Asesinos de ficción: ¿de dónde viene la fascinación por el antihéroe?

Publicado por Cintia Montoro.

El interés por el mundo criminal está muy presente en la cultura popular, tanto es así que se han elaborado incontables historias, novelas, relatos, películas, series y documentales, cuyo argumento gira en torno a un o unos crímenes y el averiguar cómo, porqué y quién lo perpetró. Sin embargo, debemos de ser cautelosos con toda la información que nos viene de estos medios, ya que hacen una descripción inexacta del fenómeno criminal, y más concretamente de los asesinos en serie, provocando así que entre la sociedad se den una serie de mitos, estereotipos y conceptos erróneos sobre esta tipología (Velasco de la Fuente, 2018).

Cuando pensamos en asesinos en serie ficticios, probablemente el más célebre y, que se nos viene a la cabeza es, Hannibal Lecter (El silencio de los corderos, 1991). Un personaje de extremada inteligencia, carisma y elegancia, pero que a su vez está en prisión por cometer atroces delitos. Esto despierta en el espectador tanto sentimientos de incomprensión y repulsa, como sentimientos de fascinación. Nos resulta incomprensible su proceder, pero, a la vez queremos saber por qué lo hizo.

Este fenómeno de adulación no sólo ocurre con asesinos en serie de ficción. La sociedad ha convertido en celebridades a personajes como “El hijo de Sam” (David Berkowitz), Charles Manson, Ed Gein, “Jack, el destripador”, Edmund Kemper y el famosísimo Ted Bundy. Tanto es así, que sus historias y macabros crímenes han inspirado a muchísimos directores y guionistas para crear a sus asesinos ficticios. Tal es el caso de Norman Bates, el protagonista de Psicosis (1960), basado en el asesino en serie Ed Gein.  O también, podríamos citar a la serie Mindhunter (2017), cuyo desarrollo se basa en analizar las entrevistas elaboradas por los agentes del FBI, John E. Douglas y Robert K. Ressler, en la década de los 70, a los asesinos en serie más famosos de EEUU. 

En una sociedad capitalista, los asesinos seriales constituyen una “mina de oro”, teniendo un poderoso impacto en los medios de comunicación (Vronsky, 2004). 

Pero, una vez más, me pregunto: ¿cuál es la razón de esta “mitificación”?, ¿qué es exactamente lo que nos llama tanto la atención de estos personajes?, y, lo que es aún más intrigante ¿por qué sentimos simpatía e incluso admiración por esta clase de “villanos” o anti-héroes del cine y la televisión?

La figura del arquetipo del “mal” en el cine

La figura del “malo” de la película, el antagonista, ha ido cambiando durante la evolución del séptimo arte. En el género noir, en sus comienzos, la representación del mal estaba protagonizada por un gángster, y el héroe, un detective que debía darle caza. El género de terror, durante los años 20, se basaba en la representación de un enemigo fantástico e irreal, un monstruo. Como vemos, el “villano” se presentaba como algo externo a la sociedad, algo a lo que difícilmente el espectador podría enfrentarse en la realidad (Visa-Barbosa, 2011). 

Es entonces, a partir de los años 60, cuando el maestro del género, Alfred Hitchcock, muestra que el villano también se puede encontrar en nuestro círculo más cercano, con películas como Psicosis (1960) o La ventana indiscreta (1954). Puede ser un vecino, un amigo, un conocido…puede mostrarse como una persona agradable, sonriente, que no veamos venir.

Robert De Niro (Taxi driver, 1976)
Jack Nicholson (El resplandor, 1980)

En Funny games (Michael Haneke, 1997) se produce además una conexión con el espectador, introduciendo “la ruptura de la cuarta pared”, una estrategia cinematográfica que se logra cuando el protagonista o un personaje mira a cámara, depositando su mirada en los mismos ojos del espectador. Gracias a este recurso, logra que el público se sienta también partícipe de la escena que está viendo, e incluso cómplice de los crímenes que está presenciando. 

Funny games (Haneke, 1997)

Finalmente, a partir de la década de los 90, viene una oleada cargada de películas que abordan el fenómeno de los asesinos en serie y los asesinos psicópatas: El silencio de los corderos (Demme, 1991), Seven (Fincher, 1995), Copycat (Amiel, 1995), El coleccionista de huesos (Noyce, 1999), American Psycho (Harron, 2000), Zodiac (Fincher, 2007), etc.

En cuanto a las series, probablemente el medio de ocio que más popularidad está adquiriendo en la actualidad, también se han dedicado a darle a los asesinos sus minutos de oro.

Podemos citar series de un género más policíaco cómo CSI (2000), Mentes criminales (2005), Bones (2005), Castle (2009), Cómo defender a un asesino (2014), True detective (2014) y Mindhunter (2017), entre otras. Aquellas series donde nos encontramos un mayor protagonismo sobre el “asesino”, podríamos citar: Dexter (2006), Hannibal (2013), The sinner (2017), You (2018) y Killing Eve (2018). 

