Abogacía en ciudades pequeñas. Experiencia de un joven abogado

Publicado por Eloy Sánchez Palacio.

Somos muchos, me atrevería decir la mayoría, los jóvenes abogados que por innumerables circunstancias empezamos desarrollando la abogacía fuera de las grandes ciudades, en pueblos pequeños o localidades que tienen una población discreta.

El desarrollo de la profesión en estas poblaciones tiene, como todo, puntos a favor y en contra. No se trata de establecer una competición entre si es mejor trabajar en una ciudad grande o en un pueblo pequeñito, entre otras cosas, porque no siempre vamos a tener la oportunidad de elegir dónde empezar. Únicamente trataré de dar un punto de vista sobre algunas características que, en mi opinión, son fundamentales para los nuevos abogados.  

 TODOS NOS ACABAMOS CONOCIENDO

Para empezar, tengo clarísima la importancia de conocer el lugar donde vas a desarrollar tu actividad. Yo comencé en un pueblo de 3.000 habitantes. El despacho, lógicamente, estaba en un sitio más o menos céntrico, y creedme cuando os digo que a un número importante de los pocos clientes que tenía, les costaba entrar por la puerta.

Había cierto recelo a que les viesen pasar al despacho de un abogado, ¡Algo habrán hecho!”, pensarían. No te desesperes, todo lleva su tiempo.

Como podréis comprender, esto no ocurre en Sevilla o Madrid. Lo que quiero transmitir, es que en las localidades pequeñas todo está interconectado y, cuando hablo de que todos nos acabamos conociendo, es casi literal. Los que vivís en un pueblo o una ciudad pequeña, sabéis perfectamente a lo que me refiero, y esto es un punto a favor que tenemos que explotar para que comenzar a desarrollar nuestro trabajo sea un poco más fácil.

Realizar con éxito el encargo de tu cliente puede tener una incidencia bastante más alta que en una gran ciudad, por el simple hecho del boca a boca. Ya no es que tu trabajo bien realizado se comente entre vecinos, amigos o familiares de tu cliente, sino que te pueden llegar vecinos, amigos o familiares del cliente contrario que se han enterado del resultado del pleito y quieren contratar tus servicios. 

Compañeros

En nuestra profesión, como en absolutamente todas las demás, hay compañeros buenos y malos, de los que te puedes fiar y de los que no, y también hay clientes mejores y peores. Esto, en ciudades grandes no tiene tanta incidencia, por la lógica de la gran población,  pero aquí es todo lo contrario. 

Es bastante común coincidir en sala con un compañero del que ya conocerás su manera de trabajar. Algunos serán propensos a llegar a acuerdos, otros serán agresivos en los interrogatorios, los habrá que sean estupendos letrados y otros que sean conocidos por su falta de deontología.

Cada uno tiene su forma de trabajo y debes tenerla en cuenta a la hora de preparar la vista, porque todo, absolutamente todo, influye. 

Clientes

Del mismo modo ocurre con los clientes; “No te fíes de Fulanito, que es peligroso” o “Échale una mano a Menganito, que es buena gente pero ha tenido mala suerte”,  son comentarios que vas a escuchar en el día a día. Dales importancia, tu trabajo va a ser exactamente igual con uno que con otro, pero es importante conocer a tu cliente.

Funcionariado

Otra cuestión tremendamente importante que debemos tener en cuenta es que en un partido judicial de municipios o localidades pequeños, los juzgados también lo son, y por extensión el funcionariado que trabaja allí.

Por ejemplo, en Madrid capital hay 103 Juzgados de Primera Instancia, mientras que en la ciudad de Burgos tenemos 4. 

Debemos ser conscientes de este hecho. Cuando interpongo una demanda, la probabilidad de que me juzgue el mismo juez es muy diferente en un caso o en otro. Mientras que en Burgos, Ciudad Real, o Vigo voy a coincidir con el mismo juez de forma sistemática, en Madrid o Barcelona es posible que haya juzgados que no visite nunca.

Como profesionales, debemos tratar de conocer y controlar todo lo que pueda rodear al pleito al que nos enfrentamos, y eso incluye también al juzgado y al juez. Está claro que si únicamente hay dos Juzgados mixtos de Primera instancia e Instrucción en mi partido judicial, puedo plantear mejor mi procedimiento, puesto que tendré conocimiento de la jurisprudencia que este juzgado utilice. Sin embargo, cuando existen 103 Juzgados de Primera instancia, esto se nos hace imposible. 

Por el contrario, y por motivos más que evidentes, cuesta mucho más plantear una queja a un juez que te va a juzgar de manera habitual.

