Acostumbrarse a ser un preso. Hablemos de la prisionización

Primera parte del artículo colaborativo entre Edgar Artacho y Jessica García: “La prisionización y el clima social penitenciario”.

Puedes leer la segunda parte en este enlace.

Introducción

Los Centros Penitenciarios distan mucho de ser paraísos. Distan mucho de ser ambientes tranquilos, plácidos y cómodos. Pese a que algunos tienen instalaciones relativamente modernas, siguen siendo centros privativos de la libertad. Tuve la “suerte” de realizar un voluntariado en el Centro Penitenciario de mi provincia, donde en el primer día nos hicieron una especie de “tour” a lo largo del centro, visitando las instalaciones y las celdas. 

Creo que el momento que más me marcó, igual que al resto de mis compañeros de voluntariado, fue cuando nos encerraron en una de esas celdas. No creo que fueran más de 2 minutos, aunque el tiempo ahí dentro se percibió de forma diferente. La sensación era bastante diferente a cuando uno se encierra en su habitación. La cárcel es otro mundo.

Los Centros Penitenciarios no son lugares de ocio. Es cierto que hay actividades y que los internos no se pasan 24h en sus respectivas celdas (sólo en casos muy extremos se toman medidas de aislamiento total), pero todas esas actividades son premios y forman parte de los programas de tratamiento y rehabilitación a los que los internos tienen acceso (siempre de forma voluntaria), por lo que no pueden estar usando las instalaciones como quieran, por mucho que nuestro cuñado de turno así lo crea.

Uno debe adaptarse al centro penitenciario. No solo a la estructura formal, sino también a la informal. Al proceso de adaptación (en mayor o menor grado) de los modos comunes, las costumbres y la cultura de la cárcel. Es lo que conocemos con el nombre de prisionización.

¿Qué es la prisionización?

Como decíamos, la prisionización es el proceso por el cual el interno se adapta al propio rol de interno, con todas sus consecuencias. No debemos olvidar que los internos son considerados como una población de riesgo, dadas sus características. 

Nos comenta Moreno (2018) que este encarcelamiento, debido al incumplimiento de la ley, provoca en los internos de forma no consciente la adquisición de nuevas conductas y valores generados por la subcultura carcelaria; influido todo ello por características propias del interno, como su sistema de valores o su personalidad. Este proceso, para Manzanos (1992), se produce en dos tiempos o fases. En primer lugar, se produce una “desocialización”, que se define como una pérdida de valores de la comunidad de la que procede la persona. En otras palabras más simples y claras: la persona se “reinicia”, perdiendo la relación con su ambiente de origen y los valores ligados a ese ambiente. En una segunda fase, se produce una “reidentificación”. En este caso estamos hablando de una incorporación al interno del rol de interno y de los valores que rigen el centro penitenciario.

Algo innegable es que estar en el centro penitenciario tiene una serie de consecuencias. Evidentemente, dichas consecuencias no van a ser las mismas para todos los internos, pues no debemos olvidar que estamos hablando de personas completamente diferentes, cuyo único nexo común es la comisión de un delito. Para Manzanos existen diferentes factores que condicionan la vida de los internos en los centros penitenciarios, los cuales los divide en dos aspectos:

Aspectos de carácter penal y penitenciario

Aquí encontramos aspectos como la finalidad y naturaleza desocializadora de los propios Centros Penitenciarios, el tiempo de estancia en el centro, el número de ingresos (no es lo mismo un primer ingreso que un tercero o cuarto), la frecuencia y tiempo de cada ingreso, las características del centro (tipo del módulo en el que el interno se encuentre o infraestructuras del centro) o las ocupaciones que el interno pueda tener durante la estadía.

Factores personales y sociales

Aquí se destacan especialmente factores como la situación familiar y laboral, la edad, el estilo de salud, el carácter o la personalidad. Todos estos factores pueden tener (y de hecho tendrán) su importancia durante el proceso de prisionización. Especial mención requiere la personalidad, pues resulta una variable con mucha importancia en este proceso. 

Efectos del proceso de prisionización

A este respecto, Arroyo y Ortega (2009), diferencian tres niveles de afectación, según el momento en que se encuentren:

En el momento de la entrada se observa una respuesta regresiva y anhelante; en casos de inadaptación a la situación penitenciaria, empezamos a ver un desajuste de conductas, las cuales pueden tornarse más violentas, además de poder observar un daño afectivo con características ansioso-depresivas. En caso de que esa inadaptación siga produciéndose, entraríamos en el tercer nivel de afectación, donde podemos ver patologías severas.

Considero importante también considerar la aportación de Herrera y Expósito (2010), quienes añaden dos aspectos más. Por un lado, mencionan un acrecentamiento en cuanto a la condición de dependencia así como una desvalorización del propio individuo.

Evaluación de la prisionización

Quizá el instrumento más utilizado para evaluar los efectos de la vida en los centros penitenciarios sea el MQPL (Measuring Quality of Prison Life). Este cuestionario fue ideado por Liebling, en el año 2004. Dicho cuestionario se desarrolla a partir de las experiencias vividas por los internos y funcionarios de los mismos Centros Penitenciarios.

En palabras de la investigadora, los Centros Penitenciarios tienen distinta calidad moral, que a su vez llega a diferentes consecuencias como autolesiones o incluso intentos de suicidio, también tasas de reincidencia distintas (Liebling, 2006).

Conclusiones

A modo de conclusión, podemos decir que controlar este efecto de adaptación, el de prisionización, es fundamental a fin de lograr la máxima calidad de vida posible del interno. Y no es este tema algo que dejar en segundo plano, pues debemos recordar que el objetivo, legalmente al menos, de la privación de la libertad es la rehabilitación y posterior reinserción de la persona.

Sin un correcto bienestar de la misma ni un apoyo real a todos los niveles (recursos materiales, económicos y humanos) a los Centros Penitenciarios, no vamos a ser capaces de ejercer correctamente ni vamos a poder ayudar de la forma más eficiente a los internos para lograr su rehabilitación

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