Cuidado con las palabras, que pueden llevar a error

Una única palabra puede tener varios significados. Sin más, el diccionario de la Real Academia de la Lengua recoge distintas acepciones para un único vocablo. Los significados pueden variar dependiendo de la profesión que desarrollemos o, incluso, del lugar geográfico en el que nos encontremos. No es lo mismo un periodista para la RAE que para la jurisprudencia constitucional; es distinto hablar de una estafa en su sentido jurídico que hacerlo en sentido figurado.

Esta confusión puede llegar a ser muy peligrosa y, aunque pueda parecer relativista, todos podemos tener parte de razón en una discusión que daría para una tesis doctoral. Este debate siempre se suele volver en contra de los periodistas, aunque últimamente son los juristas los que están en tela de juicio.

“Vaya pifias metéis los periodistas en la zona jurídica”, me dijo un amigo hace tiempo. Nada nuevo. Basta con leer los periódicos para saberlo. Pero no siempre son pifias. A veces, simplemente, es que los periodistas utilizamos un argot distinto. Recuerdo un titular que me costó una discusión con los fundadores de Discusión Jurídica. La maqueta del periódico no me permitía colocar los caracteres suficientes para escribir detenidos y opté por utilizar reos. Tras los dimes y diretes, me agarré al diccionario para poner dicha palabra.

Era correcta, por supuesto. Puede que jurídicamente no fuera la mejor, pero cumplía el objetivo divulgativo de mi profesión. Igual ocurre en los casos de homicidio, llamados en su mayoría asesinatos en los medios. Jurídicamente no es lo mismo, pero recuerden que la prensa debe informar de forma veraz, algo muy distinto a la verdad jurídica –otro día le dedicaremos otro post-, y su escrito está dirigido al vulgo, normalmente lego en derecho. Su objetivo es informar; no es educar.

El ejemplo más claro de que no nos vamos a poner de acuerdo es el siguiente: “No es abuso, es violación”. Para los legos como el que escribe, el abuso y la agresión sexual suponen violación, al igual que para la RAE. No así para el Código Penal. La discusión sobre la denominación es tan amplia como controvertida. Incluso, el Gobierno del PSOE llegó a encargar un estudio tras la sentencia de la manada para la reforma del CP. Una comisión de expertos propuso la derogación de la tipificación del abuso para sustituir los tipos actuales por agresión y violación. El estudio quedó finalmente en mera anécdota y las denominaciones siguen siendo las mismas. Al menos, de momento.

Sólo es un ejemplo más. Cada argot tiene su propio lenguaje. No hay mejor botón de muestra que el siguiente: imputado o investigado. ¿Qué es mejor? Conozco razones para defender cada una de estas acepciones. Mi jurista frustrado me pide que utilice investigado, por favorecer la presunción de inocencia, entre otras. No obstante, el alcance será mayor si uso imputado, que puede estar anticuado en el argot jurídico, pero la RAE me dice que mi información es veraz. Alcanzaré mejor mi objetivo de esta forma.

Por todo ello, cuando lea o debata, no olvide nunca que, como diría Joaquín Sabina, “el mundo es más ancho que tus caderas”. Evitaremos berrenchines.

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