El Bitcoin vs. el sistema impositivo español

Publicado por Eloy Ballester Meseguer.

Invertir en Bitcoin es, per se, arriesgado. Alterando la famosa frase motivacional, invertir en Bitcoin es como una montaña rusa, solo que en este caso no es tan fácil disfrutar de los momentos de bajada. Y mucho menos si al riesgo intrínseco de la inversión se le suma la incertidumbre de no saber si la Administración tributaria nos va a sancionaro no— por no declarar bien los beneficios que obtenemos por dicha inversión. Es por ello que en este post nos ocuparemos de esta cuestión: ¿cómo tributa el Bitcoin en España? 

Qué es el Bitcoin

Primero de todo, tratemos de entender qué es el Bitcoin. De acuerdo con Cointelegraph, el Bitcoin es una criptodivisa creada en 2009 por Satoshi Nakamoto, un programador o grupo de programadores (la leyenda y los rumores que hay detrás de su figura son, cuanto menos, interesantes), y que es usada y distribuida de forma electrónica. Esto la dota de una serie de características particulares:

  1. Es una moneda que se sustenta en la blockchain, lo cual la convierte en una divisa descentralizada, independiente de toda institución y autoridad gubernamental, ya que son los propios miembros de la cadena quienes la sustentan.
  2. Es anónima: a diferencia de lo que ocurre con los bancos tradicionales —quienes conocen todo sobre sus clientes, desde su identidad y contacto, hasta sus hábitos de consumo—, el wallet o monedero donde se almacenan los Bitcoins de cada cual no tiene por qué conocer la información personal de los titulares

Esto, a priori, puede parecer que será usado sobre todo en actividades delictivas e ilícitas (drogas, blanqueamiento de capitales, terrorismo, etc.), pero no seamos malpensados: es perfectamente posible que algunas personas simplemente quieran que sus finanzas no sean controladas ni rastreadas por ningún tipo de autoridad.

  1. Es transparente. Aunque acabamos de decir que Bitcoin es una moneda anónima, su anonimato solo es relativo, ya que cada transacción que se hace se registra en la blockchain, de manera que, teóricamente, es posible saber qué wallet ha participado de cada transacción y, por ende, cuánto dinero tiene cada una. Sin embargo, rastrear una dirección Bitcoin es, desde el punto de vista humano, una tarea casi imposible.
  2. Es rápida. La blockchain de Bitcoin procesa las transacciones de forma casi instantánea: mientras que un banco tradicional puede tardar varios días en realizar una transferencia de dinero, una persona que esté en cualquier lugar del mundo puede recibir los Bitcoins en cuestión de minutos.
  3. Las transferencias son irrechazables: una vez se envían los Bitcoins a alguien, la transacción no se puede deshacer, a menos que el receptor de la misma quiera enviarlos de vuelta. Esto asegura la recepción del pago, de tal manera que quienquiera que tenga que recibirlo no pueda alegar que nunca le llegó.

Enumeradas estas características, podemos deducir que el Bitcoin tiene una serie de ventajas importantes frente al dinero tradicional, como son la independencia de toda autoridad gubernamental y bancaria, la transparencia y neutralidad que aporta la blockchain, su fácil portabilidad, la posibilidad de no tener que pagar comisiones más que a los mineros de la cadena o la seguridad de poder controlar las transacciones.

Sin embargo, también tiene algunas desventajas, que van desde las económicas (como la volatilidad de su precio: en diciembre de 2017, cada BTC valía 19.900 USD), hasta las técnicas (si se pierde la clave de acceso al monedero de Bitcoin, se pierde el monedero), pasando por las jurídicas, de las que hablaremos mayormente en este post: en concreto, analizaremos cómo tributa el bitcoin en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF).

Los Estados vs. Bitcoin

La forma en que los Estados se rozan con el fenómeno Bitcoin es muy variada: hay países en los que se fomenta el uso de la criptodivisa, como Japón, Corea del Sur o Suiza, y países en los que está totalmente prohibido (Egipto, Bolivia o Pakistán, por ejemplo). 

A día de hoy, España no considera el Bitcoin como un medio de pago, sino como un medio de intercambio. La Comisión Nacional del Mercado de Valores y el Banco de España emitieron, el 8 de febrero de 2018, un comunicado conjunto sobre las criptomonedas y las ofertas iniciales de criptomonedas (ICOs) en el que reconocieron que las criptomonedas —siendo el bitcoin el ejemplo más destacado de ellas— pueden utilizarse, en ocasiones, como una alternativa al dinero de curso legal, pero sin llegar a considerarlas como tal (es por ello que dicen que no es obligatorio aceptar Bitcoin como medio de pago de deudas u obligaciones).

