Hola, estudiante de Derecho

Hola, estudiante de Derecho. El otro día me acordé de ti a raíz de un tweet que publiqué. De este, concretamente:

Mis años universitarios se basaban en un montón de meses de disfrute y diversión, frente a un par en los que me encerraba y me quejaba de lo injusta que era la vida universitaria.

Hace pocos años, yo era de tu gremio, y mi vida era como la tuya; una montaña rusa de diversión, estudio, llanto y risa.

Que no te engañe verme con una corbata y un chaleco. Hace menos de lo que imaginas, yo también pululaba por los aularios, sacaba cincos que sabían a gloria y tomaba cervezas por doquier. Tómame un poco en serio, que sé de lo que hablo.

Si no me fallan los cálculos, aún estarás limpiándote los goterones de sudor de los últimos exámenes, y algunas heridas aún estarán abiertas, a modo de calificaciones que no llegan. Sea como sea, ahora viene un periodo de tranquilidad que, sin duda, es de lo mejor que recuerdo de cada año universitario.

Es cierto que tienes clases, trabajos, y que en breve te pondrás a estudiar para el segundo cuatrimestre, pero sabes que lo de ahora se parece bastante a unas “vacaciones”.

Ahora que tienes menos cosas en la cabeza, y que seguro que vas a hacer esa instrospección anual, de la que surgen “propósitos de Cuatrimestre Nuevo“, es posible que encuentres este artículo muy útil.

No voy a contarte cómo debe ser el estudiante de Derecho perfecto, porque no tengo ni idea de cuál es la fórmula, tan solo te diré algunas cosas que ahora, que ya no soy estudiante, creo que podría haber hecho más y mejor en la época que tú ahora vives.

Además, como lo estudiantes no son conocidos precisamente por su riqueza, todo lo que te voy a decir es gratis.

Cursos, ponencias, congresos, y demás cosas aburridas

De mi paso por la facultad de Derecho en la Universidad de Sevilla, podría contar con los dedos de una mano las veces que asistí a las ponencias que se organizaban en el centro. Si me apuras, tan solo recuerdo haber ido a una charla sobre Derecho Internacional, porque la asistencia nos subía medio punto en la nota de la asignatura.

Por supuesto, no eché la más mínima cuenta. Error.

Cuando somos estudiantes, no somos conscientes de la importancia que tiene acudir a cursos, congresos y ponencias. Son como una clase, pero generalmente más entretenidas, toda vez que los ponentes suelen ser muy expertos en la materia a tratar. Además, a veces surgen coloquios muy interesantes entre los asistentes y estos, creando un ambiente muy enriquecedor.

Sé que suena a tontería, sé que nadie cambiaría dos horas en el salón de actos por dos horas en el bar de la facultad, pero pensadlo: el bar sigue ahí después de la ponencia, de verdad, aún no conozco casos de desapariciones de bares de facultad.

Fuera bromas, estas actividades, al menos en mi experiencia, eran gratuitas, y con la mera asistencia te expiden un titulito a tu nombre.

Aprendes, los profesores te ven, certificas tu conocimiento, es gratis, y la cerve te la tomas luego. El negocio es redondo.

Consejo: Ábrete un perfil de Linkedin, y ve añadiendo todos los pequeños cursitos a los que te vas presentando. No tienen que ser estrictamente de Derecho, ni siquiera presenciales (si echas un ojo a mi perfil, tengo cursos hasta de marketing digital). Todo suma. Si vas viendo cómo crece tu CV, te irás enorgulleciendo y viciando a aprender.

¿Ir a los Juzgados? ¡Ni que hubiera hecho algo malo!

Si estudias Derecho, tienes que ir a los Juzgados. Me da igual que quieras ser juez, fiscal, abogado, procurador, o si quieres montar tu propia empresa de zapatos. Has de ir a las salas donde se imparte justicia.

Esto lo hice más veces durante mi época estudiantil, pero muchísimo menos de lo que debería haberlo hecho.

¿Pero cómo voy a entrar en los Juzgados siendo un estudiante tan joven? Pues es muy fácil, te explico: Entras por la puerta, dices buenos días al agente, pasas por el arco de seguridad (no te recomiendo llevar armas), y preguntas dónde se están celebrando civiles o penales (al principio, es mejor ver sobre estos temas).

