¿Cómo es el tratamiento psicológico para agresores sexuales en el ámbito penitenciario?

Publicado por Jessica García Luna.

El artículo 116 del Reglamento Penitenciario contempla los programas de actuación especializada, como por ejemplo los programas de deshabituación a las drogas, y el programa que encabeza este título: “para internos condenados por delitos contra la libertad sexual a tenor de su diagnóstico previo (…)”. Añade además que “ el seguimiento de estos programas será siempre voluntario y no podrá suponer la marginación de los internos afectados (…)”. Es voluntario, aunque por supuesto, si realiza la terapia se tendrá en cuenta para permisos, salidas programadas, progresiones de grado, notas meritorias, entre otros. Como se puede observar en la redacción del artículo, este programa irá dirigido exclusivamente a internos con una sentencia condenatoria por esa tipología delictiva, detalle que no se observa en el programa de deshabituación, que irá dirigido a cualquier interno “con independencia de su situación procesal y de sus visicitudes penales y penitenciarias”

Orígenes del tratamiento de la agresión sexual

Cualquier tipo de criminalidad en el pasado era considerado como una simple desviación moral que no merecía más atención que la de castigar duramente a la persona que había cometido el delito. En el caso de la agresión sexual, la única razón que se daba era de tipo fisiológico u orgánico. A finales del siglo XIX y a lo largo del siglo XX, se pensaba que la agresión sexual se debía a una serie de desajustes hormonales y, por lo tanto, se solucionaba con electroshocks, o castración física o química a través de fármacos. Los más utilizados fueron hormonas sexuales femeninas, neurolépticos y antiandrógenos. No obstante, existe todavía cierta aceptación de la utilización de la farmacología, pero siempre que se haga de manera combinada con la intervención psicológica (y con consentimiento expreso del penado).

Por ejemplo, en España se utilizan inhibidores de la recaptación de la serotonina e inhibidores de la destrucción de la hormona liberadora de la gonadotropina. 

La principal crítica a la utilización de fármacos es que produce numerosos efectos secundarios, y que realmente no se observa un cambio a nivel comportamental. Tenemos que tener en cuenta que la agresión sexual es un acto de poder y no una mera actividad sexual desviada, por lo tanto si se modifica el componente fisiológico sin atender al componente motivacional de la agresión, no se estaría produciendo ningún cambio.

Tendríamos que esperar hasta la década de los 80 para que se empezara a considerar la terapia psicológica como un medio para la modificación de la agresión sexual. Marshall y Barbaree (1989) proponen el primer modelo etiológico (que se nutre de importantes investigaciones previas de autores como Abel y Becker, entre otros) y atribuyen el desarrollo de la agresión sexual a la suma entre factores de vulnerabilidad e influencias ambientales, como por ejemplo: ser víctima de abuso sexual infantil, problemas emocionales, distorsiones cognitivas acerca de las mujeres o de la utilización del poder simbólico...

A partir del mismo, desarrollan un programa de intervención basado en los siguientes pilares: 

  1. Autoestima
  2. Distorsiones cognitivas
  3. Empatía
  4. Conducta sexual
  5. Prevención de recaídas

¿Qué tratamiento psicológico se aplica en España?

Los programas para tratar la agresión sexual tienen que tener una serie de características en común para que sean efectivos: deben tener un corte cognitivo – conductual, abordar diferentes áreas del comportamiento, contemplar la agresión sexual como un problema de aprendizaje y que sean programas largos e intensos.

Con esta idea se desarrolló el programa de Garrido y Beneyto (1996), que se aplica en las cárceles españolas desde 2005 hasta fecha de hoy, con modificaciones que lo han ido perfeccionando. Se han basado en modelos teóricos fundamentales como el modelo etiológico de Marshall y Barbaree que hemos visto antes, el modelo de estilo de vida criminal de Walters y la prevención de recaídas de Pithers.

El programa se ha diseñado como si la agresión sexual fuera un comportamiento adictivo y deja de lado los múltiples recorridos que puede tomar alguien que llega a ser un agresor sexual (es decir, no tiene tanto en cuenta las características individuales). Esto sucede porque, al fin y al cabo, se trata de un programa grupal que debe atender a las características comunes de la agresión sexual. No obstante, no excluye la posibilidad de que se realicen sesiones individuales.