La difusa frontera entre “el bien” y “el mal”

El papel de héroe (protagonista) y anti-héroe (antagonista), no es nuevo. Podemos ver sus inicios en la mitología griega. Sin embargo, el concepto heroico ha ido cambiando a lo largo de los siglos, así como la sociedad. 

Hoy en día, con el héroe moderno, podemos cuestionar tanto sus métodos como los fines que realizan para conseguir sus objetivos y, en ocasiones, estos pueden llegar a no ser los más adecuados.

Pongamos de ejemplo al Dr. House, ¿lo consideramos héroe, o villano, más bien? Quizás, ni una cosa ni la otra. El público no demanda ya héroes altruistas con valores prosociales, que resultan de una historia insípida y provocan una sobredosis de perfección. Quieren ver seres humanos con conflictos morales, como en la vida misma. El referente común de estos personajes, lo encontramos en El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde (Stenvenson, 1886) donde se nos muestra la dualidad de un personaje que se encuentra entre el bien y el mal.

Pero de algo de lo que estamos seguros es de que “las buenas historias necesitan buenos villanos” (Kjelgaard-Christiansen, 2016). Sin villanos, no habría argumento, estos crean la historia y crean la motivación del héroe o heroína para escapar de tal situación. 

El nuevo héroe de la actualidad no es 100% bueno, al igual que no hay completos villanos, o al menos, no siempre. Los argumentos de las películas y las series, al igual que el desarrollo de sus personajes, no se reducen ya a un plano simplista de “blanco” o “negro”. Podemos hallar matices, tonos oscuros, grisáceos, en cada personaje, lo que va a hacer que se conviertan en carismáticos y queridos por el público.

¿Qué convierte a Walter White (Breaking Bad, 2008) en un personaje tan célebre? Sin entrar en más detalles sobre la trama de esta serie, podríamos afirmar que se centra en la frase “El fin justifica los medios”. Walter hace todo lo que hace por el bien de su familia. Creo que esto es clave para el desarrollo del arquetipo de anti-héroe, y que despierta la fantasía y admiración del espectador. Ver una parte de bondad dentro de su maldad, nos hace mostrarnos esperanzados con respecto a la sociedad. 

Bryan Cranston “Walter White” (Breaking Bad, 2008)

Pero, no en todas las historias contadas por la ficción se da este caso, ¿qué pasa cuando no nos dan motivos para ver la maldad intrínseca del anti-héroe?. Pues que este nos sigue fascinando.

Por ejemplo, ocurre en el caso de Villanelle de la serie Killing Eve. Este personaje es revelador, ya que permite introducir tanto el papel de la mujer asesina, a la vez que nos muestran claros indicios de los rasgos psicopáticos que posee, un recurso raramente utilizado en el mundo audiovisual. 

Jodie Comer “Villanelle” y Sandra Oh “Eve(Killing Eve, 2018)

Con frecuencia, nos encontramos con este tipo de villano, el típico personaje que comete asesinatos gracias a su gran capacidad de planificación e inteligencia. Trae de cabeza a los investigadores y policías que quieren capturarlo. Además, muestra algunos de los rasgos de la psicopatía propuestos por Hare (2003): locuacidad y encanto, narcisismo, ausencia de remordimientos, insensibilidad afectiva, se muestran manipuladores, con tendencia al aburrimiento, impulsivos, etc.

Grandes ejemplos, quizá el que más, es el personaje de Hannibal, (El silencio de los corderos). También podríamos mencionar a Joe Goldberg (You).

Anthony Hopkins comoHannibal Lecter (El silencio de los corderos, 1991)

Claves psicológicas para entender la fascinación por el villanoo

La respuesta ante la pregunta de por qué admiramos a estos personajes no es única ni exclusivamente válida, ni tampoco son explicaciones excluyentes. Hay diferentes teorías que pueden llevarnos a su comprensión, diferentes hipótesis, las cuales describiremos a continuación:

“La sombra” de Carl Jung

Más allá de que estemos de acuerdo o no con esta teoría, no podría abordarse el concepto sin mencionarla si quiera. En palabras del mismo Jung

“[…] El hombre es, en general, menos bueno de lo que se imagina a sí mismo o quiere ser. Todo el mundo tiene una sombra, y cuanto más oculta está de la vida consciente del individuo, más negra y más densa es”.

Siguiendo con esta teoría, ¿podría ser que sintiéramos esa atracción por el villano de la historia porque nos vemos a nosotros mismos reflejados en él?. Es decir, comparamos nuestra sombra más oculta del ser con esa personalidad anti-heroica. Lo dejo bajo reflexión del lector. 

El efecto moralizante

Siguiendo las palabras de Kjelgaard-Christiansen, (2016) puede que este interés por el anti-héroe sea una función adaptativa, al aportarnos un espacio imaginativo dónde podemos afirmar nuestros valores prosociales.

