¿Por qué no siempre denunciamos? Causas de la cifra negra

Publicado por Alba Hernández Bonada.

A gran parte de los psicólogos, nos han explicado algún temario de la carrera con la analogía del iceberg: la parte escondida debajo el agua que es de gran tamaño y de mayor importancia que la parte visible.

Hoy recuperamos esta imagen, pero referente a los crímenes, ya que también disponemos de una parte que se puede cuantificar (las denuncias puestas, las sentencias dictaminadas al respeto…) y una que no se puede objetivar fácilmente; los delitos realizados, pero no denunciados. Esto supone un problema ya que quedan fuera de las estadísticas y no se pueden conocer sus causas ni actuar para paliarlas.

¿Y por qué, si hemos sido víctimas, no hacemos nada para que el victimario pague las consecuencias de sus actos?

Bien, la respuesta es larga, pero intentaré resumir los puntos más importantes y desmitificar pensamientos que nos pueden llevar a ser parte de esta cifra negra.

Razones de la no denuncia o cifra negra

  • Desconfianza en el sistema judicial. Entre el momento de interponer la denuncia y la fase de juicio oral puede transcurrir un período relativamente largo de tiempo. Esto puede suponer en la víctima padecimiento al no ver una recompensa a corto plazo y la expectativa de si la sentencia cumplirá su idea de justica o no. Asimismo, las experiencias anteriores con el sistema judicial juegan un papel importante y puede llegar a determinar si decidirá poner denuncia o no. Si en otras ocasiones (ya sean propias o de conocidos) se han cumplido sus expectativas de justicia, es más probable que decida interponer la denuncia.
  • Desconocimiento del sistema de justicia. Cuando la víctima no ha tenido
    experiencias anteriores con el sistema judicial, puede que no conozca los pasos
    que debe tomar,
    cómo será el proceso que se desarrollará a partir de la denuncia,
    los derechos que tiene o los plazos de prescripción para cada delito. Es importante llevar a cabo un trabajo informativo a la población general para mitigar este desconocimiento y aumentar la seguridad en nuestro sistema judicial.
  • Minimizar la conducta lesiva. En algunos crímenes es muy fácil objetivar su
    gravedad (como por ejemplo los homicidios), e incluso se puede medir por un valor
    económico. Pero en otros, las ideas estereotípicas sobre determinados delitos nos pueden hacer minimizar lo ocurrido, pudiendo llegar a crear en la víctima una atribución de responsabilidad. Lo trataremos con profundidad más adelante.
  • No tener pruebas o no conocer al autor del delito. El desconocimiento del autor del crimen aumenta la percepción de inseguridad en el entorno, así como la idea de que interponer una denuncia no servirá si no conocemos al infractor. Por un lado, es importante denunciar, ya que puede suponer un reforzamiento de la vigilancia en la zona donde ha ocurrido y, por otro lado, si damos la descripción detallada de lo que nos han robado puede ser que, con un poco de tiempo, lo recuperemos.
  • Miedo a la victimización secundaria. La atención inadecuada de la víctima
    (sobre todo en violencia de género) por parte de las instituciones policiales,
    judiciales, sociales, sanitarias, etc., eventualmente deriva en la criminalización
    de la misma,
    deslegitimizando su versión, y la consecuente disminución de
    responsabilidad del agresor.
    Asimismo, puede suponer una recuperación más
    lenta de la víctima.
  • Presión familiar y social hacia la víctima. Según el delito que haya sufrido la
    persona, la presión para no denunciar puede derivar del miedo a la estigmatización y al etiquetaje. Otro motivo habitual es el temor a perjudicar al autor si es miembro de la familia o entorno cercano.
  • Miedo a las represalias del autor del delito. También es habitual, si tiene una
    relación con la víctima, lo que significa un acceso a ella.
  • Incapacidad de denunciar inmediatamente por el trauma. El amplio abanico de síntomas físicos, psicológicos y emocionales puede abrumar a la víctima e incapacitarla para racionalizar lo ocurrido. La probabilidad de interponer una denuncia fluctuará según estos criterios y las características personales de la víctima. Pero actuar como sujeto pasivo de un delito no significa que la persona se sienta identificada como víctima siempre, pudiendo llegar a minimizar las consecuencias del hecho delictivo si este no corresponde con el esquema mental que tiene la víctima. Uno de los crímenes en los que este fenómeno ocurre con más frecuencia es la agresión o el abuso sexual.
  • Factores del contexto. Muchos tenemos en la cabeza la imagen estereotípica de agresión en un callejón o portal, a altas horas de la noche por parte de un desconocido que emplea el uso de la fuerza (con o sin armas) y que vence la resistencia que opone la víctima. Bien, pues esto casi nunca se cumple. La mayor parte de las agresiones sexuales son por parte de conocidos, amigos, familiares, compañeros, etc. Por lo tanto, al conocer al agresor es más probable que la agresión ocurra en un contexto conocido y sin que la víctima oponga mucha resistencia. Estas ideas preconcebidas de lo que es “una violación de manual” pueden suponer muchas discrepancias si no se corresponden con lo que ha vivido la víctima realmente, y la asunción de una responsabilidad que no le pertenece.
  • Factores inherentes a la víctima. Hay factores que pueden aumentar la percepción de responsabilidad de la víctima, como puede ser el consumo voluntario de alcohol o drogas, haber realizado previamente contacto sexual consentido con el agresor, vestimenta provocativa, una reputación de promiscuidad en su entorno, oponer poca resistencia, etc. Estos pueden llegar a ser considerados como conductas de riesgo por parte de la víctima, que se podrían evitar, por lo tanto, factores determinantes de la perpetración del crimen. Cuantas más diferencias existan entre lo que considera que haría el observador (la sociedad) y lo que hizo la víctima, mayor responsabilidad del crimen se le da a esta. Frases como “yo no habría actuado así” son la principal causante de este fenómeno. Es necesario un cambio, ya que se acusa a la víctima como fomentadora del crimen, cuando es el criminal quien ha tomado la decisión de actuar así.
  • Factores inherentes al agresor. Uno de los que más puede influir (sobre todo si el caso se vuelve mediático) es el aspecto físico del agresor. Si este se percibe como atractivo para el público, es más probable que se disminuya su atribución de responsabilidad. Solo tenemos que recordar a Ted Bundy y a la cantidad de chicas que hacían cola para verle. Lombroso estaría orgulloso de nosotros.

Es importante ser conocedores de las razones que pueden impulsar a la no denuncia y proponer soluciones para reducir este fenómeno, como facilitar los medios para denunciar, comprender el proceso mental por el que pasa la víctima o acercar al ciudadano el proceso judicial para mejorar su comprensión. También hemos visto cómo, en casos mediáticos recientes de agresiones o abusos sexuales, cuando concurren algunos de los factores comentados se inclina la responsabilidad hacia la persona equivocada.

Siempre es importante tener en cuenta la presunción de inocencia, pero debemos evitar que las ideas preconcebidas tengan un papel en el juicio de valor de los implicados porque, como hemos visto, son erróneas.

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