Vas a donde te indiquen, esperas en la puerta, y cuando el funcionario salga a llamar a algún testigo o perito, le indicas que te gustaría entrar a ver las vistas (dile que eres estudiante de Derecho, te suelen entender y no piensas que vas a ver los salseos de la gente). Lo más seguro es que te diga que esperes a la siguiente, para no interrumpir la que se está celebrando. Ya está. Una práctica de derecho internacional es mucho más complicada, y la haces porque sabes que tienes que hacerla, ¿no? Pues tómatelo como una práctica.

Detalle: No tengas miedo a que te digan que no. Las vistas son públicas. Lo máximo que te pueden decir, si te toca un juez algo serio, es que te salgas en los descansos entre uno y otro juicio. Pero ya te digo, tan solo me ha pasado una vez.

En un par de visitas que hagas, ya no tendrás vergüenza, conocerás a los funcionarios, sabrás qué jueces son más o menos didácticos, e incluso conocerás a abogados y abogadas. Networking y conocimiento práctico gratuito.

Puede que estés pensando que es imposible que hagas esto porque no tienes tiempo, ya que los juzgados solo abren por la mañana, y te pisa con las clases (si tienes clase por la tarde, no tienes perdón). Recuerda lo que te dije arriba, hace un rato, yo era estudiante de Derecho, no me vengas con que no te saltas ninguna clase a la semana. Salvo que seas un fuera de serie (me quito el sombrero), habrá clases que, sistemáticamente, convalides zumo de cebada en mano.

Consejo: No vayas solo. Busca a un compañero o amigo, no más (no tiene por qué estudiar Derecho, pero dudo que un estudiante de matemáticas vea interesante ir a los tribunales), y marcaos como obligatorio ir una vez en semana. Sí, vale, después podéis reponer fuerzas y comentar la jugada en el bar, pero id. De verdad, es impresionante la diferencia que hay del Derecho que se enseña en las aulas con el que se ve en los tribunales.

Y si estás un poco cansado de la carrera, este consejo está directamente enfocado a ti: te vas a reconciliar con el Derecho.

No caigas en la trampa de algunos profesores

Últimamente, he dedicado varios tweets a los estudiantes, y el consejo que voy a dar ahora, está íntimamente relacionado con este:

Parece una excusa barata de estudiante, pero lo que más determina la dificultad de una asignatura es quién la imparte. Y no me bajo de ese burro.

Seguro que lo has leído, y te ha venido a la mente más de un docente. No caigas en su trampa. Un día me dijeron que de tontos está el mundo lleno, y eso también ocurre en el mundo de los profesores. No dejes que un energúmeno te haga odiar una asignatura.

En mis años de facultad, recuerdo a un profesor de Derecho Procesal Penal que me decía, sistemáticamente, que mis prácticas estaban mal. La gracia es que, a veces, ni siquiera las leía, cosa que sé porque una vez me gritó un “¡MAL!” delante de todos en cuanto le entregué mis folios. Ante mi cara de pasmarote, me dijo “hay demasiado pocos folios para ser un escrito de defensa” (con el tiempo, y ya fuera de su clase, aprendí que un escrito de defensa es un claro de ejemplo de “lo bueno, si breve, dos veces bueno”).

Imaginad que ese señor me hubiera hecho odiar el Derecho Procesal Penal, sería un problema. Actualmente, quiero especializarme en Derecho Penal, de modo que eso no se cumplió, ¡menos mal!

Repito: No dejes que un mal profesor te haga defenestrar tu gusto por una asignatura.

Asimismo, está la otra cara de la moneda. No des por hecho que una rama del Derecho es tu preferida porque un profesor sea un espectáculo dando su asignatura.

Otro ejemplo, que es gratis: A mi me encantaba Derecho Laboral. Me costó mucho aprobarla, eso sí, pero me parecía una materia preciosa. Ahora, en el despacho, los temas de Derecho Laboral son los que menos se parecen a lo que veíamos en la facultad. Justo lo contrario me pasa con Derecho Administrativo. Habrás tenido un escalofrío al leer ese nombre (suele ser una de las ramas que más miedo dan en la carrera), y te entiendo, pero una vez fuera de la facultad, estoy viendo que los temas de esa rama son de lo más interesantes.

Interrumpe mucho al profesor

Aunque suene mal, hazlo.

