Grooming: descripción y dinámicas de este tipo de ciberabuso en la red

Publicado por Miguel Omar Belhouk Herrero.

El desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y la aparición de  Internet han supuesto un cambio radical del mundo tal y como se conocía hace unas décadas.  La forma en la que nos comunicamos, el comercio, los trabajos, el acceso a la información, la  enseñanza y muchas otras áreas de nuestro día a día se han visto adaptadas, en mayor o menor  medida, al mundo digital. En muchos casos, para bien. Sin embargo, las peculiaridades de este  tipo de entornos no garantizan que el uso de la tecnología esté exento de aspectos negativos.  La difusión de bulos, el acceso por parte de anónimos a nuestros datos personales o la  delincuencia económica son algunos ejemplos. También ocurre en el terreno de las relaciones  interpersonales, siendo los menores de edad personas especialmente vulnerables

Los datos en nuestro país muestran que la población menor de edad se encuentra bastante  familiarizada con el uso de Internet. Según la Encuesta sobre hábitos de uso y seguridad de internet de menores y jóvenes en España ,un 97% de menores de entre 10 y 17 años de edad visitan con relativa frecuencia páginas web y hasta dos tercios han creado un perfil en alguna red social. Pese a todas las ventajas que puede ofrecernos, no debemos olvidar lo mencionado anteriormente: Internet no está exenta de riesgos, y el grooming es uno de ellos. 

¿Qué es el grooming? 

Podemos definir el grooming, u online grooming, como una modalidad de victimización en la que un adulto emplea técnicas de acercamiento seductoras, amigables y cercanas con el fin de obtener un rédito de tipo sexual. En base a esto, debemos hacer dos puntualizaciones. En primer lugar, y partiendo desde una terminología psicológica y no jurídica, hay que diferenciar el grooming del ciberacoso sexual. En este último las amenazas, el chantaje y la coerción se emplean de forma explícita. En segundo lugar, cabe destacar que el grooming no implica un contacto sexual por sí mismo. Más bien hace referencia a una estrategia que utiliza el agresor para ganarse la confianza de la víctima y establecer un vínculo emocional con ella. A partir de este vínculo, las probabilidades de éxito tras una proposición de índole sexual aumentan, sea esta una propuesta de contacto físico o de intercambio de material erótico vía imágenes o videoconferencia. 

Factores de riesgo asociados a esta modalidad delictiva 

En el online grooming confluyen una serie de peculiaridades tanto del medio como de la víctima y el agresor, que la convierten en un fenómeno realmente complejo. Internet ofrece un abanico prácticamente infinito de posibilidades. En este sentido, el agresor dispone de una cantidad casi  ilimitada de posibles contactos superando así la barrera de la distancia física. Permite además  establecer múltiples acercamientos simultáneamente, acortando tanto la franja temporal de  éxito como la curva de aprendizaje (algo que impide en muchas ocasiones actuar con rapidez). 

Algunos estudios sugieren que las víctimas suelen ser menores de entre 14 y 17 años con problemas en cuanto a habilidades sociales y conflictividad tanto en el ámbito social como familiar. Además, debemos tener en cuenta factores como la insuficiente (a veces nulasupervisión que ofrecen los padres cuando sus hijos utilizan las redes sociales y la falsa sensación de seguridad y anonimato que producen los entornos digitales. La escasa percepción  de riesgo unida a la asimetría de poder entre menor y adulto juegan un papel clave. 

Respecto a los agresores, cabe destacar que en ocasiones resulta complicado establecer un perfil  que les defina. Además, las creencias populares en este sentido aumentan el nivel de desinformación, principalmente en lo que respecta a la edad. En contra de lo que se podría suponer, los datos muestran una tendencia cada vez mayor en la reducción de la edad del ciberabusador (“mito del viejo verde”), encontrándose que una gran parte de ellos aún no alcanza los 25 años de edad. Por otro lado, y aunque en muchas ocasiones se establezca contacto con un menor desconocido, es bastante frecuente que la víctima escogida se encuentre dentro del entorno cercano. Incluso dentro de la propia familia. 

Fases del online grooming 

Como mencionamos anteriormente, Internet ofrece al abusador una gran cantidad de potenciales víctimas. En este sentido, podemos nombrar una fase 0 o de preparación en la que el adulto puede recopilar información y seleccionar de este modo las personas con las que interactuará. Posteriormente, la dinámica del grooming puede transcurrir de la siguiente forma: 

  1. Fase 1 o amistad: primera toma de contacto con la cual continuar obteniendo información de la víctima y generar simpatía en ella. 
  2. Fase 2 o seducción: fase en la que confianza entre menor y adulto va creciendo. En ella se intercambia información cada vez más personal y se intenta crear un vínculo entre ambos. 
  3. Fase 3 o abuso: las conversaciones tratan cada vez con mayor frecuencia temáticas relacionadas con la sexualidad. Desde preguntas personales hasta una petición explícita de material erótico. Con frecuencia aparecen presiones para mantener un contacto físico, amenazas y es la fase en la que la víctima comienza a experimentar una sensación de peligro
  4. Fase 4: en esta fase la dinámica de victimización se amplifica y con frecuencia puede terminar con la difusión en la red del material íntimo compartido. En síntesis, el online grooming no deja de ser una variante o adaptación de modalidades delictivas ya presentes que aprovechan la complejidad del mundo virtual para establecer nuevas dinámicas de victimización. En consecuencia, se hace imprescindible invertir recursos tanto en conocer mejor este fenómeno como en la elaboración de estrategias de prevención, detección temprana e intervención para aquellas personas afectadas. Además, las campañas de comunicación enmarcadas dentro de un plan estratégico integral pueden ser realmente útiles a la hora de educar tanto a padres como a menores acerca de los peligros que las nuevas tecnologías pueden conllevar. La correcta supervisión, respetando a su vez la intimidad de los hijos, y la concienciación sobre los riesgos pueden jugar un papel fundamental a la hora de evitar futuras víctimas.

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