Acercamiento básico a los derechos de autor

Publicado por Paula Sánchez Manzanero.

El mundo en el que vivimos hoy en día gravita alrededor de las ideas, las marcas, las patentes, las creaciones intelectuales… y, por consiguiente, de su protección

Los derechos de autor protegen las creaciones intelectuales de seres humanos y, excepcionalmente, de las personas jurídicas. 

Estas creaciones, deben ser originales y estar expresadas en soporte tangible o intangible, puesto que no se tienen en cuenta las ideas o estilos, si no la expresión formal que identifique la obra con suficiente precisión y objetividad. Así, hablamos por ejemplo de libros, composiciones musicales, películas, pinturas, diseños de obras arquitectónicas…

Primero, su regulación

Esta rama del Derecho se encuentra regulada a nivel nacional en la Ley de Propiedad Intelectual, en el Código Penal en sus artículos 270, 271, 272, 287 y 623 y en otras leyes, como la de Servicios de la Sociedad de la Información y Comercio Electrónico.

Hasta la fecha, la normativa Comunitaria dispone de 11 Directivas, que unifican la regulación en toda la Unión Europea (UE).

A nivel Internacional existe el Convenio de Berna de 9 de septiembre de 1886, para la protección de las Obras Literarias y Artísticas, revisado en París el 24 de julio de 1971, ratificado por España el 2 de julio de 1973 y firmado por más de 170 estados. También disponemos del Acuerdo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio.

¿Cómo valorar el mínimo de originalidad exigible en una creación? 

Existen dos tesis al respecto:

La tesis subjetiva establece la obra como reflejo de la personalidad de su autor, obra que no es copia de otra. En función de esta tesis, “toda expresión creativa es original en tanto haya sido obra de su autor, es decir, realizada por él y sea fruto de su esfuerzo personal e individual, sin ser copia de una obra anterior”, como así aclara la Drª Concepción Saiz García y han reiterado en numerosas ocasiones tanto nuestro Tribunal Supremo como el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Sin embargo, la tesis objetiva otorga mayor seguridad jurídica. Requiere una creación novedosa respecto a obras preexistentes, por lo que es requisito haber creado algo nuevo, no existente previamente, esto es, como requisito principal la novedad. Así lo ha establecido el Tribunal Supremo en diversas sentencias: 

  • Núm. 542/2004 de 24 de junio: “Es original la creación novedosa, y esa novedad objetiva es la que determina su reconocimiento como obra y la protección por la propiedad intelectual que se atribuye sobre ella a su creador.
  • Núm. 253/2017 de 26 abril: “Actualmente prevalece el criterio de que la originalidad prevista por el art. 10.1 TRLPI exige un cierto grado de altura creativa. Esa concepción objetiva permite destacar el factor de recognoscibilidad o diferenciación de la obra respecto de las preexistentes, imprescindible para atribuir un derecho de exclusiva con aspectos morales y patrimoniales, lo que requiere que la originalidad tenga una relevancia mínima suficiente.

Los derechos adquiridos

El mero hecho de crear una obra otorga a su autor derechos sin necesidad de procedimiento de registro o inscripción alguno. 

Los derechos que adquiere el autor automáticamente son de dos clases, derechos patrimoniales y derechos morales.

Los derechos patrimoniales

Comenzando por los derechos patrimoniales, estos a su vez se dividen en derechos exclusivos y derechos de mera remuneración. Estos últimos otorgan un papel pasivo al titular de la obra, únicamente le facultan a cobrar una cantidad de dinero en caso de darse determinados usos, pero no a autorizar o prohibir dichos usos. Se conceden como respuesta a situaciones de desequilibrio con carácter compensatorio e irrenunciable a través de las entidades de gestión (SGAE, AIE…).

Sin embargo, los derechos exclusivos son más complejos, permiten a su titular autorizar o prohibir el uso de su obra, pueden ser objeto de transmisión y se dividen en el Derecho de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación:

