¿Qué tener en cuenta si decido dedicarme a la Abogacía?

Últimamente han contactado conmigo varias personas preguntándome qué hacer después de estudiar Derecho. No soy un erudito, y tan solo puedo plasmar aquí experiencias y opiniones, pero quién dijo miedo. Por supuesto, nada de lo que escriba debe ser tomado como unas instrucciones, sino más bien como una (de tantas posibles) hoja de ruta para ese recién graduado en Derecho que no sabe ni cómo tenerse en pie.

Si te llama la atención el mundo de la Abogacía, sigue leyendo. Puede que los consejos que he plasmado te sirvan para algo.

Mi perfil de Twitter es @eprietoescobar. Suelo publicar contenido de este estilo. ¡Puedes seguirme si es de tu interés!

He terminado la carrera de Derecho, ¿ahora qué?

No hace falta ser un lince para haberse dado cuenta de a quién va dirigido este post. Imaginemos a una persona (generalmente joven), que acaba de terminar su Grado en Derecho. Después de no pocos años, alegrías, llantos, amistades, desencantos y cervezas, resulta que mira su usuario virtual y ha superado los 240 créditos que conforman la carrera. Quienes hayan terminado la misma, se habrán dado cuenta de que ayer estaban luchando por acabar segundo, y hoy llevan tres años con el título. La época estudiantil se esfuma sin darte cuenta.

A nuestro protagonista, que probablemente es un poco dramas (como yo), le empiezan a asaltar dudas. Cuando estaba inmerso en el sinfín de exámenes, tests y trabajos no tenía tiempo para plantearse nada de su vida, pero ahora que ha terminado, se abre ante su vista un territorio tan amplio como desierto. Preguntas como “¿qué hago ahora?”, “¿me meto en una oposición?”, “¿tiro por el máster de abogacía?”, “¿intento meter cabeza en la universidad?”, etc, bombardean su cabeza noche sí y noche también.

Esa especie de limbo angustioso es de las fases más incómodas por las que pasa un estudiante. Es cierto que si suspendes más de la cuenta te agobias, pero más lo haces cuando después de aprobar todo, cuando deberían reinar la gloria y la felicidad, resulta que solo encuentras el más oscuro de los panoramas. No te desesperes, ojalá que con este artículo organices un poco tus ideas.

Quiero ser abogado

Imaginemos también que nuestro amigo, después de debatirse durante no pocas semanas (incluso meses), decide tirar por la opción del ejercicio de la profesión de abogado. La mayoría de los legos en Derecho equipara nuestra carrera con esta profesión, sin duda la primera que te viene a la mente cuando piensas en Derecho (quién no ha sufrido eso de: “Ah, estás estudiando abogado”).

Yo me decidí por esta salida, pero hay que tener muchas cosas en mente antes de hacerlo. Vamos a echarles un vistazo.

Si quieres leer muchos artículos sobre Abogacía, varios de ellos enfocados a cómo empezar en la profesión, puedes visitar este enlace.

El padrino y la pasantía

Una de las mayores preocupaciones de las personas que me preguntan mi opinión sobre la Abogacía, es el tema de “tener padrino”. Es bien sabido que es mucho más fácil entrar en este mundo si tienes alguien que te enseñe. Ya sea tu padre, algún familiar, un amigo o el jefe de las prácticas que hiciste en la facultad. De la carrera sales con 240 créditos, como dije antes, pero con un conocimiento práctico sobre el Derecho bastante deficiente, y para eso hace falta un profesor.

Tu “padrino” será tu mentor. Es esa persona que te acoge bajo su brazo y te riñe, te enseña, te presenta a otros profesionales, y te tacha dos mil veces los escritos.

Cuando tengas un mentor en nuestra profesión, temerás su boli rojo y añorarás que tus escritos se parezcan a los suyos. Y ya te adelanto que tardarás tiempo.

¿Cómo conseguir un “padrino” jurídico?

El mundo de la Abogacía es un poco opaco. Una vez dentro, todo bien, pero entrar cuesta algo de trabajo. Para ello, necesitarás esa “llave”, esa persona que lleve dentro un tiempo y que te introduzca en sus círculos. Suena a secta, pero seguro que si dejo este párrafo así se te queda grabado en la mente.

En mi caso, yo venía de serie con padrino, de modo que no tuve que preocuparme por ello. Si bien esto es una suerte, quien te diga que es imposible que consigas uno por tu cuenta, lo más probable es que esté intentando quitarte las ganas de ser abogado.

Conozco a compañeros que han conseguido profesionales con los que aprender de formas muy diversas. El caso es que hay que quitarse la máscara de la vergüenza: llama a puertas de despachos, concierta citas, llama por teléfono, manda correos electrónicos, preséntate a los profesionales en congresos y ponencias, asiste a eventos de abogados… En definitiva, ve a ellos. Búscalos. Los profesionales ya tienen su despacho y sus casos, no les haces falta. Si tienes buena disposición, sabes contar tu situación y tienes la valentía para pedir una oportunidad, te aseguro que alguno caerá.

