La prueba por indicios: El “Caso Asunta”

Publicado por Javier López Luján.

El 22 de septiembre de 2013 el cuerpo de Asunta Basterra apareció sin vida en una pista forestal del municipio de Teo, A Coruña. Tras los primeros compases de la investigación, los padres adoptivos de Asunta, Alfonso Basterra y Rosario Porto, pasaron a ser los principales sospechosos. 

Dos años más tarde, a pesar de la ausencia de pruebas directas contra los acusados, un jurado declaró culpables tanto a Rosario como Alfonso por un delito de asesinato; pero,

¿puede fundamentarse una condena tan grave en simples indicios? ¿puede considerarse justa una decisión tomada en base a suposiciones?

En este artículo vamos a analizar la llamada prueba indiciaria o por indicios y los requisitos que ha establecido el Tribunal Supremo para poder fundamentar una sentencia en base a esta. El llamado “Caso Asunta” nos servirá para ejemplificar esta teoría. 

LA PRUEBA INDICIARIA 

La prueba es el instrumento que tienen las partes y el juez para determinar si se pueden o no considerar verdaderos los hechos principales relativos al caso. Dentro de las llamadas pruebas de cargo, es decir, aquellas dirigidas a demostrar la culpabilidad del investigado en un hecho delictivo, se pueden diferenciar las pruebas directas e indirectas.

Las primeras se corresponden con las pruebas que se refieren al objeto a probar; por otro lado,  la llamada  prueba indirecta o indiciaria es la que hace referencia a otro elemento que tiene relación con el objeto principal a probar. El Tribunal Supremo ha admitido que este tipo de prueba puede sustentar una condena penal a falta de prueba de cargo directa siempre que se cumplan unos determinados requisitos, establecidos en la Sentencia 267/2015 de 24 de octubre:

  1. Los indicios no se pueden basar en meras sospechas o conjeturas, sino que deben ser hechos plenamente probados.
  2. Los hechos constitutivos de delito se tienen que deducir de los indicios a través de un proceso mental razonado, es decir, debe haber un nexo determinante entre los indicios y el delito.
  3. Detrás de esta deducción debe constar un razonamiento lógico detallado expresamente en la sentencia condenatoria, que conecte los indicios con los hechos, de acuerdo con las reglas del criterio humano y de la lógica.

Estos requisitos fueron ampliamente detallados y divididos en 20 principios orientativos por el mismo Tribunal en la reciente Sentencia 532/2019, de 4 de noviembre.

EL CASO ASUNTA

El llamado “Caso Asunta” fue uno de esos casos considerados mediáticos y desde el primer momento la prensa se hizo eco del mismo. El hecho de que fueran los padres los principales sospechosos y, después, la poca claridad de las pruebas, no hizo más que aumentar la atención del público y los medios, e incluso Atresmedia, junto con Netflix, realizó una miniserie documental en 2017. 

Durante el juicio, celebrado en la Audiencia Provincial de A Coruña, el Ministerio Fiscal y la acusación popular, ejercida por la asociación Clara Campoamor, mantuvieron;

la tesis principal de que los padres de Asunta, de común acuerdo, acabaron con la vida de su hija asfixiándola en la casa familiar de Montuoto, localizada cerca del lugar en el que apareció el cadáver de la niña. 

Para llegar a dicha conclusión, que el jurado aceptó, se demostraron los siguientes indicios:

  1. El padre de Asunta, Alfonso, adquirió un número elevado de comprimidos de Orfidal (Lorazepam), desde principios de julio hasta la fecha próxima de la muerte de su hija. De común acuerdo, los acusados decidieron suministrar a su hija dichos comprimidos a lo largo del verano provocándole reiterados episodios de insomnio y somnolencia, constatando esto último por diversos testimonios de las profesoras de música de Asunta. Los primeros dos indicios se demostraron por las facturas de la farmacia y por el análisis del cabello de Asunta, respectivamente.
  2. A fecha de 21 de septiembre de 2016 ambos padres acuerdan trasladar a la hija al domicilio de Alfonso, situado a escasos metros del domicilio de la madre, con quien residía Asunta, para comer juntos y suministrarle otra abundante dosis de lorazepam, con el fin de provocar una mayor indefensión al tiempo de hacer efecto el medicamento y poder causarle más fácilmente la muerte. Esto se demuestra por el testimonio de los acusados, que reconocieron que comieron juntos con su hija, y con la autopsia, que relevó una ingesta abundante de lorazepam producida unas tres horas antes de la muerte, es decir, en las horas de la comida.
  3. En un momento posterior a las 18:15 horas del mismo día Rosario transporta a su hija Asunta a la casa familiar situada en Montouto haciendo uso de su vehículo Mercedes Benz. Esto se demostró por una cámara de una gasolinera, cuya nitidez no permite distinguir con claridad los rasgos concretos de los ocupantes, y con la actividad de la alarma de seguridad de la casa. 
  4. Una vez en la casa familiar y entre las 18:33 y 20:00 del mismo 21 de septiembre de 2016, ambos acusados procedieron a asfixiar a Asunta mediante una compresión simultánea en la boca y nariz, que sumada a la indefensión provocada por el efecto de los fármacos y al hecho de que la menor fuera atada de pies y manos con unas cuerdas naranjas, facilitaron la muerte de Asunta. Hay que destacar también que se encontraron restos de cuerda, compatibles con la cuerda con la que se encontró atado el cadáver, en el registro de la finca familiar.