  • El derecho de reproducción faculta la fijación directa o indirecta, provisional o permanente, por cualquier medio y en cualquier forma, de toda la obra o parte de ella (una parte sustancial de la obra o muy característica si se trata una pequeña parte), que permita la obtención de copias o su comunicación a otros, es decir, la duplicación del objeto corpóreo. Esto ha variado con motivo de los avances tecnológicos, lo que lleva a incluir también copias caché, descargas, copias en memoria RAM, reproducciones efímeras o provisionales, etc. Un ejemplo de este derecho sería la grabación de una clase online o la descarga de una canción en mp3.
  • El segundo derecho es el de distribución, que engloba todo acto por el cual se pone a disposición del público el original o las copias de la obra, en un soporte tangible, mediante su venta (el adquirente no obtiene un derecho de reproducción), alquiler, préstamo, o de cualquier otra forma. Como es evidente, va implícita una reproducción siendo el elemento importante el tangible, de lo contrario no existirá distribución. Además, debe existir la posibilidad de acceso por parte del público a los soportes, satisfaciendo razonablemente sus necesidades como concepto de público que debe acceder para que sea considerado una distribución. Engloba también el control de la circulación posterior de esos ejemplares. Si la venta se realiza en algún Estado del Espacio Económico Europeo, una vez que está en el tráfico, el titular pierde el derecho de autorizar o prohibir la distribución del original o copias distribuidas. Un ejemplo de este derecho es la venta de una obra literaria o de un vinilo.
  • Por otro lado, el derecho de comunicación pública establece que una pluralidad de personas puede tener acceso a la obra sin previa distribución de ejemplares a cada una de ellas. No requiere simultaneidad espacial y temporal entre el público y el acto, ya que también puede darse este derecho a través de la puesta a disposición con público sucesivo. Por ejemplo, un concierto o un disco en Spotify.
  • Por último, los autores cuentan con el derecho de transformación de su obra, según el cual los titulares podrán autorizar o prohibir la traducción, adaptación y cualquier otra modificación de la que se derive una obra diferente. Los derechos de la obra resultado de la transformación corresponderán al autor de esta última, sin perjuicio del derecho del autor de la obra preexistente de autorizar, durante todo el periodo de protección de sus derechos sobre ésta, la explotación de esos resultados. Ejemplos de este derecho serían la serie Juego de Tronos basada en sus libros o un remix de una canción.

Los derechos morales

El otro gran grupo de derechos son los morales. Se trata de unos derechos inalienables e irrenunciables que comprenden el Derecho de inédito o divulgación, Derecho de divulgación bajo su nombre, seudónimo o signo o anónimo, Derecho a la paternidad, Derecho a la integridad, Derecho de modificación, Derecho de retirada o arrepentimiento y Derecho de acceso

El plazo de protección

Todos los derechos mencionados, tienen la duración de toda la vida del autor y 70 años después del fallecimiento de este, contándose desde el 1 de enero del año siguiente al del vencimiento. 

Cuando hay varios autores, se tiene en cuenta la fecha del último coautor fallecido; y para el caso de obras anónimas, seudónimas u obras colectivas de personas jurídicas, el plazo comienza a contar desde su divulgación lícita

¿Cómo se clasifican las obras?

En función del número de autores y de la forma en que estos colaboren, una obra puede ser una creación individual, en colaboración, colectiva, compuesta o derivada. Cada una tiene unas especialidades distintas:

  • De creación individual, como por ejemplo una novela.
  • La obra en colaboración es un trabajo donde todos los autores aportan al mismo nivel en la modalidad de comunidad de bienes. Rige el acuerdo de las partes, que decidirán si se puede utilizar o no la parte que cada una de ellas ha creado. Si se da el caso de que alguno de los autores se niega de forma no razonable a la divulgación o modificación, será el juez quien decida. Se podrá utilizar individualmente siempre que no haya pacto en contrario y no se perjudique a la obra en conjunto. Un ejemplo de esta clase de obras es un manual de Derecho o una película. 
  • Por el contrario, en las obras colectivas existe una relación vertical, donde quien ha tomado la iniciativa de creación será el que disponga de los derechos, coordinará la participación de los coautores, editará y divulgará bajo su nombre. En este caso la Ley permite que personas jurídicas sean titulares de derechos de propiedad intelectual. Por ejemplo, un periódico o una enciclopedia.
  • La obra compuesta es una obra nueva que incluye una obra anterior sin la participación de su autor, siendo necesaria la autorización y los derechos de explotación pertinentes.
  • En las obras derivadas, sin embargo, el autor originario participará de las siguientes creaciones.

Los límites a los Derechos

Todos estos derechos a los que he hecho referencia tienen unos límites. Se encuentran recogidos en nuestra Constitución, como son la libertad de información o expresión, el derecho a la educación, acceso a la cultura y la investigación científica… y están mayormente concretados en una lista taxativa de la Ley de Propiedad Intelectual

Los límites referidos son: Reproducciones provisionales y copia privada, Seguridad y procedimientos oficiales, Accesibilidad para personas con discapacidad, Cita e ilustración en la enseñanza, Trabajos sobre temas de actualidad, Utilización de bases de datos, Utilización de las obras con ocasión de informaciones de actualidad y de las situadas en vías públicas, Reproducción, préstamo y consulta de obras mediante terminales especializados en determinados establecimientos, Utilización de obras huérfanas, Actos oficiales y ceremonias religiosas y Parodia.

Para poder oponer estos límites, aparte de cumplir los requisitos exigibles de cada uno de ellos, deberán cumplir la llamada Regla de los tres pasos, según la cual el uso debe encuadrarse en un límite tipificado en la ley, no puede suponer un perjuicio injustificado a los intereses legítimos del autor y no puede ir en detrimento de la explotación normal de la obra.

Especialmente delicado es el límite de la parodia, dadas las dificultades para concretar qué es y qué no una parodia. La Audiencia Provincial de Barcelona estableció, con fecha 10 de octubre de 2003, y así reiteró en 2013, que puede considerarse parodia la transformación de una obra conocida que incorpore un cambio, siempre tendiente a su ridiculización con un elemento cómico que le quite seriedad y con límites según la obra que se parodia.