No te tomes la búsqueda de padrino jurídico como la búsqueda de una empresa. Si un abogado te abre su despacho, te está abriendo las puertas de su casa. Sé consecuente.

Si quieres ser abogado, creo que deberías hacer esto desde el momento en el que te metas en el máster. No te tomes ese año y pico como otro curso de universidad. Trata de sacar el máximo provecho de esos meses buscando un despacho. Ahí será donde aprendas y, además, cuando apruebes tu examen de acceso y te colegies, tendrás una silla calentita con una mesa y un ordenador donde empezar a tratar con tus primeros clientes.

¿Se cobra durante la pasantía?

Seamos sinceros: no pienses que vas a empezar cobrando. Hay profesionales de toda índole, pero no es lo habitual. Durante esta etapa de pasantía, tu “salario” serán el mero conocimiento, las presentaciones, el día a día en el despacho, las asistencias a dependencias policiales y juzgados desde un punto de vista profesional y un sitio con tu nombre en el despacho. Al menos, no tendrás que pagar internet ni alquiler, y seguro que tu padrino no te deja pagar ni un café. Parece poco, pero mi opinión es que esta época de pasante hay que vivirla.

De todos modos, no te quedes eternamente en esta etapa. Creo que es lógico que al principio no se cobre, pero a partir de cierto momento, y más si notas que tu presencia deja de ser la de un “pasante” y empieza a ser la de un “trabajador”, es necesario negociar nuevas condiciones.

Es muy importante reiterar la importancia de buscar padrino durante el máster de abogacía. Así, esta época “gratuita” la vivirás mientras estudias, amén de que te servirá para comprender mejor el procesal que des en la Universidad. Aún no tendrás gastos fijos derivados de la profesión, y cuando empieces a trabajar, ya llevarás un tiempo de pasante, por lo que pasarás a la siguiente fase en menos tiempo.

Máster de Abogacía y Examen de Acceso a la Profesión de Abogado

El Máster de Abogacía no deja de ser una preciosa declaración de intenciones, en la que “te enseñarán multitud de herramientas prácticas, claves para el ejercicio y trucos de litigación”. Mentira. Es una excusa legal para sacarte los cuartos y tenerte casi dos añitos más en la facultad. Repasarás procesales, constitucional, y harás varias prácticas. Con suerte acudirás a los juzgados y con más suerte aún, conseguirás hacer unas prácticas en un despacho cuyo titular se ofrezca de buena gana a ser tu mentor.

En mi caso, mientras cursaba el máster conocí a un grupo de personas en mi misma situación que me motivó bastante a continuar mi formación como abogado.

Lo mejor del máster de abogacía es que las personas que están en él tienen las mismas motivaciones profesionales que tú: aprovechad.

Si estás cursándolo, seguro que te has visto hablando de pasantías, celebrando con unas birras que tu compañero ha conseguido una oportunidad en un despacho o tratando de buscar ideas de cómo montar un despacho online entre todos. Aprovecha estas sinergias. Ese networking es enriquecedor y muy motivador.

Después del máster, deberás aprobar el Examen de Abogacía. Si quieres saber cómo preparé y aprobé el examen de mi promoción, te recomiendo que leas esta guía que elaboré al respecto.

No desesperes con estas trabas administrativas. Son solventables. Lo que más te pesará es el tiempo, así que sé inteligente y “sé abogado antes de serlo”. Compórtate como tal, trabaja tu marca personal, busca un despacho (esto, de verdad, es primordial) y créete abogado. Lo demás son meros trámites.

Formación adicional

Ya lo comenté en un artículo dedicado a estudiantes de Derecho: asiste a todo tipo de ponencias, cursos y jornadas. El abogado es un profesional que siempre está estudiando y formándose, pero de un modo diferente a como lo hacía en la universidad.

Olvídate de empollar manuales. Ahora, un par de horas de ponencia con una eminencia en Derecho Digital puede darte las claves para sacar adelante cierto tema que está enquistado en el despacho, o unas jornadas de cláusulas suelo te ayudarán a conocer cómo funcionan en esa rama los juzgados de tu localidad.

Los colegios de abogados, las universidades y multitud de entidades de diversa índole organizan muchas formaciones. No me vengas con que no tienes dinero, porque muchas de ellas son gratuitas, y ya lo he dicho más de una vez: si tienes 10 euros para tomarte un par de copas, también los tienes para dejar de tomártelas e invertirlos en una jornada de violencia de género.

Fórmate, no sé cómo decirlo sin sonar repetitivo. No solo por lo que aprendas, sino porque en estos eventos se reúnen muchas personas con las que podrás relacionarte en lo personal y en lo profesional.

¿Quién sabe? Puede que la mujer que se te sentó al lado en la última ponencia del Colegio de Abogados y a la que ayudaste con cierto problema técnico en su tablet sea la primera letrada contra la que te enfrentes en un juicio, o quizás el señor calvo que tenías delante y que no te dejó ver la pantalla por su altura sea tu próximo padrino jurídico.

