¿Qué delitos cometen las personas con trastorno mental?

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Publicado por Beatriz Jiménez Pérez.

Hoy en día mucha gente sigue creyendo que las personas con trastorno mental son mucho más violentas y por ende, cometen más delitos que aquellas sin trastorno; sin embargo, como apunta Echeburúa: “esta creencia cumple la función de evitarnos aceptar la existencia de maldad en el ser humano”. 

Es cierto que las personas con trastorno mental se encuentran dentro de la esfera de la criminalidad, pero en proporciones mínimas (entre el 2 – 5%) en comparación con la población general; en cambio, estas proporciones aumentan cuando la persona con trastorno mental se convierte en víctima, tanto que, se estima que la victimización de esta población es entre dos y cuatro veces superior a la de la población general (Echeburúa, 2018). Por tanto, la realidad a la que nos enfrentamos hoy en día es que la cifra de víctimas con trastorno mental supera con creces la cifra de victimarios con trastorno mental.

A pesar del reducido porcentaje de victimarios con trastorno mental, es una realidad existente, y no por ello debemos caer en el error de explicar el delito como consecuencia de la sintomatología,  ya que la comisión de un acto delictivo también depende de factores contextuales y situacionales y no únicamente de la psicopatología; es decir, no hay una relación causal establecida entre los distintos trastornos mentales y el acto delictivo (Loinaz, 2019). 

A pesar de que no se haya encontrado una relación causal, se ha observado que determinados trastornos son más proclives a cometer ciertos delitos.

Delitos más frecuentes en personas con trastorno mental

Como he mencionado antes, la mayoría de individuos que trasgreden las normas sociales no presentan trastorno mental, por lo tanto, explicaríamos el delito en función del contexto o la situación del individuo en el momento del incidente. Lo mismo ocurre con las enfermedades mentales. 

Cada trastorno presenta una sintomatología particular. Per se, la psicopatología de la enfermedad no puede considerarse un factor de riesgo, sino que, en combinación con un contexto desfavorable, actúa como un factor de riesgo que incrementa la probabilidad de llevar a cabo una conducta delictiva.

A continuación se expondrán los trastornos mentales y la sintomatología que les hace ser más propensos a cometer ciertos delitos; pero quiero recordar que en ningún caso se podrá desligar al sujeto del contexto (infancia, consumo de sustancias, nivel socio – económico…) en el que se encuentra. 

Los trastornos con más frecuencia dentro de la esfera de la criminalidad son los siguientes: 

  • Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos: estos trastornos son de los más predominantes en conductas violentas, especialmente el trastorno de esquizofrenia paranoide. La violencia está asociada a la presencia de alucinaciones y delirios, los cuales hacen desconectar al sujeto de la realidad y propician que esté inmerso en su mundo interior. El riesgo de violencia aumenta si el individuo presenta de delirios de persecución (se siente perseguido y amenazado), celotípicos (traiciones amorosas), mesiánicos (debe cumplir una misión) o autorreferenciales (creencia de que los demás mantienen ideas peyorativas de él) y ante la presencia de alucinaciones auditivas verbales amenazantes o imperativas (le ordenan).

