El factor religioso en el derecho al asilo

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Publicado por Laura Codes Parra.

El derecho al asilo aparece recogido como un derecho internacional, con unos profundos orígenes, y alude a la obligación que tienen los Estados a acoger a aquellas personas que, por motivos raciales o políticos, se ven discriminados y como consecuencia, obligados a abandonar su residencia de origen en busca de una vida mejor. El factor religioso aparece como un motivo más de discriminación y por lo tanto, de solicitud de asilo.

Orígenes del derecho al asilo

En sus orígenes, el asilo se encontraba en algunas civilizaciones, pero no siempre relacionado con el factor religioso. Confesiones como, por ejemplo, la de los hebreos, que constituyeron “ciudades de asilo”; o el cristianismo, que basó el asilo en la penitencia de los inocentes; produjeron una humanización de la justicia hacia valores más misericordiosos con los pobres. Durante la Edad Media, los reyes medievales entienden que el asilo era una labor que correspondía a la Iglesia, y así aparece recogido en la parte dedicada al derecho canónico de las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio. 

Contaba, por tanto, con un carácter religioso, pero también empieza a observarse un marcado carácter jurídico; ya que implicaba al poder político en la medida en la que la actuación de la Iglesia como mediadora, finalmente terminaba condicionando el parecer de lo justo. La progresiva formación de los Estados, los cismas de la cristiandad, y la tendencia a la territorialidad fijarán nuevas fronteras, provocando así el nacimiento del término “extranjero” y con él un derecho de asilo, que, aunque bien es cierto que empieza a perder importancia religiosa, comenzará a cobrarla política y a nivel nacional.

La Revolución Francesa creará un nuevo tipo de perseguidos, los refugiados políticos. El Estado francés auxiliará a los perseguidos movidos por una causa diferente a la de la religión, la libertad de pensamiento, la lucha de la igualdad y el albedrío revolucionario. En el artículo 120 de la Constitución de 1793, “el pueblo francés da asilo a los perseguidos en su patria por la causa de la libertad: lo rehúsa a los tiranos.”

Pese a esto, la Iglesia mantuvo su derecho al asilo como forma de inmunidad eclesiástica hasta 1917; aplicándolo de forma masiva hasta la SGM, dando refugio Pío XXII a miles de judíos en Roma.

El derecho al asilo en la normativa internacional

La normatividad que empieza a cobrar sentido en torno a derechos fundamentales, propicia la aparición de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, que en su artículo 14 recoge que:

en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país”.

Posteriormente se desarrolla el Estatuto del Refugiado por parte de la Convención Internacional de las Naciones Unidas de 1951. Dicho estatuto, establece la definición del refugiado aludiendo a:

aquellas personas que, por fundados temores de persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, se encuentre fuera de su país y no quiera acogerse a la “protección” de éste

A nivel europeo, hay que mencionar la Directiva de 13 de diciembre de 2011, que dispone que para la correcta valoración del refugiado habrá que atender a una serie de requisitos. Como entre ellos se recoge el motivo de discriminación religiosa, es natural que a su vez se mencione el concepto de religión, aludiendo que se deberá tener en cuenta la profesión de creencias teístas, no teístas, ateas, y la realización de actividades de culto privadas o públicas. También se incluye que los grupos sociales deben tener en común una característica que les haga ser objeto de discriminación en su Estado, y que la parte discriminatoria también sea capaz de percibir esa particularidad desencadenando de esta forma dicha acción reprobable. Además, esta peculiaridad es intrínseca con su razón de ser, es decir, no pueden desprenderse de ella. 

A nivel internacional, destaca el conocido ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) que, pese a que sus declaraciones no tienen un carácter vinculante, sí que intenta a través de la moralidad sentar una serie de principios para que sean los Estados, que sí que tienen un poder real, los que garanticen la protección de los refugiados. 

Según la directiva anterior, para la concesión de las solicitudes de asilo, es necesario tener en cuenta el temor, ya que no siempre se estará hablando de una discriminación que ya ha sido manifestada. Puede ocurrir que los solicitantes por temor a los efectos que puedan tener sus actividades, sus creencias etc; soliciten previamente este asilo antes de haber sido objeto de exclusión. Simplemente será suficiente como requisito para probar el temor, que la característica que se percibe distinta sea atribuida por el agente que va o esta cometiendo dicho acto de segregación.

Sin embargo, a nivel internacional, debido a la influencia del Estatuto del Refugiado, se contempla que esa atribución debe no ser tanto normativa, sino más bien humanitaria y por tanto tiene que atender a una valoración de las circunstancias personales sin derivar tanto en el cumplimiento estricto o no de unos requisitos ya previstos.