Como podemos comprobar, aunque todos estos indicios parezcan indicar que fueron los padres, de común acuerdo, los que acabaron con la vida de su hija Asunta, no hay ninguna prueba directa que nos haga saber lo que realmente ocurrió. Es cierto que Rosario cambió de versión en los sucesivos interrogatorios, pero en ningún momento ninguno de los acusados admitió el crimen y ambos sostuvieron con rotundidad la versión de la desaparición de Asunta aquella tarde después de la comida.

Durante el juicio, las diferentes defensas de los acusados destacaron la ausencia de un móvil plausible, así como ciertas lagunas que no se llegaron a explicar. Uno de los hechos más controvertidos del juicio fue el hallazgo de una mancha de semen en la camiseta de Asunta, cuyo análisis demostró que no se correspondía con los datos biológicos de Alfonso, sino con los de un joven de Madrid con cuartada para esa noche; el jurado asumió la tesis de la contaminación en el laboratorio sin mayor complicación.

Por otro lado, nunca se pudo demostrar la presencia de Alfonso en la casa de Montouto a la hora de la muerte de Asunta. Sin embargo, el jurado lo consideró demostrado por la simple falsedad del testimonio de Alfonso, que declaró que esa tarde estuvo en su casa, mientras que dos testigos lo situaron en la calle con su hija; el jurado argumentó que Alfonso debía ir en la parte trasera del vehículo y que la cámara de seguridad de la gasolinera no le captó.

Esta dudosa argumentación fue corregida por el Tribunal Superior de Justicia de Galicia (TSJG o TSXG, por sus siglas en gallego) en el recurso de apelación presentado por los acusados; este tribunal declaró como no probada la presencia de Alfonso en la casa familiar en el momento del crimen, por lo que solo se podía situar a la madre en la casa de Montouto. Sin embargo, el mismo Tribunal entendió correctamente que Alfonso “es culpable del mismo delito por ser la ejecución de la muerte parte de un plan conjunto preconcebido”, es decir, en el que “ambos, en plano de igualdad, tuvieron el pleno dominio funcional del hecho”, por lo que ambos acusados debían soportar la misma pena, aunque no se pudiera demostrar que Alfonso colaboró en la acción concreta de la muerte, en virtud del art. 28 CP.

De esta forma, tanto el TSJG como el Tribunal Supremo después, confirmaron la sentencia de 18 años de prisión para cada uno de los acusados por sendos delitos de asesinato (art. 139.1 CP), calificado por la alevosía probada por la suministración de Lorazepam, agravado a su vez por la circunstancia de parentesco del artículo 23 CP.

Esta pena se debe a que el crimen sucedió antes de la reforma del Código Penal de 2015 (LO 1/2015, de 30 de marzo); en la actualidad, estos mismos hechos serían condenados con la pena de prisión permanente revisable en virtud del apartado 1º del artículo 140.1 CP. 


Como vemos, ni el juicio ni la posterior sentencia parecen aclarar algunos interrogantes que todavía hoy siguen sin respuesta: ¿por qué cometieron, si es que lo cometieron, los padres este terrible asesinato? ¿Estaba Alfonso en la casa de Montouto cuando se cometió el crimen? ¿Cómo llegó el semen a la camiseta de Asunta?

Tras la confirmación de la sentencia por Tribunal Supremo y la no admisión a trámite del Tribunal Constitucional del recurso de amparo, parece que la única duda que nos queda plantearnos es

“qué hubiera sucedido si, en lugar de un jurado conformado por personas legas en derecho, los acusados hubiesen sido juzgados por magistrados plenamente conocedores y conscientes del significado de la presunción de inocencia y del principio general del derecho penal in dubio pro reo. Pero eso es ya otro tema.”

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