Los monstruos en el cine de terror, así como los villanos de las películas modernas, cumplen con la función de moraleja de que, si te escapas de los valores y de los límites sociales, tu vida acabará en marginación, soledad, encarcelamiento o muerte (Santaularia, 2008). 

Los vemos como almas libres

Anteriormente hablamos del efecto moralizante que tienen los villanos sobre el espectador, pero a su vez también pueden hacer la función de vía de escape hacia esa represión que nos impone la moral social y la civilización (Cappello, 2011). 

Los villanos, a diferencia de nosotros, pueden hacer cualquier cosa que deseen, pueden mostrarse impulsivos, tener comportamientos y conductas soeces, lascivas y violentas, y a veces sin tener ningún tipo de consecuencia. Es posible que envidiemos esta forma de actuar, y que por unos minutos nos sintamos en la piel de este personaje. Nos proveen de un sentimiento de liberación, aunque solo sea de forma vicaria.

Buscan venganza, por lo que empatizamos con ellos

Normalmente, los villanos representados por el cine, las series o incluso los videojuegos, han experimentado injusticias, han sido víctimas de abusos, “bullying” en su infancia o maltratados por sus padres. No han tenido una vida fácil, y es la sociedad la que los ha llevado a esa situación.

Tal es el prisma de la reciente y aclamada película sobre la vida del Joker (2019). Se nos muestra a un villano tan humanizado que podemos ser capaces de comprender sus motivaciones, hasta el punto de llegar a creernos sus justificaciones. 

Este proceso de identificación con el personaje nos sirve para explicar por qué empatizamos, y es que en ocasiones nos pueden llegar a mostrar anti-héroes que cometen ilegalidades pero que, a su vez, puede llegar a vengarse de las injusticias que suceden a su alrededor.

Citemos dos personajes de Game of thrones (2011).

Por un lado, Daenerys, en su constante recuperación del trono que le fue arrebatado a su familia, llega a llevar a cabo métodos pocos ortodoxos que le llevan hacia su objetivo, los cuáles parecen ser justificados por el público, debido a las injusticias sufridas durante su vida.

Imagen: Emilia Clarke “Daenerys Targaryen” (Game of thrones, 2011)

En contraposición, Cersei muestra el lado más sombrío y oscuro, se muestra egoísta y despreocupada con todo el mundo, salvo con su familia, por los que se va a enfrentar con quien sea, con tal de asegurar que ellos sobrevivan.

Una vez más, esta serie nos muestra que no hay personajes cargados de luz sin una sombra de oscuridad en su interior, y viceversa.

Lena Headey “Cesei Lannister”  (Game of thrones, 2011)

En Blade Runner (Scott, 1982) nos muestran a un villano, Roy Batty, un androide, que lo único que quiere es vivir como un humano más. Las pinceladas de humanismo que se van desentrañando en la personalidad de Roy durante el largometraje, consiguen que nos identifiquemos más con el antagonista que con el propio protagonista.

Tiene venganza en su interior , además de ira y resentimiento, cualidades puramente humanas que todos hemos sentido, y que hacen que empaticemos con él. 

En palabras de West-Colín (2014), son las cualidades positivas las que prevalecen sobre las negativas, y así lo corrobora el estudio de Krakowiak y Tsay-Voguel (2011): somos capaces de aprobar las peores conductas si hay un motivo que lo justifique merecidamente. 

Una posible insensibilización

Puede ser que ésta sea otra posible explicación, ¿nos hemos anestesiado ante el miedo y el dolor de los demás? En una sociedad donde la presencia de atrocidades y escenas violentas está tan al alcance de nuestra mano, es posible que nos encontremos ante una insensibilización de estas, y si no, reflexionemos sobre este tema: ¿por qué censuramos con mayor facilidad las películas de sexo explícito que las de violencia?

Gaspar Noé, cineasta francés, comenta:

“Me pregunto por qué es más fácil mostrar asesinos seriales o imágenes de una guerra que un acto amoroso. Las imágenes del placer son más tabú que las del horror. Podemos ver a un tipo degollando en vivo a otro, pero no a dos personas teniendo sexo.” 

Conclusiones

¿Preferimos a Joker o a Batman?, ¿a Darth Vader o a Luke Skywalker?, ¿somos más del lado de la luz y la fuerza o del lado oscuro? Supongo que dependerá de preferencias propias de cada cuál, lo que sí es innegable es que estos personajes despiertan en nosotros una curiosidad exacerbada, lo que puede hacer que algunas personas los prefieran antes que al típico “bueno” de la película.

Podría tratarse de una desconfianza depositada en el héroe, o una especie de desesperanza ante la humanidad y la sociedad, al considerar que ninguna persona tiene buenas intenciones siempre, ni siempre se muestra amable, capaz de ayudar a cualquiera, leal, etc.

Quizás vemos al villano como una persona más cercana a nuestra realidad y, aunque resulte paradójico, más humana

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s