    Los principales delitos son delitos violentos contra las personas (agresiones, lesiones y homicidios) como resultado de la vivencia de un delirio o alucinación y en respuesta a “sentirse a salvo” de aquello que amenaza su integridad física. 
  • Trastorno de depresión: los síntomas nucleares son la tristeza patológica, anhedonia (pérdida de la capacidad de disfrutar), irritabilidad, apatía (pérdida de interés) y las valoraciones negativas de uno mismo, los demás y el mundo.  La violencia suele ejercerse cuando el sujeto se encuentra en una fase de mejoría –resulta paradójico pero es debido a que finalmente el sujeto “recupera fuerza y capacidades para llevar acciones a cabo” – y las conductas más frecuentes son el suicidio (como consecuencia de sentimientos de desesperanza, humillación…), el suicidio ampliado por compasión (el sujeto antes de suicidarse asesina a su familia o personas allegadas para evitarles problemas futuros) o por venganza (el sujeto antes de suicidarse asesina a varias personas que representan simbólicamente aquello de lo que quiere vengarse).
  • Trastorno bipolar: se caracteriza por la alternancia de fases maníacas (los síntomas nucleares son impulsividad, ideas delirantes y sentimientos de grandiosidad) con fases depresivas (sintomatología similar al trastorno de depresión). Los delitos más frecuentes en la fase depresiva coinciden con los expuestos anteriormente para la depresión y la fase maníaca se asocia con la delincuencia en general (los delitos son producto de la impulsividad o de la percepción de resistencia a los deseos del sujeto, por lo que la actividad delictiva puede abarcar desde conducir de forma imprudente, a un fraude económico o a un homicidio). 
  • Trastorno de estrés postraumático: los principales síntomas son la re-experimentación (el sujeto vive el acontecimiento de nuevo), conductas de evitación (de pensamientos, personas, lugares o situaciones que le recuerden al evento traumático), hiperactivación (hipervigilancia, alteraciones del sueño…) y alteraciones cognitivo – afectivas (estado emocional negativo, creencias negativas…). Los delitos más frecuentes son delitos contra las personas (agresiones y lesiones) y normalmente son una manifestación de la ansiedad, la ira y los sentimientos de venganza que experimentan. 
  • Trastorno explosivo intermitente: se caracteriza por episodios temporales de ira/agresividad desproporcionados y por ello los delitos más frecuentes suelen ser agresiones contra las personas o el patrimonio como consecuencia de un problema de control de impulsoses decir, la acción no persigue un beneficio o un interés personal–. 
  • Trastornos inducidos por sustancias: se engloban dentro de este grupo todos los trastornos mentales que aparecen como consecuencia de un consumo abusivo de sustancias. Dependiendo del tipo de trastorno que desarrolle, el individuo presentará una sintomatología u otra, aunque coinciden en la actividad delictiva. Por un lado encontramos violencia instrumental encaminada a la obtención de droga (robos, robos con violencia e intimidación) y por otro lado la violencia reactiva bajo los efectos de la sustancia (desde agresiones físicas a homicidios). 
  • Parafilias: el componente común de los trastornos pertenecientes a esta categoría y por ende la motivación subyacente del acto delictivo es que, las fantasías o estímulos parafílicos son necesarios para alcanzar la excitación sexual, es decir, la finalidad última del delito es la excitación y satisfacción sexual. Es importante destacar que en este tipo de delitos, hoy en día, no es necesaria la interacción víctima – victimario, ya que estos últimos pueden satisfacer sus necesidades en Internet (lo que no exime de estar cometiendo un delito). Los trastornos más comunes son la pedofilia y el sadismo sexual, siendo los delitos más comunes en la pedofilia el abuso sexual y la pornografía y corrupción infantiles; y en el sadismo sexual desde la agresión física y la tortura hasta el asesinato.
  • Trastornos de personalidad: debido a su complejidad y extensión, a fin de resumir información, se expondrán las principales características y delitos de cada clúster
  1. Clúster A: dentro de este bloque encontramos a los trastornos esquizoide, esquizotípico y paranoide de la personalidad. Suelen ser consideradas personas excéntricas y que presentan una interpretación extravagante de la realidad. Dentro de la esfera de la criminalidad encontramos en mayor medida el trastorno paranoide de la personalidad en la comisión de homicidios y agresiones físicas contra las personas.
  2. Clúster B: a este grupo pertenecen los trastornos antisocial, límite, histriónico y narcisista de la personalidad. Normalmente se definen como personas de elevada emocionalidad y conducta dramática. A excepción del trastorno histriónico, el resto presentan una elevada incidencia en la comisión de delitos, abarcando la mayoría de ellos.
  3. Clúster C: finalmente nos encontramos con los trastornos evitativo, dependiente y obsesivo – compulsivo de la personalidad. Suelen considerarse personas temerosas y ansiosas, por lo que es el grupo que menor relación presentan con la conducta delictiva. En caso de implicarse en algún delito, actuarían como cómplices ante el temor a ser abandonados o rechazados

Si el lector deseara más información acerca de la relación entre los Trastornos de Personalidad y la delincuencia, puede dirigirse al siguiente artículo: “¿Se puede imputar a una persona con un Trastorno de Personalidad?”.

¿De qué nos sirve estudiar este tipo de sintomatología?

Conocer aquella sintomatología que constituye un factor de riesgo de la conducta delictiva es fundamental de cara a su prevención y tratamiento, ya que muchas veces, es difícil o imposible controlar y modificar el contexto del individuo

Hay dos ámbitos pertenecientes a la Psicología que trabajan conjuntamente con el sistema judicial, por lo que respecto a la prevención y tratamiento de las conductas delictivas resultan de especial importancia y por ello la formación especializada en este ámbito.  

Por un lado encontramos la figura del psicólogo forense, el cual debe realizar una buena evaluación psicológicadónde se expliquen las circunstancias que han dado lugar al delito– ya que esta influirá en la posterior sentencia y condena del individuo; y por otro lado está la figura del psicólogo clínico, que podrá detectar y poner en marcha tratamientos eficaces para paliar la sintomatología. 

Por tanto, como conclusión final, se puede poner de manifiesto la relevancia de tener conocimiento sobre estas patologías y su sintomatología a fin de su prevención y para llevar a cabo una correcta evaluación y  por ende, una sentencia y condena justa que permitan la posterior rehabilitación del acusado.

Bibliografía

American Psychiatric Association (2013). DSM-5. Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Barcelona: Masson. 

Echeburúa, E. (2018). Violencia y trastornos mentales. Una relación compleja. Madrid: Pirámide. 

Ortiz-Tallo, M. (2019). Psicopatología clínica: Adaptado al DSM-5 (2.ª ed., Psicología). Madrid: Pirámide. 

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