¿Existe relación entre la psicopatía y la violencia de género?

Publicado por Cintia Montoro.

Hay personas que poseen un perfil de alto riesgo de violencia en la pareja, debido a sus rasgos de personalidad: son manipuladores, usan la violencia instrumental, presentan ausencia de empatía, incapacidad de sentir afecto o amor sincero hacia los demás, impulsividad, celos y dominancia en sus relaciones interpersonales, etc. ¿No nos recuerda esta descripción a algunos de los rasgos más sonados de una personalidad psicopática

La presencia de personas con psicopatía en la población general puede pasar desapercibida, haciendo que se trate de individuos que, aunque no pertenecerían al grupo de personas delictivas, sí que desencadenan un gran sufrimiento en su círculo más cercano

Esto cobra especial importancia si nos centramos en el actual problema de la violencia de género, donde la presencia de conductas manipuladoras, coercitivas hacia la pareja y antisociales, es especialmente alarmante y peligrosa

Relación entre la violencia de género y la psicopatía

Clasificaciones más tradicionales sobre los tipos de agresores en la pareja, como las de Holtzworth-Monroe y Stuart (1994), Gottman (1995) y Dutton (2007), tienen en común que entre sus tipologías siempre se encuentra la presencia de un perfil con rasgos psicopáticos y antisociales. Es probablemente el perfil más destructivo y tóxico, capaces de utilizar a los demás para conseguir sus propios objetivos gracias al importante déficit emocional que presentan.

Parece que la gravedad del maltrato físico y psicológico hacia la pareja está relacionado con una presencia de trastornos de personalidad en el agresor, concretamente los trastornos más relacionados son el trastorno antisocial y el límite. Cuando se da, además, lo que algunos autores denominan la Tríada Oscura de la personalidadpsicopatía, narcisismo y maquiavelismo– las consecuencias desembocadas de estas relaciones pueden ser fatales. 

Los psicópatas serán incapaces de mantener los pilares que rigen una relación sana, sólida y duradera, valores como el compromiso, la sinceridad, el respeto y el amor mutuo. Son como denomina Piñuel (2016) personas con “amor zero”, haciendo así clara referencia a la incapacidad de estos sujetos de ser emocionalmente sinceros. Elegirán a la pareja más “válida” en función de sus intenciones, la utilizarán, exprimirán y, cuando ya no necesiten nada más, no tendrán ningún reparo en marcharse

Vicente Garrido, en su libro Amores que matan, nos expone las tres características que considera que son letales en la personalidad psicopática, estas son: la ausencia de remordimientos, la falta de empatía y la crueldad. Pero, ¿qué indicadores, así como características, nos podemos encontrar, además, en estos sujetos?

Características principales

Los psicópatas agresores de la pareja, en comparación con otros maltratadores, son más suspicaces e impulsivos, poseen distorsiones cognitivas celotípicas y emplean la dominancia extrema, además de ser menos empáticos

Si enumeramos sus características más importantes, podemos encontrarnos con personalidades con:

  • Riesgo alto de violencia, siendo esta violencia empleada de tipo fría, calculada y planificada. Utilizan la violencia como medio para conseguir el fin que quieren. Además, tal y como se ha visto, las personalidades con rasgos psicopáticos presentan mayores actitudes pro-violación que el resto de maltratadores, debido a la utilización de técnicas coercitivas y de inducción del miedo con sus relaciones personales.
  • Elevada peligrosidad. Al presentar un mayor componente sádico y un desajuste hacia las normas sociales, además de la ausencia de remordimientos, estaríamos ante personalidades de alto riesgo de cara a la prevención de la violencia de género.
  • Abuso de sustancias, como el alcohol y otras drogas, vendría a formar parte de los factores de riesgo para que las conductas violentas hacia la pareja se externalicen, en conjunto con los trastornos de la personalidad y emocionales.
  • Poca o nula empatía. En este punto me gustaría centrar la atención entre la distinción empatía afectiva y empatía cognitiva. La empatía afectiva es aquella que nos hace sentir de la misma forma que nuestros semejantes, mientras que la empatía cognitiva es la que nos hace entender y comprender cómo se sienten. Pues bien, se ha demostrado que las personas con psicopatía carecen de esa capacidad afectiva, sin embargo, sí que poseen la capacidad cognitiva, es gracias a ello que pueden manipular a sus víctimas, sin importarles lo más mínimo lo que están sufriendo.

