¿Por qué está prohibida la mediación en los supuestos de violencia de género?

Publicado por Verónica Álvarez Martínez.

Introducción a la mediación

La Justicia Restaurativa es un método de resolución de conflictos que persigue el
restablecimiento de la paz social y la atención a la víctima a partir de un diálogo entre los
afectados
, que disponen así del proceso y de las soluciones, poniendo el acento en la reparación y no en el castigo. Aquí se enmarca la mediación, un diálogo libre y voluntariamente consentido
por víctima y victimario, en el que el segundo asume la responsabilidad del hecho y la reparación
de la primera. El legislador ha dado protagonismo a este método mediante la reforma operada por la Ley Orgánica 1/2015 de modificación del Código penal, que introduce la posibilidad de condicionar la suspensión condicional al cumplimiento del acuerdo alcanzado vía mediación (art. 84.1 CP).

También lo ha hecho el legislador europeo, que a partir de la Directiva 2012/29/UE, que sustituye a la Decisión Marco 2001/220/JAI, invita a los Estados miembros a ofrecer servicios de justicia restaurativa y reconoce la utilidad de los servicios de mediación.

Sin embargo, esta posibilidad queda expresamente vetada ante supuestos de violencia de género en España por lo dispuesto en el artículo 44.5 de la Ley Orgánica 1/2004 de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Si bien es cierto que la mediación se ha mostrado beneficiosa para ambas partes en numerosas investigaciones (así Casella, 2000; Miller & Iovanni, 2013), existen voces que la conciben como contraproducente para el caso aquí contemplado (así Braithwaite & Strang, 2002; Coker, 2006; Krieger, 2002).

Entonces, ¿ha sido el veto introducido por el legislador una decisión acertada? La temática no ha estado exenta de polémica y debate académico, resumiéndose los argumentos de las posturas más polarizadas y radicales a continuación.

En contra

Los estudiosos que se posicionan en contra de la decisión del legislador lo fundamentan en
diversos pilares. El más frecuente entre los detractores apela a un paternalismo pernicioso. Se
argumenta que la concepción de la víctima de violencia de género como desvalida e irremediablemente subalterna limita la libertad de las mujeres, pues precisamente la mediación
es un proceso voluntario y libre. Es más, si se trata de empoderar a una víctima tal, qué mejor
forma que reconociendo su soberanía en el conflicto y atendiendo a sus intereses y necesidades de reparación vía mediación.

De hecho, se han realizado estudios que muestran la satisfacción percibida por las partes cuya causa ante el Juzgado de Violencia sobre la Mujer fue archivada pero posteriormente derivada al equipo de mediación familiar en la jurisdicción civil (Vall & Guillamat, 2011). Es por ello, que la prohibición de mediar suele concebirse como una limitación de la autogestión de la víctima de la que se derivan efectos nocivos para ella (Molina, 2015), pero también para el victimario por dificultar su reinserción (Castillejo, Torrado & Alonso, 2011).

Suele criticarse que la prohibición de mediación apele a una hipotética incapacidad de la mujer
y, en lugar de empoderarla, se la despoje de su papel en el desenlace de la causa permitiendo
métodos de resolución de conflictos como la conformidad. En los procesos de conformidad, las
partes no tienen disponibilidad alguna sobre el objeto del proceso, quedando la víctima relegada
a un papel marginal. Y no es la única paradoja en la materia, pues la prohibición se refiere
exclusivamente a la mediación penal, quedando libres de veto otros procesos propios de la
justicia restaurativa (p. ej. family group conferencing). Si bien es cierto que no ha sido este el
propósito del legislador, no lo es menos que la técnica legislativa no ha sido especialmente
acertada.

A favor

Esta óptica entiende que, si el punto de partida de la mediación es la igualdad entre las partes,
resulta lógica su exclusión en casos de desigualdad estructural. Partimos de un poder desigual
tan severo que difícilmente pueda revertirse para la mediación, y una mediación efectiva es
imposible cuando las partes tienen un poder desigual (Imbrogno & Imbrogno, 2000). Además,
el énfasis de la mediación en la disculpa y el perdón puede ser contraproducente en casos de
violencia de género (Stubbs, 2002). Y aquí entra en juego la socialización de género, que vuelve
a poner de manifiesto el componente estructural que rige en este fenómeno violento.

Estudios sociológicos indican que las mujeres son socializadas para la conciliación. Así, se espera que realice esfuerzos por mantener la relación, naciendo en ella sentimientos condicionados de
culpa (Stubss, 2007). De hecho, se ha hallado que es más probable que las mujeres se disculpen
a pesar de no existir razones – si con ello logra restablecer un buen clima (Petrucci, 2002).

Además, las mujeres son reacias a rechazar una disculpa, incluso aunque la misma dé muestras
de no ser genuina, fruto de una socialización que les hace priorizar la resolución del conflicto y
la reparación de relaciones incluso a costa de sus intereses (Lamb & Murphy, 2002). Siguiendo
con esta línea argumental, Goel (2005) pone de relieve la tendencia de las mujeres maltratadas
a priorizar las necesidades de su expareja
por encima de su bienestar, fruto ello de la manipulación a la que han sido sometidas.