LA PUBLICIDAD ES EL BOCA A BOCA

Ya nuestra compañera Arianna, en su post sobre cómo dar los primeros pasos en el mundo jurídico, nos relataba la importancia del boca a boca, pues bien, multiplicadlo por 10 en una ciudad pequeña o un pueblo. 

En estos lugares, la publicidad no se hace en cuñas de radio o anuncios en prensa local, se hace en la calle. Bajar a tomar un café a la plaza, ir a comprar a los pequeños comercios o ir a comer a un restaurante no son pérdidas de tiempo, sino inversiones.

Muchos clientes van a surgir en esos momentos. No olvidemos que, aunque para nosotros sea habitual recibir gente, para la mayoría de los clientes acudir a un abogado no es algo común en su día a día. Estos actos van a normalizar tu relación profesional con los demás, y en un ambiente más relajado, van a surgir dudas y preguntas.

Tu despacho no se va a limitar a tu oficina, sino que es probable que tu “primera reunión” con el cliente sea con un café, donde te comenten por encima que tiene un problema y que “a ver qué se puede hacer”.

En ese momento ya se ha roto el hielo, ahí es cuando le das tu tarjeta y le dices que se pase a verte. 

Problemas de tener el despacho en casa

Muchos compañeros comienzan teniendo su despacho en casa. Si los gastos implícitos al desarrollo de la abogacía ya nos dificultan los inicios, tener que añadir los gastos del local (alquiler, luz, telefonía…etc) lo complica aún más.

No es ningún secreto que estos gastos son menores en las localidades pequeñas y, por lo tanto, es mucho más arriesgado para un joven abogado de Barcelona poder acceder a un despacho propio, que a un abogado de un pueblo de Jaén.

Por el contrario, también debes saber que tener tu despacho en casa en un municipio pequeño, conlleva que no haya horario alguno, y que cualquier vecino pueda acudir un domingo por la mañana sin avisar a “llevarte unos papeles que se los mires”.

La posibilidad de colaborar

La unión hace la fuerza. Seguramente, conozcas a buenos compañeros que estén en la misma situación que tú, y siempre va a ser más económico un local mediano para tres, que un local pequeño para uno.

No hablo, ni mucho menos, de crear un bufete o una sociedad, sino de buscar estrategias de colaboración. No veas a los demás abogados como enemigos que te quitan clientes; son compañeros que te pueden sacar de un aprieto cuando más lo necesites. 

ESPECIALÍZATE EN LO COMÚN

Los grandes despachos se encuentran lógicamente en las grandes ciudades, y la forma de trabajar se parece en muchas ocasiones a una cadena de montaje de una fábrica industrial, donde los trabajadores (compañeros) están completamente acotados a un trabajo específico. Esto, unido a la diversidad de mercado que ofertan las grandes ciudades, hace posible que un abogado pueda especializarse en una materia.

En nuestro caso, esto es prácticamente imposible. Una de las características que encuentro en muchos de los compañeros es que, la amplia mayoría, no pueden especializarse en una rama del derecho, porque básicamente no hay mercado para ello.

Hazte a la idea de que vas a ser lo más parecido a un médico de familia.

El lunes tienes una alcoholemia, el martes un expediente de dominio, y el viernes una incapacidad laboral, esto funciona así. Son problemas comunes en gente común, por eso mi consejo, aunque parezca una paradoja, es:  especialízate en lo normal”.

Esos son los casos que en un porcentaje muy elevado vas a tener es una ciudad de 50.000 habitantes. Y si el cliente sale contento, has dado un paso enorme, porque no sólo se trata de cobrar, sino de que mañana vendrá alguien, amigo de tu cliente, con otro problema común que solucionar.  

Por último, intenta ir un pasito por delante y estar al día de los posibles pleitos que puedan venir y fórmate sobre ellos. No miento si digo que a muchos de nosotros, los mal llamados “pleitos masa”, nos han ayudado en nuestros comienzos. Me refiero a los temas de plusvalía, cláusula suelo, gastos de hipoteca, etc… Pleitos con un porcentaje de éxito importante, y que han afectado a una parte importantísima de la población. 

En definitiva, empezar a trabajar por nuestra cuenta puede ser un reto apasionante que merece el mayor de los respetos, es complicado, te quitará horas de sueño y te dará dolores de cabeza, pero tiene su recompensa. 

Da igual dónde decidas empezar si tienes ganas de dedicarte a la abogacía.

Os dejo el mejor consejo que me dieron cuando empecé en ese pueblo de 3.000 habitantes: “En la vida y en los juicios: Vista larga, paso corto y mala hostia.”

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