En el mismo sentido se pronuncia la Administración tributaria. Para ella, las criptomonedas tienen el mismo significado que para el Banco Central Europeo: son una representación digital de valor no emitida por un banco central o por una autoridad pública, que no está necesariamente vinculada a una moneda legalmente establecida y que no posee la consideración de moneda o dinero de curso legal, pero que puede ser aceptada por personas o entidades como medio de intercambio (no de pago), y que puede ser transferida, almacenada y negociada electrónicamente.

En consecuencia, para Hacienda, las criptomonedas son bienes inmateriales, computables por unidades (Bitcoins) o fracciones de unidades (satoshis), que no son moneda de curso legal, pero que pueden ser intercambiados por otros bienes (incluso por otras monedas virtuales, derechos o servicios), si se aceptan por la persona o entidad que transmite el bien o derecho o presta el servicio, y que pueden adquirirse o transmitirse generalmente a cambio de moneda de curso legal. Esto es, a efectos fiscales, el Bitcoin no es una moneda, sino un activo, de forma que los beneficios que se obtengan con él tendrán que tributar en el IRPF.

La tributación del bitcoin en el IRPF

Hemos de tener en cuenta que existen dos grandes formas de obtener rentabilidad con el Bitcoin: 1) la tenencia y transmisión, y 2) la minería.

Tenencia y transmisión de Bitcoin

De acuerdo con los artículos 2 y 6.2, letra d), de la Ley 35/2006, de 28 de noviembre, del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y de modificación parcial de las leyes de los Impuestos sobre Sociedades, sobre la Renta de no Residentes y sobre el Patrimonio (en adelante, LIRPF), las ganancias y pérdidas patrimoniales forman parte de la renta del contribuyente, y por tanto están sujetas a tributación.

Si acudimos al art. 33 y ss. LIRPF, nos encontramos con que las ganancias y pérdidas patrimoniales son:

las variaciones en el valor del patrimonio del contribuyente que se pongan de manifiesto con ocasión de cualquier alteración en la composición de aquél, salvo que por esta Ley se califiquen como rendimientos”.

Por tanto, la alteración patrimonial que se produzca como consecuencia de la venta de una moneda virtual deberá hacerse constar en la declaración del IRPF (vid. las Consultas vinculantes de la Dirección General de Tributos V0808-18 y V0999-18).

Además, estas ganancias o pérdidas patrimoniales tendrán que ser declaradas en el periodo impositivo en que las mismas tengan lugar [art. 14.1.c) LIRPF]. Veámoslo con un ejemplo:

En 2020, compramos 1 BTC por 6.000 EUR, y después lo vendemos por 9.000 EUR. En la declaración de la renta de 2020 tendremos que incluir la ganancia patrimonial obtenida, calculada de la siguiente forma, de acuerdo con el art. 34.1 LIRPF:

Ganancia=V. de transmisión-V. de adquisición=9.000-6.000=3.000 €

Suponiendo que en este año no hemos obtenido ningún otro tipo de ingreso, sobre esta base liquidable tendremos que aplicar el correspondiente tipo de gravamen, establecido por el art. 66.1 LIRPF. En nuestro caso, será el 9,50 %, de manera que resultará una cuota a ingresar de 285 EUR.

Ahora bien, ¿qué pasaría si compráramos y vendiéramos Bitcoins de forma sucesiva durante el año? Imaginemos que hemos hecho las siguientes transacciones (los precios de las cuales son, por supuesto, ficticios):

FechaComprar/venderCantidadPrecio BTC/EUR
01/01/2020Compramos5 BTC6.000 EUR
01/02/2020Compramos4 BTC6.500 EUR
01/03/2020Compramos2 BTC7.100 EUR
10/03/2020Vendemos6 BTC6.700 EUR

Lo que más a cuenta nos sale, para declarar la venta de los 6 BTC, es decirle a Hacienda que hemos vendido los 2 BTC comprados el 1 de marzo y los 4 BTC comprados el 1 de febrero, puesto que no obtendríamos ganancias, sino pérdidas patrimoniales:

6 BTC x 6.700 €-[2 BTC x 7.300 €)+(4 BTC x 6.500 €]=-400 €

Declarar pérdidas patrimoniales, en este caso, no solo nos evitaría de tributar por la venta, sino que además nos permitiría compensarlas con otras ganancias obtenidas durante el año (por ejemplo, con la transmisión de acciones); o, si no las hubiera, durante los cuatro años siguientes [art. 49.1.a) LIRPF].

