incremento del IPC sólo puede aplicarse si así ha sido pactado por las partes en el contrato, en su defecto, no tenemos que pagarlo dicha subida.

  • Actualización de la renta. En caso de que se haya estipulado en el contrato, la actualización de la renta sólo puede producirse en la fecha en la que se cumpla cada año de vigencia de contrato.
  • Conservación del inmueble. Algo muy corriente que se estipula en los contratos de arrendamiento, es que el arrendatario (inquilino) es quien debe hacerse cargo del mantenimiento del inmueble. Bien es cierto que las pequeñas reparaciones por desgaste de uso ordinario, sí deben satisfacerse por parte del inquilino. Cosa diferente se da cuando, en ocasiones, el arrendador pretende que acciones como pintar las paredes,  la retirada de materia de fosas sépticas, la poda de árboles, etc… sean por cuenta del arrendatario. Estos gastos no los tiene que soportar el arrendatario, aunque así haya sido pactado por las partes. El artículo 21 de la Ley de Arrendamientos Urbanos obliga al arrendador a realizar todos los actos necesarios para conservar la vivienda en el mismo estado que se ha convenido, sin que por ello pueda elevar la RENTA.
  • Duración del contrato. En ocasiones, se hacen contratos con duración de 1 o 2 años, y una vez cumplido este tiempo, se produce la finalización del mismo. Pues bien, ha de saberse que la duración mínima actual de un contrato de arrendamiento entre particulares es de 5 años, lo que implica que si se realiza un contrato con una duración inferior a esta, el arrendatario es quien ostenta la potestad para prorrogar el contrato hasta el momento legal, esto es, los 3 años mencionados.

¿Qué ocurre si hay una cláusula perjudicial en el contrato de arrendamiento?

Para finalizar con este pequeño resumen sobre los casos más comunes en materia de arrendamiento de viviendas, es necesario recalcar que el arrendador, en numerosas ocasiones, acudirá a lo que está establecido en el contrato de alquiler. En ese caso, si hay cláusulas que, como arrendatario, me perjudican, ¿qué ocurre?

Respecto a ello, el propio artículo 6 de la Ley de Arrendamientos Urbanos establece lo siguiente:

Son nulas, y se tendrán por no puestas, las estipulaciones que modifiquen en perjuicio del arrendatario o subarrendatario las normas del presente Título, salvo los casos en que la propia norma expresamente lo autorice.”  

Puede ocurrir que los arrendadores dispongan en los contratos de alquiler de cláusulas que en, separados de la legalidad, perjudiquen a los arrendatarios, y este caso, como dice el artículo anterior, han de entenderse como por no puestas.

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