El programa comienza con una previa evaluación que debe abordar las diferentes áreas que se van a tratar. A pesar de que el manual oficial de Instituciones Penitenciarias solo especifica la Escala de Cogniciones de Abel y Becker, se pueden utilizar muchos otros instrumentos de evaluación, como la batería EPAS, IRMA, IBAQ… siempre que cuenten con garantías psicométricas. El tratamiento como tal está dividido en dos partes:

  • Tratamiento A de toma de conciencia: aborda elementos tales como relajación, biografía, distorsiones cognitivas, problemas emocionales, comportamientos violentos y mecanismos de defensa
  • Tratamiento B de toma de control: aborda elementos tales como empatía, estilo de vida positivo, educación sexual, modificación del impulso sexual y prevención de recaídas. 

El programa tendría una duración de 9 – 11 meses, dependiendo de la cantidad de sesiones grupales que se dediquen a la semana, y 3 horas por cada sesión.

¿El programa se podría aplicar a paidofilia o pederastia?

No se aplicaría en el caso de paidofilia por sus características psicológicas específicas, consecuencia de esto, tiene un programa propio denominado “Fuera de Red”.

Por otro lado, a pesar de que el manual oficial de IIPP sí recoge ejercicios específicos para pederastia, no especifica si las sesiones grupales podrían hacerse conjuntamente con agresores sexuales de mujeres.

En mi opinión, sería un grave error realizar una terapia conjunta por diversas razones: generaría bastantes conflictividades, además el marco teórico del programa se concibió para agresores sexuales de mujeres, y porque los procesos psicológicos en la agresión sexual a menores son diferentes y se requiere de una mayor intensidad en la modificación del impulso sexual y las distorsiones cognitivas.

¿Se podría aplicar a agresoras sexuales?

Según autoras como Yagüe, existen diferencias individuales en los procesos criminógenos de mujeres delincuentes, por lo tanto no sería posible aplicar este programa a mujeres, también debido al escaso número para formar grupos terapéuticos. Actualmente, solo existe un programa terapéutico para mujeres delincuentes, “Ser mujer” dirigido a aquellas que también han sido víctimas de violencia de género, independientemente de la tipología delictiva. Falta mucha investigación al respecto. 

¿Qué técnicas o recursos se utilizan en este programa?

Todos los módulos utilizan más o menos los mismos recursos, con el objetivo de facilitar la adquisición de procesos, estos son algunos ejemplos:

  • Recursos expositivos: debates, lectura o vídeo o discusión, fichas recordatorias, utilización de metáforas…
  • Recursos de análisis: testimonios de víctimas, autorregistros diarios, análisis de mitos…
  • Desarrollo de habilidades: role-playing, modelado, moldeado, inversión de roles, dinámicas de cohesión…

Debido a la gran extensión que tiene el programa, me ha parecido adecuado centrarme en módulos específicos, para ello pregunté por mis redes sociales qué temas os resultarían más interesantes o curiosos para que conocieráis las técnicas psicológicas concretas que se utilizan. Estas fueron las opciones más votadas:

Modificación del impulso sexual

La aplicación de las técnicas va precedida por unas sesiones de educación sexual (dado que se asume que fue pobre o inexistente) en la que se aprende anatomía sexual, procesos de maduración sexual, consentimiento, análisis de publicidad sexista, etc. Una vez consolidado esto, se van a utilizar principalmente tres técnicas:

  1. Parada de pensamiento: consiste en realizar un listado de las ideas desviadas, analizar cuáles son las situaciones que pueden provocar esos pensamientos, realizar ensayos en la sesión utilizando un recurso externo para detener ese pensamiento y sustituirlo por un pensamiento adaptativo.

    Por ejemplo, ante la idea desviada necesito acostarme con alguien o no respondo de mí”, se realiza un golpe fuerte para detener el pensamiento, después se realiza un refuerzo encubierto (el interno se induce un estado de relajación) y se repite mentalmente una frase conciliadora “no pasa nada, tranquilízate, se pasará rápido”. En condiciones reales se podría utilizar como recurso externo estirarse una goma atada en la muñeca o una palabra clave como “stop”. 
  2. Sensibilización encubierta: cada interno crea una jerarquía de ítems (conductas, pensamientos, emociones) que les provocan los impulsos sexuales desviados y después eligen escenas reales o imaginarias que les produzcan dolor, asco, terror…Los internos relatarán delante de los demás estas fantasías sexuales desviadas, en un momento dado se interrumpe al interno y se le pide que describa la escena ansiógena.