El derecho al asilo en la normativa española

El derecho de asilo en el ordenamiento jurídico español queda recogido en la Constitución en el artículo 13.4 y la Ley 12/2009 reguladora del derecho de asilo y la protección subsidiaria. Dicha ley intenta trasladar el estatuto del refugiado a la normativa española. El propio TC dijo que no se trataba de un derecho fundamental, pero, obviamente, tiene una gran trascendencia en el ejercicio de un derecho que sí es fundamental como es el de la libertad religiosa recogido en el articulo 16 de nuestra Carta Magna.

Jurisprudencia internacional en materia de derecho al asilo

La persecución por razón de religión aparece de muy diversas formas, siendo la más común la de discriminación por la práctica de una creencia religiosa determinada, que no permite de forma pública profesar la religión planteando la posibilidad de ocultamiento de dicha confesión. En relación con esta posibilidad, el Tribunal de Justicia de la UE sienta doctrina en la sentencia Alemania contra Y y Z de 5 de septiembre de 2012, aunque, desafortunadamente, no ha sido seguida por otras sentencias, y por tanto, el asilo ha sido denegado.

En este caso, pakistaníes pertenecientes a la comunidad Ahmadía solicitaron el asilo a Alemania por las continuas vejaciones a las que estaban sometidos en su país de origen. Alemania la rechazó argumentando que dichos actos no constituían motivos a efectos de asilo. Según el Tribunal, constituyen actos de discriminación religiosa, todos aquellos que menoscaban la libertad en el ámbito privado, pero también en el público. La decisión de la concesión del asilo dependerá de la gravedad de las circunstancias personales del interesado y siempre el temor del solicitante será fundado cuando se aprecie que su regreso a su país con su correspondiente puesta en práctica de su religión, podrá desencadenar consecuencias que volverán a ponerle en peligro. De esta forma, el Tribunal concede el asilo que Alemania había denegado.

También se puede dar una persecución a un determinado grupo por motivo de su disidencia de la religión mayoritaria de su país de origen. De esta manera, citamos la sentencia del TEDH en el caso NK contra Francia de 2013, en la que un hombre decide convertirse a la minoría Ahmadía, la comunidad antes mencionada.

Quedó entonces comprobado que la comunidad musulmana lo vería como proselitista, convirtiéndolo en un potencial objetivo de tratos inhumanos. En este caso, Estrasburgo no consideró ciertamente la esencia de la libertad religiosa, simplemente la relacionó con el riesgo para la integridad del solicitante derivado del posible ejercicio al divulgar de manera pública su nuevo dogma. Expulsándolo, quedaría violado el articulo 3 del Convenio, el relativo a la tortura.

Otra sentencia importante, esta vez, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, es la del asunto W. H. contra Suecia de 27 de marzo de 2014, elegida especialmente por la colisión del factor religioso con la discriminación sufrida por ser mujer.

La demandante alegó que una deportación implicaría un matrimonio sin su consentimiento, ya que su comunidad los “mandeos” al ser la minoría mas pequeña de Irak, sufrían a menudo la imposición de la mayoría musulmana, incluyendo matrimonios forzados, secuestros, asesinatos y violaciones. La situación se agravaba por el hecho de ser mujer soltera mandea en una Irak sin red jurídica protectora. La dificultad del caso también se dejo ver en su proceso de juicio, que tras una primera valoración de reubicación, la expulsión quedo suspendida por la adopción de una medida cautelar. Finalmente, el caso quedó cerrado porque fue resuelto a nivel interno, otorgándole un permiso de residencia permanente en Suecia. 

ACNUR señala la dificultad de la valoración en casos en los que está presente el factor religioso en las solicitudes de asilo. Algunos de estos inconvenientes que se presentan son la falta del concepto de religión a nivel internacional, los prejuicios hacia algunas religiones, el desconocimiento de las religiones por el conocimiento de una única religión, la valoración de la credibilidad de los motivos alegados.

Conclusión

De la lectura de las distintas sentencias extraigo la tendencia actual de dar un tratamiento normativo y como consecuencia, una respuesta negativa a la mayoría de esas solicitudes. Los datos hablan por sí solos. La gran cantidad de desplazamientos y de solicitudes nos muestran que el asilo tiene una vida prologada, y en los próximos años continuará con su tendencia al alza.

Solo en 2018 se registraron 3,5 millones de solicitantes de asilo del total de los 25,9 millones de refugiados. Por ejemplo, el pasado 1 de marzo despertábamos con una noticia en la que se mencionaba la “suspensión del derecho de asilo” por parte de Grecia y Hungría; y aunque ni la Convención sobre el Estatuto ni la ley de la UE impidan esta suspensión, considero que no se podrá interrumpir como tal un derecho. Diferente es, claro, que se declare la no aceptación de las solicitudes. Ante esta creciente propensión, serán los Estados los que puedan aportar soluciones en el ámbito internacional, ya que, como reconoce ACNUR, pueden llegar todo lo lejos que quieran en cuanto a generosidad de asilo hablamos.

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