El maltrato como causa de nulidad en el matrimonio canónico

Publicado por Juan Miguel Barranco Montes.

El fenómeno del maltrato, experimenta un aumento, al menos en su faceta legal, con un mayor reflejo en número de denuncias y por ello de sentencias. Al propio tiempo, la sociedad toma conciencia de ello, y los cristianos, son por supuesto parte de ella, debiendo ser sensibles las resoluciones canónicas, a una realidad que no es nueva, sino más visible.

La nulidad del matrimonio viene definida por la situación en el momento de la celebración del matrimonio, la capacidad de prestar un consentimiento no viciado, tanto en el conocer, como en el querer.

Quien contrae matrimonio por la Iglesia, debe ser capaz de asumir los votos que expresa, en orden a respetar al otro contrayente, en un plano de igualdad y colaboración sin que existan relaciones de dominación y correlativa subordinación.

Pero cualquier planteamiento que pretenda una declaración de nulidad por maltrato, debe hacer remontarnos en el relato fáctico al origen, es decir, al tiempo de la relación de noviazgo y al del momento de la celebración del matrimonio canónico, y su natural proyección posterior en el matrimonio.

Lo que expongo a continuación es extractado de mis argumentos, en un procedimiento que llevé, y concluyó con la declaración de nulidad del matrimonio.

General

“La Iglesia condena con toda rotundidad los maltratos y defiende la igual dignidad del hombre y de la mujer”, decía Mons. Asenjo.

Pero el maltrato no figura entre las causas que establece el Código de Derecho Canónico; es por ello que de manera autónoma no puede formar parte de la fórmula de dudas, pero sí que su presencia ayuda a determinar la existencia de una doble causal, invocada en su doble  vertiente:

  • Respecto del maltratador. Resulta causa invocable  la incapacidad para asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causa de naturaleza psíquica, imputable al esposo (CANON 1095.3º).
  • Respecto de la víctima. Priva de la necesaria libertad interna a la esposa, lo que en materia de capacidad consensual, cabría amparar en la falta de la madurez o discreción de juicio proporcionada al matrimonio (CANON 1095.2º), afectando al consentimiento matrimonial natural (al que se refieren los CÁNONES 1055 y 1057).

No nos referimos al miedo del CANON 1.103. La jurisprudencia rotal suele mostrarse reticente a la hora de declarar la nulidad de un matrimonio por el miedo, ya que  una situación derivada del miedo no siempre determina la ausencia de suficiente deliberación. Y más en el caso del maltrato, donde en ocasiones, la maltratada no es consciente de que tiene miedo y  puede mostrar externamente un sentimiento de amor por su maltratador.

Y por otra parte es de difícil prueba, ya que todo dependerá de la naturaleza concreta de las circunstancias que configuren el caso, en relación con el también concreto estado anímico del contrayente, retrotraído al momento del enlace. No deja de ser una proyección subjetiva de difícil acreditación, en cuanto al grado de amenaza y concreción en la presión coactiva específica de contraer matrimonio; en cuanto a la capacidad de resistirse a la amenaza en ese tiempo, y en relación a la entidad de tal amenaza. Ello no obsta para que pueda alegarse con carácter preferente, el defecto radical del consentimiento (falta de libertad interna) y, para el caso en que éste no se apreciase, alegar subsidiariamente el vicio del consentimiento (miedo grave). 

El maltratador

Dice el canonista Jaume Riera “la jurisprudencia canónica ha incorporado la doctrina de que los maltratos son causa de nulidad y acepta que los maltratos en la convivencia matrimonial ponen de relieve un trastorno de la personalidad ya latente en el tiempo de casarse, por lo cual de ello puede derivarse una declaración de nulidad“. 

El Dr. Bueno, juez eclesiástico, insistía en que puede demostrar una persona violenta que “en su estructura mental, está hecha de tal manera que plantea y entiende la relación afectiva o de pareja con violencia. Entonces es muy probable que se trate de una psicopatología y por lo tanto el matrimonio es nulo, o bien plantea una relación matrimonial que niega los bienes propios del matrimonio, y por lo tanto no hay verdadero matrimonio

Según la declaración del Vicario Episcopal de Asuntos Jurídicos y Sociales, del Tribunal Eclesiástico del Arzobispado de Oviedo, Don Andrés Pérez Díaz, (Artículo publicado en la revista de A.R.P.U. Movimiento de Adoración Perpetua – Parroquia de Santa María la Real de la Corte de Oviedo):  Las situaciones de maltrato son generalmente un síntoma que se deriva de un problema psicológico. “El maltrato no se da por sí solo, sino que la persona que ejerce esa violencia suele ser alguien dominante, egoísta, narcisista, celoso que no deja a su cónyuge salir de casa, al que va aislando de familiares y amigos…”.