    Por ejemplo: la fantasía sexual puede ser atar a una mujer y violarla, y la escena ansiógena recordar el momento de la detención o la entrada a prisión. La asociación entre un evento que produce placer con uno que produce displacer actúa como contracondicionamiento. Se repetirá esta tarea durante varias semanas.
  3. Recondicionamiento masturbatorio: se les pide que en la intimidad se masturben con fantasías sexuales adaptativas (previamente escogidas con el psicólogo). Una vez que lleguen al clímax, verbalizarán las fantasías sexuales desviadas. Lo que se produce durante orgasmo es un período refractario en el que es imposible la excitación, por lo tanto también actuaría como base el contracondicionamiento.

Distorsiones cognitivas

Las distorsiones cognitivas en base al modelo de Beck son errores en el procesamiento de la infromación, por ejemplo: sobregeneralización, personalización, minimización… y todos los cometemos con una gran cantidad de situaciones.

En este programa se identifican los asociados con la agresión sexual y se realiza un debate socrático, en el que se trata de enfrentar al interno con sus propias contradicciones para desmontar la distorsión y sustituirla por el pensamiento adaptativo. También se utiliza el esquema ABC de Ellis, que parte de la idea de que no son las situaciones las que producen una perturbación emocional sino nuestros pensamientos hacia las situaciones. A través de una sencilla tabla se analiza la progresión que tiene como resultado una agresión.

Por ejemplo:

A. (activating event): estoy ligando con una mujer
B. (belief): voy a aprovechar que está borracha (distorsión)
C. (consequencies): acciones que preceden a la agresión sexual/agresión sexual

Se proponen diferentes situaciones reales o imaginarias y que piensen en alternativas, por ejemplo, en este caso el pensamiento adaptativo sería no está en condiciones de consentir una relación sexual, por lo tanto no haré nada”.

Prevención de recaídas

La prevención de recaídas tiene como objetivo impedir la comisión de nuevos delitos. Se realiza al final de cada programa de tratamiento como forma de integración de todo lo aprendido.

Como comentaba anteriormente, la prevención de recaídas en agresión sexual se realiza en base al esquema de prevención de recaídas de Pithers. Parte de la idea de que los delitos sexuales son planeados, y se realizan con la siguiente progresión: emoción – fantasía – distorsiones cognitivas – plan – acto.

Si la persona es capaz de regularse en cualquiera de esos pasos, podrá evitar el acto. Para ello se enseñan diferentes estrategias: identificación de precursores, control de estímulos, estrategias de escape y evitación… Todo ello se puede realizar aprovechando permisos de salida proponiendo tareas a los internos en su entorno habitual.

Las principales técnicas psicológicas que se utilizan son la reestructuración cognitiva (que recoge técnicas como las mencionadas para las distorsiones) y el contrato conductual, que consiste en un documento escrito que especifica los objetivos a alcanzar (comprometidos con el psicólogo y sus compañeros) para evitar una recaída.

¿El programa es eficaz para reducir la reincidencia?

Autores como Redondo, Martínez o el propio Garrido encuentran que, en los últimos años, la tasa de reincidencia de agresión sexual se sitúa en el 18%, sin embargo, si se aplica el tratamiento, esta tasa se reduce drásticamente al 4%.

Además, se destaca que esta reincidencia no se hace mayoritariamente en la agresión sexual, sino en otras tipologías delictivas, y esto puede deberse a una fuerte tendencia antisocial (datos que concuerdan con investigaciones en otros países).

Los datos son bastante alentadores, aunque la investigación todavía es poca y limitada. Además, se reconoce que en los cambios observados pueden influir otros factores, como la edad a la que recibe el tratamiento, el tiempo en prisión, la reincidencia anterior, etc.

No podemos olvidar tampoco que España es uno de los países con menor reincidencia de Europa, por ello es fundamental seguir poniendo esfuerzos en la investigación para aplicar las mejores técnicas y así seguir reduciendo la reincidencia con programas excelentes como este. Todavía quedan muchos retos por delante.

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