Por ejemplo, se ha demostrado que es relativamente frecuente que las mujeres accedan a participar en procesos de mediación, incluso teniendo serias dudas al respecto (Imbrogno & Imbrogno, 2000).

Igualmente, debe considerarse que, según la Teoría del Ciclo de la Violencia (Walker, 1989), la
disculpa es una estrategia frecuente de los maltratadores para seguir con el abuso, pudiendo
encarnarse esta en la mediación. Además, y fruto del abuso, las mujeres maltratadas tienen
angustias como buscar protección para ellas y su prole, validación externa de sus intentos de
detener la violencia o el reconocimiento de su derecho a vivir sin violencia (Stubbs, 2007). Si
partimos de que la atención y satisfacción de las necesidades de la víctima se consagra como
uno de los principios de la mediación, poco podría hacer en estos casos.

Una inconclusión

Achilles y Zehr (2001) han puesto de relieve que en ocasiones la justicia restaurativa peca de
intentar su aplicación en ámbitos muy problemáticos – como la violencia de género – sin prestar
atención a las complejidades de los mismos. De igual forma, Stubbs (2007) cree que es peligroso
subsumir la violencia de género en prácticas genéricas de justicia restaurativa
sin poner en riesgo los intereses de la víctima. Fruto de la identificación de deficiencias, Koss, Bachar y Hopkins
(2003), han ideado nuevos modelos que atienden al componente estructural que rige en esta
tipología delictiva, adoptando una adecuada perspectiva de género. Sin duda, es acertado concluir planteando la necesariedad de investigaciones al respecto, que partan de una potente base empírica con una muestra generosa y representativa.

Referencias

  • Achilles, M., & Zehr, H. (2001). Restorative Justice for crime victims: the promise and the challenge, in G. Bazemore and M. Schiff (eds) Restorative Community Justice: Repairing Harm and Transforming Communities, pp. 87–99. Cincinnati: Anderson Publishing Co.
  • Braithwaite, J., & Strang, H. (2002). Restorative Justice and Family Violence in H. Strang and J. Braithwaite (eds) Restorative Justice and Family Violence, pp. 1–22. Melbourne: University Press.
  • Casella, R. (2000). The benefits of peer mediation in the context of urban conflict and program status. Urban Education, 35, 324-255. doi: 10.1177/0042085900353004
  • Castillejo, R., Torrado, C., & Alonso, C. (2011). Mediación en violencia de género. Revista de
    Mediación, 7, 38-46.
  • Coker, D. (2001). Crime control and feminist law reform in domestic violence law: A critical
    review. Buffalo Criminal Law Review 4, 801–60. doi: 10.1525/nclr.2001.4.2.801
  • Goel, M. (2005). Successful mediation in matrimonial disputes: approaches, resources,
    strategies & management. Retrieved from http://www.delhimediationcentre.gov.in/
  • Imbrogno, A. R., & Imbrogno, S. (2000). Mediation in Court Cases of Domestic Violence. Families
    in Society: The Journal of Contemporary Social Services, 81, 392–401. doi:10.1606/1044-
    3894.1035
  • Koss, M., & Bachar, K., & Hopkins, Q. (2003). Restorative Justice for sexual violence: repairing
    victims, building community and holding offenders accountable. Annals of the New York
    Academy of Science, 989, 384–96.
  • Krieger, S. (2002). The dangers of mediation in domestic violence cases. Cardozo Women’s Law
    Journal, 8, 235-259.
  • Lamb, S., & Murphy, J. (2002). Before Forgiving: Cautioning views of forgiveness in
    psychotherapy. Oxford: Oxford University Press.
  • Miller, S., & Iovanni, L. (2013). Using Restorative Justice for gendered violence: success with a
    postconviction model. Feminist Criminology, 8, 247-268. doi: 10.1177/1557085113490781
  • Molina, M. J. (2015). Algunas fronteras de la Ley integral contra la violencia de género:
    jurisdicción de menores y mediación. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, 17, 1-
    23.
  • Petrucci, C. (2002). Apology in the criminal justice setting: evidence for including apology as an
    additional component in the legal system. Behavioral Sciences and the Law 20, 337–62.
  • Stubbs, J. (2002). Domestic violence and women’s safety: feminist challenges to Restorative
    Justice, in Heather Strang and John Braithwaite (eds) Restorative Justice and Family Violence,
    pp. 42–61. Melbourne: University Press.
  • Stubbs, J. (2007). Beyond apology?. Criminology & Criminal Justice, 7, 169 doi:10.1177/1748895807075570
  • Vall, A., Guillamat, A. (2011). Mediación y violencia de género, una respuesta útil en los casos de archivo de la causa penal. Revista de Mediación, 4, 20-26.
  • Walker, L. (1989). Psychology and violence against women. American Psychologist, 44, 695–702. doi: 10.1037/0003-066X.44.4.695

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