“El maltrato demuestra que la persona que ejerce esa violencia no está preparada para el matrimonio y, por tanto, en ese caso si hay indicios casi siempre llevaría a una nulidad“,

La víctima

Y si esas consideraciones se centran el perfil de maltratador como incapacitado para asumir las obligaciones propias del matrimonio por causa de incapacidad psicológica, no hay que olvidar la alteración del ánimo de la víctima, y cómo le afecta en su libertad para emitir el consentimiento matrimonial.

Estamos ante un supuesto que ya ha sido estudiado por la ciencia de la Psiquiatría y recibe el nombre de síndrome de mujer maltratada.

El síndrome de la mujer maltratada, según Walker y Dutton se define como: “una adaptación a la situación aversiva caracterizada por el incremento de la habilidad de la persona para afrontar los estímulos adversos y minimizar el dolor, además de presentar distorsiones cognitivas, como la minimización, negación o disociación; por el cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al mundo”. 

La mujer siente una gran inseguridad en sí misma y es posible que desarrolle sentimientos de culpa, aislamiento social y dependencia emocional del maltratador

Generalmente, los abusos comienzan en los primeros años de la relación de pareja, aunque en algunos casos se dan ya desde el noviazgo (Amor, Echeburúa, Corral, Zubizarreta y Sarasua, 2002; Fontanil et al., 2002; Matud, en prensa). Un aspecto importante a tener en cuenta es que, generalmente o al menos en los primeros tiempos de relación, la violencia no es constante, sino que se da por ciclos o bien se alternan las fases de agresión con las de cariño, siguiendo típicamente el tratamiento positivo a la finalización del negativo (Dutton y Painter, 1993). 

Otro modelo que busca una explicación para el comportamiento paradójico de las mujeres maltratadas es el tratamiento factorial de Graham sobre reacciones tipo síndrome de Estocolmo en mujeres jóvenes que mantienen relaciones de noviazgo (Graham, Rawlings, Ihms, Latimer, Foliano, Thompson, Suttman, Farrington y Hacker, 1995). 

La teoría de Graham, está basada en la idea de que el síndrome es el producto de un tipo de estado disociativo, que lleva a la víctima a negar la parte violenta del comportamiento del agresor mientras desarrolla un vínculo con el lado que percibe más positivo, ignorando así sus propias necesidades y volviéndose hipervigilante ante las de su agresor (Graham y Rawlings, 1991). 

La combinación del síndrome de Estocolmo y la disonancia cognitiva da lugar a una víctima que no sólo cree que la relación es aceptable sino también que la necesita desesperadamente para su supervivencia. La víctima piensa que se vendrá abajo psicológicamente si la relación termina. En relaciones largas, la víctima ha invertido todo en ella. Ahora la relación decide su nivel de autoestima, valía personal y salud emocional.

Conclusión

En el caso de maltrato, ha de poder adquirirse, en base a la prueba practicada, certeza moral sobre su existencia al tiempo de contraerse el matrimonio, y haber sido invocada como causa de nulidad.

Suele ser antecedente y coetánea a la celebración del matrimonio, y no siendo la vida matrimonial la causa que la desencadena, sino el ámbito natural donde se continuarán manifestando las consecuencias de lo anterior. 

Probado el maltrato en época antecedente y coetánea al consentimiento, quedaría acreditada la incapacidad del contrayente agresor, para asumir las obligaciones inherentes al consentimiento matrimonial, por causa de naturaleza psíquica, que propicia una serie de síntomas, y de entre ellos con carácter de causa-efecto, el maltrato.

Y tal maltrato en la contrayente provoca lógicamente el padecimiento del síndrome de mujer maltratada, lo que produjo su anulación personal, en muchas facetas de su vida, incluyendo naturalmente la anulación de su libertad interna para el  consentimiento matrimonial.

Es por ello, que entiendo que resultará admisible el maltrato, invocando las causales en la fórmula de dudas, amparadas en los cánones 1095.3º, y 1095.2º, 1055 y 1057, y subsidiariamente el 1.103.

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