La transmisibilidad de los Derechos

La adquisición de los derechos se realiza de forma originaria por la mera creación de la obra por parte de su autor o por adquisición derivativa, como resultado de la cesión de sus derechos a un tercero adquiriente

Los derechos se transmiten inter vivos y mortis causa y pueden ceder y contratar todos los mayores de edad y los mayores de 16 años que vivan de manera independiente con consentimiento de los padres o tutores. Eso sí, la adquisición del soporte no implica cesión de los derechos del autor

La transmisión debe formalizarse siempre por escrito, pero esta previsión no implica la ruptura del principio de libertad de forma que rige nuestro derecho (será plenamente válido un contrato verbal de cesión de derechos de autor), sino que el autor puede obligar al cesionario a poner lo pactado por escrito, y si este se niega, le da la capacidad de resolver el contrato.

Existe la posibilidad de ceder sólo un derecho (por ejemplo, Comunicación Pública) y dentro del mismo, una sola modalidad (por ejemplo, Puesta a Disposición), e incluso cesiones sólo para determinados usos

Existen dos tipos de cesión, exclusiva y no exclusiva.

  • La cesión en exclusiva deberá otorgarse expresamente con ese carácter y supondrá que el cesionario podrá explotar la obra con exclusión de cualquier otra persona, incluido el cedente, pudiendo perseguir las violaciones que afecten a las facultades que se le hayan concedido, transmitir a otro su derecho con el consentimiento expreso del cedente (salvo cuando la transmisión se lleve a efecto como consecuencia de la disolución o del cambio de titularidad de la empresa cesionaria) y obligándose a poner todos los medios necesarios para la efectividad de la explotación concedida sin que quepa pacto en contrario.
  • En la cesión no exclusiva el cesionario queda facultado para utilizar la obra de acuerdo con los términos de la cesión y en concurrencia tanto con otros cesionarios como con el propio cedente. Su derecho será intransmisible salvo en los supuestos de disolución y cambio de titularidad de la empresa.

La remuneración confiere al autor una participación proporcional como regla general en los ingresos de la explotación, en la cuantía convenida con el cesionario, salvo excepciones en que podrá estipularse una remuneración a tanto alzado. En estos casos, cabrá acción de revisión por remuneración no equitativa en los diez años siguientes, si se produjese una manifiesta desproporción entre la remuneración del autor y los beneficios obtenidos por el cesionario.

Si bien es cierto que cabe la cesión a título gratuito, habrá que analizar sus consecuencias fiscales, puesto que es considerada donación.

Si no se expresan específicamente y de modo concreto las modalidades de explotación de la obra, el tiempo de transmisión se limitará a cinco años y el ámbito territorial al país en el que se realice la cesión. Para el resto de los factores, quedará limitada a aquella que se deduzca necesariamente del propio contrato y sea indispensable para cumplir la finalidad del mismo.

Existen otros modos de transmisión. Es el caso de los autores asalariados, donde la transmisión al empresario de los derechos de explotación de la obra creada en virtud de una relación se regirá por lo pactado en el contrato y, a falta de pacto se presumirá que los derechos de explotación han sido cedidos en exclusiva y con el alcance necesario para el ejercicio de la actividad habitual del empresario

Las obras creadas en el marco del sector público cuentan con una presunción de cesión a la Administración contratante salvo pacto en contrario. 

Otras transmisiones se dan como resultado de investigaciones científicas, en el marco de la universidad, en los encargos de obra, por hipotecas y embargos de los derechos, a través de licencias creative commons o por transmisión mortis causa.

El Registro… ¿sí o no?

Registrar es un acto declarativo de derechos. Tendrá carácter público y único en todo el territorio nacional, requiere de prueba cualificada y admite prueba en contrario. Se efectúa ante el Registro General de la Propiedad Intelectual, aunque también se puede realizar ante notario.

Su procedimiento, según la legislación nacional carece de efectos fuera de España (a diferencia de las marcas o las patentes), pero casi todos los estados utilizan el mismo criterio. El juez decidirá sobre la fuerza probatoria de los registros extranjeros.

El registro, por tanto, es un medio de prueba para acreditar a la hora de constar como titular desde una fecha concreta. Esa actividad de registro se da a efectos probatorios, pero no es necesaria

Como conclusión…

La Propiedad Intelectual es una rama del Derecho obligada a no parar de desarrollarse y adaptarse a la realidad en la que vive. Los enormes avances tecnológicos, la forma de relacionarnos, compartir y consumir cultura de los últimos años ha obligado a los Tribunales españoles y europeos a pronunciarse y actualizar las interpretaciones respecto de la legislación sobre creaciones intelectuales. ¿Podrá un robot llegar a ser titular de creaciones? Por el momento no, pero en el futuro es seguro que nos encontraremos con soluciones muy diversas y novedosas, porque al fin y al cabo es lo que caracteriza la propiedad intelectual, el crear e innovar siempre al ritmo de la sociedad.

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