Sin embargo, la LIRPF impone la aplicación del método FIFO (First In, First Out), un principio contable por cuya virtud las primeras unidades compradas (First In) son las que se deben declarar como primeras unidades vendidas (First Out). El art. 37.2 LIRPF establece que:

cuando existan valores homogéneos se considerará que los transmitidos por el contribuyente son aquéllos que adquirió en primer lugar

Aunque esta regla se establece para el caso de la transmisión onerosa de acciones, la Administración tributaria considera que esto también es aplicable a la transmisión de criptomonedas

Así pues, en la venta de 6 BTC del 10 de marzo, tendríamos que declarar la siguiente ganancia patrimonial:

6 BTC x 6.700 €-5 BTC x 6.000 €+1 BTC x 6.500€=3.700 €

Minería de Bitcoin

La minería es el proceso de mantenimiento de los registros, hecho a través del uso de la potencia de procesamiento de computación. Esto es, son los mineros quienes, resolviendo los algoritmos de las transacciones de Bitcoins que los usuarios realizan en la blockchain, las confirman, permitiendo así llevar su legítimo registro para poder determinar cuáles son valederas y cuáles están siendo realizadas sin contar verdaderamente con los fondos para ello. El minero que consigue cerrar el bloque, creando con éxito una secuencia de hash correcta, obtiene una recompensa, que desde octubre de 2017 es de 12,5 BTC.

Pues bien, la renta que el minero obtenga a raíz de la minería es considerada como un rendimiento de actividades económicas en el IRPF.

El art. 27.1 LIRPF establece que los rendimientos íntegros de actividades económicas son aquellos “que, procediendo del trabajo personal y del capital conjuntamente, o de uno solo de estos factores, supongan por parte del contribuyente la ordenación por cuenta propia de medios de producción y de recursos humanos o de uno de ambos, con la finalidad de intervenir en la producción o distribución de bienes o servicios”. 

De esta forma, el minero está realizando una actividad económica, teniendo por tanto que darse de alta den el Impuesto de Actividades Económicas (IAE), llevar libros registros, presentar declaraciones trimestrales, etc.

Pero eso no es todo: el minero también puede obtener ganancias patrimoniales derivadas de las operaciones con bitcoin. Como hemos dicho, su renta consiste en obtener —a día de hoy— 12,5 BTC por cada bloque que sella con éxito; 12,5 BTC que, por supuesto, puede transmitir, obteniendo una alteración patrimonial (la cual también tendrá que tributar).

Esto es por lo que respecta al IRPF, pero no habría que perder de vista otros puntos del sistema impositivo. Así, no hay que infravalorar el poder del Impuesto sobre el Patrimonio (IP), que —aunque las Comunidades Autónomas suelen establecer mínimos exentos— grava el patrimonio neto de las personas físicas, de tal forma que tendríamos que incluir los Bitcoins que tuviéramos a fecha de 31 de diciembre de cada año (que es el momento en que se produce su devengo).

Tampoco habría que dejar de lado el modelo 720, una declaración de carácter informativo referente a las cuentas, títulos, activos, valores, bienes y derechos que tenemos en el extranjero. Aunque, desde el punto de vista técnico, las criptodivisas no están “en el extranjero” (porque no están geolocalizadas en ningún sitio), sí lo pueden estar los Exchangeesto es, las plataformas de intercambio de criptodivisas—, de manera que, en estos casos, habría que declarar las criptomonedas. En este otro post de Discusión Jurídica, el usuario de Twitter ‘Tributal Humor’ (@fiscalrespir) ya nos hablaba de las terribles consecuencias de no presentar el modelo 720, y entre ellas, que el art. 39.2 LIRPF promulga que si no se hace, la tenencia, declaración o adquisición de Bitcoin tendrá la consideración de ganancia patrimonial no justificada.

Por lo tanto, y a modo de conclusión, si se invierte o se trabaja con Bitcoin, no hay que perder de vista a la Agencia Tributaria, porque solo hay dos cosas seguras en esta vida: que existe la muerte y que hay que pagar impuestos. Y si el riesgo que conlleva por sí mismo invertir en Bitcoin no puede minimizarse, por lo menos estar seguro de cumplir con todas las obligaciones tributarias, para evitar una más que posible sanción de Hacienda.

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