    Hallazgos muy interesantes muestran que estas personalidades presentan fallos en la percepción y regulación de emociones, dificultades en el reconocimiento de emociones positivas, una disminución en el reconocimiento facial de miedo y sesgos para identificar expresiones de miedo frente a las de felicidad. 
  • Distorsiones cognitivas sexistas e ideas machistas.  La necesidad de poder, control y dominación sobre la víctima, propia de los rasgos psicopáticos, cobra una especial gravedad cuando se une con un sistema de creencias machista y patriarcal. 
  • Mayor reincidencia. 

¿Es posible una intervención y reinserción con estos agresores?

A lo largo de la literatura científica, nos hemos encontrado con gran variedad de autores que defendían que la intervención psicológica con un psicópata era imposible. Al contrario, los estudios que se han realizado recientemente arrojan resultados eficaces en cuanto a la intervención con ellos, siempre que se sigan unas pautas bien delimitadas

El principal problema es que no se parte de la base de que hay perfiles diferenciados de maltratadores, y no se realizan intervenciones específicas para cada subtipo. Dada la importancia de los rasgos psicopáticos presentes en muchos agresores, se debería de poner en marcha un programa especializado hacia este tipo de sujetos, los cuáles no se benefician de una intervención en violencia de género normal, y que incluso con estos programas pueden aprender formas nuevas y más eficaces para llevar a cabo su manipulación.

El primer estudio experimental realizado en España acerca del tratamiento diferencial de los agresores de violencia de género según su tipología, fue realizado en 2008, en el Centro Penitenciario Brians-2. Los participantes del programa fueron distribuidos en dos grupos, destinados a formar parte o bien del “programa corto” con 24 sesiones de intervención, o bien al “programa largo” con 48 sesiones, destinado sobre todo hacia agresores con los rasgos más psicopáticos, antisociales y violentos. 

Lo cierto es que, programas como el anteriormente descrito sí arrojan resultados efectivos de cara a la intervención con maltratadores con rasgos psicopáticos. Es más, cuando no se benefician del tratamiento es cuando no se atiende de forma tan exhaustiva a sus necesidades criminogénicas y lo que se trata de cambiar son sus rasgos más arraigados de personalidad, como son la falta de remordimientos o no sentir empatía hacia las víctimas. Está claro que estos conceptos se deben controlar en el transcurso de la intervención, ya que interferirían en la adherencia terapéutica y en la motivación hacia el cambio, pero deberíamos centrarnos más en intervenir sobre las distorsiones cognitivas, el abuso de sustancias y el empobrecido control sobre sus emociones

Los programas de corte cognitivo-conductual han mostrado los mejores resultados en cuanto a reducción de la reincidencia en este grupo de agresores. Así como que la intervención sea intensiva, de duración extensa y continuada.

Conclusiones

En este artículo nos centramos en la situación de violencia de género cuando ya se ha producido y en la intervención con el agresor, para intentar reinsertar y evitar que reincida. Sin embargo, no quiero acabar sin recalcar la importancia de abordar este hecho desde la raíz misma de la educación, derivando planes de prevención y propuestas de concienciación, repeliendo cualquier indicio o actitud machista, educar hacia el feminismo, la igualdad de género y de dotar a la sociedad de mayores estrategias para resolver conflictos de manera prosocial. 

Tampoco debería perderse el papel de la víctima en todo este problema, preservar su integridad física y moral es lo más importante. Para ello, se debería hablar más sobre los indicios tempranos de este tipo de relaciones violentas y tóxicas, dotarlas de ayudas para salir de esa situación y demostrarles que no están solas. A menudo, las consecuencias fatales de un maltrato psicológico sutil pero continuado, se pasan por alto y solo se presta atención cuando se ha producido una agresión física o, desgraciadamente, la muerte de la víctima. 

El mejor camino y el más efectivo que debe adoptarse es la individualización de la intervención. Como ya se ha visto, no centrándonos en el cambio de los rasgos nucleares de la personalidad, si no en la modificación del comportamiento delictivo que llevan a cabo. Tratar que sean personas más empáticas puede ser una ardua tarea, sino casi imposible, sin embargo, enseñarles por qué su conducta está siendo reprendida y hacer que entienda a la víctima, aunque no lo sienta, puede ser más efectivo.

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