Tu trabajo cuesta dinero: date a valer

Estoy seguro de que te has dado cuenta, incluso antes de terminar la carrera, de que tu grupo de amigos te toma como “el de Derecho“. Esta etiqueta, que a priori te debería llenar de orgullo, no es más que un eufemismo para decir “el amigo del que vamos a abusar y al que no le vamos a pagar un duro“. No sé si será porque es demasiado largo, o porque es demasiado descarado, pero eso último lo obvian.

No digo que haya que cobrar a los amigos, y menos desde el principio de tus andanzas profesionales, porque en esos momentos son ellos quienes tienen más mérito al confiarte sus problemas que tú al intentar resolvérselos. El problema se da cuando (y no solo por parte de los amigos o familiares), esa etiqueta se convierte en una suerte de “barra libre de consejos y trabajos jurídicos“.

No. Niégate rotundamente. Puedes hacer rebajas, puedes fraccionar los pagos, puedes no cobrar la primera consulta, puedes cobrar cuando termine el asunto, etc. Pero tienes que cobrar, aunque sea algo simbólico. Y ya no solo porque tu trabajo valga ese dinero y porque tengas que usarlo para comer y para pagar las cuotas derivadas de colegiación y Mutua (o RETA), sino porque, de no hacerlo, el cliente percibe tu trabajo como un mero favor.

Ya que los abogados tenemos la fea costumbre de comer, hemos de cobrar por nuestro trabajo.

Revisar un contrato de arrendamiento, cosa que te cuesta un par de horas (menos tiempo conforme tengas más experiencia), no es un favor gratuito: es tu trabajo. Es a lo que te dedicas. Y precisamente te cuesta poco tiempo llevarlo a cabo porque has estado muchísimo tiempo estudiando para ello.

A nadie se le ocurre no pagar a un carnicero cuando ve que corta la carne en poco tiempo de forma pulcra, al igual que no se le dice a un médico privado que, ya que ha tardado tan poco tiempo en despacharnos, esa consulta no debería ser cobrada.

A mí me pasaba (y me sigue pasando) lo siguiente. Al colegiarme, siendo consciente de la cantidad de cosas que me quedan por aprender, me costaba trabajo pensar que mi conocimiento costase dinero, pero es así. Tu profesión es desenmarañar los nudos jurídicos de las personas. Si puedes hacerlo de manera rápida y efectiva, mejor.

Lleva siempre en la mente que, aunque la Abogacía es preciosa incluso como hobbie, los abogados tenemos que comer. Y, ¿por qué no? También tenemos que darnos un capricho de vez en cuando. No seas una ONG.

Los demás abogados no son enemigos, sino compañeros

Por último, no puedo poner el punto y final sin dejar claro un detalle. Si le preguntas a cualquier persona que no haya pisado un despacho o tribunal en su vida, seguro que te dirá que los abogados, cuando se enfrentan, son “enemigos. Craso error.

Los compañeros, siempre, son eso: compañeros. Hay que recordar que nosotros nos dedicamos a dirigir las estrategias jurídicas de problemas ajenos, de modo que nuestra presencia en los litigios es la de un “director de orquesta“. Puede que hoy me toque a mí dirigir una obra de Bach, y al compañero una de Vivaldi, pero es más que probable que mañana nos cambiemos los papeles.

Así las cosas, no pases por encima de la deontología, porque ello puede suponer que mañana te topes con asuntos que, aunque podrían solucionarse de manera amistosa, se vean abocados a negociaciones enquistadas, y a consecuentes juicios en los que pierden ambas partes.

Quizás porque nuestra profesión es tan antigua, tiene unos usos deontológicos (buenas prácticas de la profesión, o modales de buen abogado, como quieras) muy marcados. Es una delicia toparte con un compañero deontológicamente perfecto porque, entre otras cosas, eso te da la seguridad de que no habrá “malos rollos” entre ustedes.

El único problema que un abogado debería tener con su contrario es quién pagará el café de después del juicio.

Sé educado, correcto y repásate el Código Deontológico (sé que tuviste que estudiarlo para el Examen de Abogacía, pero hacerlo ahora, para el ejercicio profesional, es mucho más entretenido y útil). No caigas en la falsa situación de creer que el contrario es un enemigo. Pelea procesal y jurídicamente hasta el final por los intereses de tu patrocinado, pero no caigas en la desfachatez de las descalificaciones o los desplantes al contrario, y mucho menos al abogado contrario.

Pero cuidado. No todos los compañeros merecen tal denominación. Obviamente, encontrarás muchos que, en efecto, tratan los juicios como encarnizadas batallas personales. En ese caso, compañero, a por ellos (¡jurídicamente hablando!).

Espero que estos consejos hayan sido haces de luz diferentes. Han corrido ríos de tinta sobre esta materia, de modo que aconsejar desde mi opinión y experiencia es lo más original que puedo hacer.

¡Ánimo! Nos vemos en los tribunales.

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