¿Existe una relación directa entre los trastornos mentales y la delincuencia?

Frecuentemente encontramos la asociación entre trastorno mental y delitos en serie, en las películas más taquilleras o, incluso, en los medios de comunicación, pero ¿realmente existe esta conexión? y, en el caso de que así fuera ¿estas personas son más propensas a la delincuencia que el resto de la población?

Necesitamos desligarnos de la maldad humana y lo hacemos utilizando la condición mental de las personas. No  queremos creer que alguien tan querido por sus vecinos y con un trabajo socialmente respetable haya podido cometer un crimen tan atroz, por lo que lo etiquetamos automáticamente como un “loco”. Este término nos aleja de nuestro lado más oscuro, nos protege de la idea de que cualquiera puede ser susceptible de cometer un delito, reduciéndolo a un grupo concreto al que podemos señalar para diferenciarnos. 

Lo cierto es que la gran parte de las personas con un trastorno mental no son ni violentas ni peligrosas. De hecho, estos sujetos son más propensos a ser víctimas de delitos que protagonistas de los mismos (especialmente en el caso de las mujeres). Esto no quiere decir que no se dan casos en que determinadas personas con un trastorno mental ejecuten delitos, porque los hay, pero no son tan frecuentes y mientras tanto, se contribuye a incrementar el estigma y la falta de integración social y laboral en este colectivo.

¿Qué factores intervienen?

Al igual que ocurre con el resto de la población, existen determinados factores que aumentan el riesgo de cometer un delito en estas personas. Algunos de ellos, podrían llegar a evitarse si existiera un compromiso serio por parte de las instituciones. Destacan especialmente los siguientes:

  • Una historia previa de violencia o de victimización con una personalidad premórbida.
  • Falta de conciencia sobre su trastorno y el consiguiente abandono del tratamiento.
  • Alteraciones del pensamiento o de la percepción.
  •  Abuso de alcohol o drogas.
  • Aislamiento familiar y social, resultado de la estigmatización o de la discriminación.

¿Qué trastornos mentales suelen estar más implicados?

Existen trastornos que, unidos a los anteriores factores, pueden dar a algunas conductas delictivas o violentas. Entre ellos, teniendo en cuenta los diferentes análisis de sentencias, podríamos encontrar:

  • Esquizofrenia. La población tiende a atribuir a estos pacientes una conducta agresiva, imprevisible y con frecuencia peligrosa. Sin embargo, las personas con esquizofrenia no son más violentas que la población general, siempre que estén controladas farmacológicamente (con buena adherencia al tratamiento), que no hayan sido dadas de alta recientemente y no consuman drogas psicoactivas. La esquizofrenia paranoide es el subgrupo que suele relacionarse más con esta conducta violencia. En ella, la presencia de ideas delirantes o de alucinaciones auditivas contribuyen al descontrol y a la conducta violenta del sujeto, ya que experimenta como reales sensaciones o hechos inexistentes.
  • Trastorno delirante en la psicosis. En este caso, las personas presentan un desarrollo normal, sin lenguajes extraños ni deterioros cognitivos, aunque lo que sí se mantiene presente es el delirio. Los delirios pueden ser diversos: de persecución, de celos (irracionales y absurdos), satánicos (creyendo que otra persona tiene un maleficio), mesiánico (el protagonista se cree Dios, y el resto son el Demonio) y de amor. En este sentido, justificará la delincuencia y violencia empleada en base a la temática de su delirio.
  • Trastornos parafílicos. No todos los delincuentes sexuales presentan una parafilia ni todos los individuos con una parafilia han llevado a cabo un delito sexual. No obstante, existen ciertos casos en los que se ha demostrado que el acusado presentaba una trastorno parafílico. Por ello, es especialmente importante la detección e intervención para lograr la prevención y la disminución del riesgo.

¿Qué papel juegan los trastornos de la personalidad?

Las personas con trastornos de la personalidad tampoco tienen una predisposición directa al mundo delictivo. La relación que existe entre este tipo de trastornos y la delincuencia es muy compleja, debido a que en muchas ocasiones coexisten con otros trastornos mentales.

De igual forma, el consumo de sustancias suele estar muy presente en este tipo de personalidades. Así, los diferentes análisis de sentencias nos muestran que son especialmente significativas las siguientes:

  • Personalidad límite. La ira excesiva y la impulsividad que caracterizan a este trastorno pueden conducir a estas personas al delito. Pueden implicarse en pequeños hurtos, conducción peligrosa, actividades sexuales de alto riesgo y actos violentos (muchas veces en un intento de ser queridos o integrados en un grupo marginal).  Existe además una fuerte asociación entre las personalidades límites y el consumo de sustancias, siendo habitualmente politoxicómanos. Esto terminará traduciéndose en la aparición de actos delictivos en la persona.
  • Personalidad antisocial. La impulsividad oportunista y la ira generalizada son los dos rasgos fundamentales que le pueden llevar a la violencia. El único motivo para actuar así es lograr su propio beneficio y/o refuerzos inmediatos. De igual forma, el consumo de sustancias aumenta las conductas violentas de estos sujetos, y por ende les lleva a  la comisión de actos delictivos. 
  • Personalidad paranoide. La rapidez para reaccionar con ira o contraatacar en estas personas puede llevar en algunas ocasiones al delito. Además, el paranoide puede verse estimulado a actos violentos, tras situaciones de tensión mantenida, a veces durante mucho tiempo. En otras ocasiones, responde de forma rápida ante insultos o situaciones vividas por él como injustas. Junto con esto, sus respuestas también se pueden ver condicionadas y potenciadas por el consumo de alcohol o de otras drogas (como anfetaminas y cocaína). 

¿Qué ocurre en el caso de la psicopatía?

A día de hoy, la psicopatía no está reconocida como un trastorno mental aunque sí se encuentra catalogada como un trastorno de la personalidad. En la inmensa mayoría de los casos, estos psicópatas se encuentran perfectamente adaptados a la sociedad. No son los criminales que nos han pintado en las películas y series que tanto nos gustan. Son personas que se han cruzado por nuestras vidas, sin hacer ruido y pasando totalmente desapercibidos.

Por ello, es otro error ligar la psicopatía a la comisión de delitos, ya que los datos desmienten continuamente esta percepción. De hecho, en nuestro país, podría haber casi medio millón de psicópatas y, de ser todos criminales, las fuerzas y cuerpos de seguridad se verían totalmente saturados.

¿Qué papel cumple el psicólogo forense en todos estos casos?

Según el artículo 20.1 del código penal:

Estará exento de responsabilidad criminal el que al tiempo de cometer la infracción penal, a causa de cualquier anomalía o alteración psíquica, no pueda comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión.

El psicólogo forense, a través del informe pericial, será el encargado de auxiliar al juez en su toma de decisión sobre la imputabilidad de estas personas. Sin embargo, no basta con demostrar la existencia de esta alteración, ya que debe darse también un nexo causal con el delito.

De igual forma, no todos los trastornos producen el mismo nivel de afectación a nivel cognitivo y volitivo. Así, encontramos sentencias en la que se habla de imputable, semi-imputable, y otras en la que se concluye una total inimputabilidad. No hay establecido un tratado en virtud del cual, determinadas psicopatologías sean directamente inimputables o imputables.

Por esta razón, a pesar de tener el mismo diagnóstico, cada caso es distinto a los demás, de modo que resulta imprescindible una valoración individualizada a efectos de determinar la responsabilidad penal.

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