Parece una utopía, pero tanto en el posgrado de acceso a la abogacía (el obligatorio para hacer el examen de abogacía), como en el máster de penal que hice posteriormente , lo he grabado en mi mente a fuego. Hay que hablar en clase. Hay que hablar con el profesor. Hay que plantear dudas, debates y opiniones, ¡que no cuesta dinero!

Eso, al profesor, le suele gustar. Te va a conocer, y vas a dejar de ser un número para pasar a ser una persona con nombre y apellidos (lo que puede suponer unas décimas en la nota, si es que te hacen falta porque estés al límite). Además, el proceso mental que implica cuestionarse una duda, exteriorizarla y escuchar la respuesta prestando atención, te hace aprender muchísimo.

Pregunta todo. Interrumpe un montón. Como en los congresos que cité al principio, se pueden propiciar unos debates interesantísimos. Y equipo, estamos en la carrera de debatir. Hay que aprender a hablar en público, a debatir y a propiciar debates.

La razón no la lleva el que tenga la verdad, la razón la lleva el que consiga convencer de su verdad.

Aprende derecho sin darte cuenta

Yo usaba Twitter desde 2011. Como mucha gente, me lo abrí para saber qué se cocía en esa red del pajarito tan famosa, pero no me terminó de convencer. Hace poco tiempo, recuperé mi cuenta, pero hice algo muy útil: dejé de seguir a todos mis contactos, y empecé a seguir a gente del mundo del Derecho. Ahora tengo un timeline de lo más jurídico y nutrido.

Si os animáis a haceros un perfil en Twitter, os animo a que sigáis a las siguientes cuentas:

Hay muchas más, interesantísimas todas. Empezad por ahí, que el algoritmo de Twitter os irá recomendando más.

Ah, por cierto, mi Twitter es @eprietoescobar (suelo publicar bastante), y el de Discusión Jurídica es @DiscusionJ. No estamos al nivel de los previamente expuestos, pero somos muy buena gente, eso sí.

Ya no miro Instagram, y ahora, en lugar de ver el precioso viaje que está haciendo la vecina del tercero, consulto la última jurisprudencia, leo y participo en debates interesantes, y estoy al tanto de las próximas reformas de leyes. Aprendo sin darme cuenta. Y, otra vez, gratis.

Ok Google, ponme las noticias

Por último, otra cosa que yo no hacía en el grado, pero que ahora hago a diario, es escuchar las noticias para estar al día.

Derecho es todo. Comprar un chicle, el último conflicto de Venezuela, la muerte de un infectado por el Coronavirus en un país al que no pertenece, o un pequeño accidente de moto. Todo es Derecho.

Escucha las noticias, o léelas. No hay mucho que añadir. Quizás te sirvan estos consejos:

Cada mañana, cuando me levanto, le digo a mi móvil: “Ok Google, ponme las noticias.” Fíjate qué tontería, pero antes del café, ya estoy al tanto de todas las cosas que han ocurrido y que están ocurriendo. Escucho un par de boletines de cuatro o cinco minutos, y ya tengo en la mente un panorama general. Sé por dónde van a ir los tiros durante el día.

Eso, en la carrera, es ir un paso por delante de los compañeros. Seguro que te habrás roto el cuello varias veces evitando la mirada del profesor cuando ha preguntado algo de actualidad en clase. Con la frase matutina “Ok Google, ponme las noticias”, lo tienes resuelto.

Y si tienes Iphone, pues le preguntas a Siri, que imagino que también lo hará divinamente.

Os envidio, pero no me cambio por vosotros

Espero que todo esto os haya servido para algo, de verdad. Llevaba un tiempo con ganas de escribir un artículo para el estudiante que ya no soy. No os toméis este artículo como imposiciones o normas. Como ya he dicho algunas veces, no pretendo que nadie siga lo que digo al pie de la letra, tan solo que lo que escribo pueda servir de guía. Seguro que podéis mejorar lo que digo, tomar algunos de los consejos o, incluso, poner algunos más en los comentarios.

Hay que aprovechar la época de estudiante de Derecho con pequeños detalles. Así, cuando salgas de la facultad (que, aunque no lo creas, la echarás de menos), no tendrás solo el Grado, y muchos litros de cerveza en tu memoria, sino que serás más polivalente.

Un saludo, compañeros. Os envidio, pero no me cambio por vosotros. ¡Fuerza!

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